Ceuta
Publicada

En la fronteriza playa de El Tarajal de Ceuta, hace un mes, no hubo ninguna batalla. Pero la ropa –lo que queda de ella–, las botellas de agua vacías –la basura, al fin– siguen ahí como si fueran los trofeos de una victoria que se niega a ser borrada.

No sólo en El Tarajal, sino en los cerros, en los acantilados frente al mar. En las playas, en los parques, en los patios de los colegios, en las paradas de autobús, en las inmediaciones de los supermercados, en los polígonos, en los espigones, en las escolleras…

En cifras: 9.000 toneladas de basura, según contabiliza la Consejería de Medio Ambiente caballa, en una ciudad que produce 40.000 toneladas de residuos en todo el año.

9.000 toneladas de estos peculiares trofeos que, por mucho que los diligentes servicios de limpieza de la ciudad se esfuercen en recoger, recuerdan a quien pase por delante de ellos, como en la Antigüedad, que aquí hubo una victoria. Aunque sin batalla.

Un grupo de migrantes se refugia a los pies de un acantilado de difícil acceso entre restos de basura. Rafa Martí

El 30 de julio de 2026 no hubo ninguna batalla en Ceuta, pero sí 82 muertos. No hubo disparos, pero sí una entrada masiva que las autoridades ceutíes y los vecinos vivieron como una invasión.

Entre 70.000 y 80.000 almas cruzaron a nado la frontera desde Marruecos, en un episodio sobre el que existen versiones enfrentadas acerca del papel desempeñado por las autoridades del país vecino.

Y ante la inacción desde este lado de la línea fronteriza, cambiaron el rostro de esta ciudad. Quién sabe si para siempre.

Los datos sobre cuántas de aquellas personas permanecen todavía en Ceuta tampoco coinciden. La última cifra oficial que facilitó este viernes el ministro Grande-Marlaska fue de 5.000.

Pero en la playa del Trampolín se distribuyen 9.300 raciones diarias de comida, según los responsables del dispositivo, un dato que da idea de la dimensión de la emergencia. Algunas estimaciones locales elevan esa cifra a entre 10.000 y 15.000 personas.

Cuando se cumplen 30 días del asalto masivo, parece que nadie se pone de acuerdo ni en lo más básico: ¿Cuántos migrantes permanecen en la ciudad autónoma?

Lejos de la guerra de cifras, no hay más que pasear por la Loma Colmenar, por la playa del Trampolín, la de Benítez, los acantilados colindantes de la playa de la Ribera o la misma arteria central de la calle Camoens y su brillante pavimento en medio de los pórticos comerciales. Un mes después, miles de migrantes siguen por todas partes.

Todo sigue igual.

O incluso "peor", para algunos, como el empresario Karim Bulaix. Transcurridos 30 días, ceutíes como él sienten que les han robado la ciudad.

30 días de abandono

Recordemos la cronología: tras la sentencia del Tribunal Supremo que impedía la devolución en caliente de quienes cruzaran a nado a España, comienza a finales de julio un goteo de migrantes que cruzan la frontera por la playa de El Tarajal.

La semana del 27 de julio al 2 de agosto, las llegadas ascienden al millar. Los propios sindicatos de Policía y Guardia Civil alertan de que se prevé una entrada masiva.

Este periódico lo contó el 18 de julio. 12 días antes de la avalancha.

También existen advertencias procedentes de los servicios de inteligencia, aunque la versión del Gobierno sobre qué se sabía exactamente antes del 30 de julio ha sido objeto de controversia.

Defensa sostiene que había alertas sobre el aumento de la presión migratoria, mientras que Interior ha negado haber recibido un informe del CNI que anticipara una entrada de esta magnitud.

Finalmente, el jueves 30 de julio se produce el asalto masivo. Los comercios bajan las persianas. Pedro Sánchez viaja a la ciudad al día siguiente y habla sin ambages de "una violación de la integridad territorial de España", no de una crisis migratoria.

Pedro Sánchez, a su llegada al helipuerto de Ceuta el pasado 31 de julio. EFE

Óscar Puente escenifica el despropósito en un tuit, del 1 de agosto, apenas 48 horas después del asalto, cuando todo sigue, más que nunca, patas arriba: "Otra crisis más que resuelve Pedro Sánchez".

El 4 de agosto, el ministro Marlaska da la crisis por cerrada. De los 72.000 migrantes que entraron, según la cifra oficial del Gobierno, 70.000 volvieron a Marruecos por su propia iniciativa, dice el ministro del Interior.

Sánchez se va de vacaciones.

Los ceutíes, con su presidente Juan Jesús Vivas a la cabeza, no dan crédito. Pero confían. Confían en que alguien se pondrá al volante. Pasan los días. Nada.

Ni devoluciones visibles, ni expedientes de expulsión más allá de los delincuentes y de unos pocos más, ni planes claros para aliviar la presión de Ceuta hacia la península... Nada.

No hay un mecanismo de retorno claro que permita aliviar de forma suficiente la presión sobre Ceuta. Las dificultades legales para las devoluciones, además, complican una respuesta inmediata.

La espera se hace larga. Mientras, comienzan a aflorar las consecuencias de la presencia de miles de personas que siguen viviendo en condiciones precarias en una ciudad desbordada: 17 agresiones sexuales –7 de ellas, violaciones–, 100 expulsados por diferentes delitos, agresiones a guardias civiles, vehículos del Ejército emboscados a pedradas, un incremento de las denuncias y de las investigaciones por robos con violencia, hurtos y robos en vía pública o establecimientos, saturación de los servicios públicos, colegios utilizados como refugios nocturnos…

La lista sigue: las urgencias del Hospital Universitario de Ceuta, saturadas según los médicos. El turismo, con un disparo en la línea de flotación. Las pérdidas de la actividad económica, cifradas en 33 millones de euros (cerca del 2 % del PIB de la ciudad)...

Sánchez vuelve de vacaciones.

Es el día 27 de la crisis y se nombra un Mando Único con el ministro Ángel Víctor Torres al frente. El Gobierno lo presenta como una nueva fase de la respuesta a la crisis.

Entre las primeras medidas, hacerse con los polideportivos de la ciudad para reubicar a los migrantes que siguen en Ceuta. Y Ceuta estalla.

Comienzan las movilizaciones: la convivencia de la que hace gala Ceuta –cristianos, musulmanes, hindúes y judíos– se rompe por momentos.

La tensión se apodera de las calles: hay ataques puntuales al Ejército. Los manifestantes bloquean el convoy de la Cruz Roja. Desmantelan y prenden fuego a parte del campamento en la playa de Benítez. Quieren entrar en la del Trampolín.

Manifestantes rompen el cordón policial y queman el campamento de migrantes de la playa de Benítez (Ceuta).

Es Ceuta a los 30 días de una crisis que sigue abierta pese a la paciente espera y luego a los gritos de ayuda desesperados. Una ciudad alterada, en la que la sensación de abandono se ha convertido en parte del día a día.

"Ceuta ha dejado de ser lo que era, ha perdido su forma de vida, tenemos poco tiempo para evitar el desastre mediante el retorno a su país", sentencia Vivas, respaldado por toda la Asamblea ceutí.

Golpe económico

Las pérdidas en la actividad económica superan ya los 33 millones de euros, una cifra devastadora que destruye de un plumazo cerca del 2 % del PIB de la Ciudad Autónoma, dice Karim Bulaix, empresario y presidente de la Cámara de Comercio de Ceuta.

"Hicimos una valoración inicial conservadora y ya estamos hablando de perder casi un 2 % del PIB en un mes. Es un desastre absoluto", explica a este periódico.

"El 99 %" de las aproximadamente 3.900 empresas censadas en Ceuta son micropymes. "Negocios de dos o tres empleados que hoy sobreviven haciendo cajas testimoniales", prosigue Bulaix.

Karim Bulaix, presidente de la Cámara de Comercio de Ceuta. Rodrigo Mínguez Ceuta

"Hay comerciantes vendiendo 100 euros al día y que prefieren no abrir porque no cubren ni la luz, y encima tienen al 50 % de la plantilla de baja psicológica porque no pueden con esto. La gente llora todos los días por lo que está pasando", relata.

El empresario reconoce que ha estado en contacto con el Ministerio de Economía a lo largo de toda esta crisis, pero denuncia que todo el trabajo conjunto que se hace parece, al final, caer en saco roto. "Se queda parado", dice.

A este diagnóstico se suma la propia consejera de Hacienda y Economía de la Ciudad Autónoma, Kissy Chandiramani, que advierte de los límites financieros y el castigo de imagen que sufren.

"Una ciudad de 85.000 habitantes no puede asumir indefinidamente con sus propios recursos las consecuencias de una crisis fronteriza de esta dimensión. No podemos sustituir al Estado. En pocas semanas hemos recibido un daño reputacional brutal en el que llevábamos años trabajando", asegura la consejera.

Por su parte, Nabik Haddu, ceutí musulmán, es dueño de una popular cafetería. Recuerda los primeros días como un "infierno" que no desea a nadie. Pese al golpe inicial, ha conseguido mantener su establecimiento funcionando. Pero de las pérdidas no se libra ni él.

"El clima y el desánimo de la gente se nota también en una bajada de clientes. Un buen día podría llegar a facturar 3.700 euros. Hoy no pasamos de los 1.700", lamenta en conversación con EL ESPAÑOL.

El hartazgo le llevó a coger un megáfono y a movilizar a las primeras decenas de vecinos que, este pasado martes, tras el Real Decreto del Mando Único, prendieron la mecha de la protesta ciudadana en Ceuta.

Nabik Haddu, uno de los primeros líderes de las protestas. Rafa Martí

"Mi mujer no sale sola de casa, a dos clientas de más de 70 años les han tirado del bolso. Nuestra supervivencia como ciudad sólo pasa ahora por protestar, no podemos permitir que nos echen de nuestra casa", dice.

Miedo en las calles

El desplome financiero camina de la mano de un clima de miedo e inseguridad que ha trastocado las rutinas más elementales de los ceutíes. Jorge Rafael, un jubilado, relataba a este periódico cómo se había atrincherado en su casa con concertinas y un cubo de piedras.

Su vivienda está situada en plena playa del Trampolín, el lugar donde la Cruz Roja Española reparte bolsas de comida y agua, y por tanto, uno de los puntos de Ceuta de mayor concurrencia de migrantes.

Jorge Rafael González en la terraza de su casa frene a la playa del Trampolín de Ceuta. Rafa Martí

Por su parte, la experiencia de Bulaix no es muy diferente: "A partir de las 19:00 de la tarde, esto se convierte en el terror", dice el empresario. "No nos atrevemos a abrir las persianas; mi peluquero quita el pomo de la puerta para que no entren cuando les dé la gana", detalla.

Su propia vida familiar se ha visto atravesada por la crisis: "A la vista de las graves agresiones físicas que están recibiendo las mujeres, con un miedo terrible, decidí tomar la decisión de que mis hijas no podían estar aquí. He tenido que sacarlas de Ceuta".

Para Bulaix, el estado de ánimo colectivo ha mutado: "Hemos pasado de la rabia e indignación inicial a una pena tremenda por sentirnos desamparados y ninguneados. Si el resto de España cae en la misma pena que tenemos aquí, estamos acabados".

Ese repliegue doméstico es compartido por la propia consejera Chandiramani, que ilustra con crudeza cómo la crisis ha penetrado hasta en las compras más cotidianas.

"Hemos visto establecimientos con carteles limitando la compra a dos 'baguettes' por cliente ante la demanda desorbitada. No es un racionamiento decretado, pero es enormemente simbólico. Demuestra cómo una situación excepcional entra en tu vida diaria. Muchísimos ceutíes nos hemos autoconfinado", dice.

Kissy Chandiramani Ramesh, consejera de Hacienda de Ceuta. Archivo.

Turismo en ruinas

Por otro lado, el disparo en la línea de flotación del turismo ha sido certero. Ceuta encaraba 2026 en pleno despegue: las pernoctaciones habían aumentado un 64 % desde 2023, la publicidad institucional daba sus frutos con 10 millones de euros invertidos a través de los fondos europeos y la ciudad se preparaba para ser la capital nacional de la observación del próximo eclipse solar, previsto para 2027.

Todo se esfumó en una noche, como relata compungido el consejero de Turismo de la Ciudad Autónoma, el italiano Nicola Cecchi, que asumió el cargo en 2023 tras una dilatada carrera en el sector privado.

Afincado desde hace 28 años en la ciudad autónoma, en la que se quedó por su amor al mar y a las regatas, este empresario florentino sintetiza su sentimiento de impotencia: "Tuve tres años de mi vida tirados completamente a la basura en dos o tres horas".

Nicola Cecchi, consejero de Turismo de Ceuta. Rafa Martí

Hoy, los visitantes de Ceuta han sido sustituidos por los que forman un paisaje casi bélico. En lugar de turistas, en los hoteles hay guardias civiles, policías nacionales y periodistas. En las calles, jeeps del Ejército.

"Los hoteles de la ciudad parecen, salvando las distancias, el Hotel Palestina de Bagdad. A partir de septiembre, cuando termine este despliegue, será difícil que venga nadie. Lo han roto todo", asegura en la entrevista con EL ESPAÑOL.

La actividad turística representó en Ceuta, en 2025, un volumen de 224 millones de euros. El 11,5 % del PIB de la ciudad, ahora pendiente de un hilo.

A la parálisis de los visitantes se suma el impacto urbano de las 9.000 toneladas de residuos acumuladas en apenas un mes y la incertidumbre sobre la capacidad del Mando Único para devolver la normalidad a la ciudad

"Aquí ya no hay gestión; lo único que hay es intentar tener la atención de los medios porque no se ha hecho prácticamente nada y hay una sensación de abandono", critica Cecchi, apuntando a la desconexión del Ejecutivo central.

"Me parece increíble que el presidente venga, diga que en dos días se ha arreglado todo y se vaya de vacaciones. Espero que sea porque no son capaces, porque si detrás hay algo con Marruecos, sería todavía peor", dice Cecchi.

'Vuelta al cole' incierta

A una semana de que se reanude la 'vuelta al cole' en toda España, en Ceuta, a diferencia del resto del país, algunos colegios se han convertido en los lugares donde los migrantes pasan la noche.

Es el caso de un centro educativo de unos 300 estudiantes a escasos metros de la playa del Trampolín, colindante con un recinto del Ministerio de Defensa que acoge a cientos de migrantes y el Centro de Atención al Inmigrante San Antonio.

Allí, todos los días desde hace 30, hay colas desesperadas por atención asistencial. Y con las colas y la desesperación, las peleas. "Los padres están preocupados", explica el jefe de estudios de este colegio, que desde los primeros días del asalto, se convirtió en un refugio para los jóvenes marroquíes.

"Lo utilizan como lugar seguro de pernocta", dice el educador, mientras señala cobertizos, rincones de los patios con fuentes o poyetes donde los migrantes duermen, hacen sus necesidades, se asean o lavan su ropa.

"El acceso al colegio es muy fácil y aquí, los últimos días de julio y los primeros de agosto, no había nadie, con lo que lo convirtieron en su campamento", dice el trabajador a EL ESPAÑOL.

Zonas exteriores de un colegio de Ceuta que usan los migrantes para dormir. Cedida.

Fueron los padres de los alumnos que viven cerca del centro quienes advirtieron de la entrada de estas personas. A partir de ahí, el personal acudió cada día con acompañamiento de la autoridad para que salieran del centro.

Entonces, los migrantes pasaron a saltar el muro sólo por las noches.

"Las tres trabajadoras de la limpieza llevan viniendo, desde mediados de agosto, todas las mañanas con sus maridos por miedo a encontrárselos y que pueda pasar algo, aunque no ha habido que lamentar ningún incidente", relata el jefe de estudios. "Cuando les invitas a irse, se marchan sin mayor oposición".

La Ciudad Autónoma ha tomado cartas en el asunto y mandó una batida de limpieza para borrar el rastro de un mes en que el colegio se ha convertido en un asentamiento temporal de migrantes. Lo sigue siendo.

El Ministerio de Educación ha prometido a los colegios ceutíes, dentro del paquete de medidas que anunció el secretario de Estado Abelardo de la Rosa, seguridad privada, tanto de noche como de día, para que en los centros educativos como este, no convivan los alumnos de día con los migrantes de noche.

Labores de limpieza en un centro educativo ceutí. Cedida.

"Ahora mismo hay expectación sobre qué es lo que va a pasar. La gente confía en que las medidas den su fruto. Pero algunos padres son reticentes a llevar a sus hijos al colegio. No se fían", concluye el docente.

Sanidad al límite

En la Loma Colmenar, uno de los puntos donde el Gobierno ha decidido levantar instalaciones de acogida a los migrantes para aliviar el hacinamiento en la playa del Trampolín, cientos de personas malviven en la calle esperando un lugar dentro del recinto.

Apenas a unos metros, se encuentra el Hospital Universitario de Ceuta, donde se habilitó una planta extra en Urgencias para atender la afluencia de migrantes enfermos o lesionados.

Allí llega un flujo constante de personas que, en muchos casos, permanecen fuera de los dispositivos de acogida y cuyo seguimiento sanitario resulta más difícil.

Multitud de migrantes aguardan para poder acceder al centro provisional habilitado con carpas militares en la explanada de Loma Colmenar. EFE

"Los médicos están saturados, doblando turnos, y se ha metido muy poco refuerzo para la situación en la que está la ciudad. Es muy difícil el control sanitario porque los migrantes están deambulando por la calle, no en recintos cerrados donde se pueda controlar a los contactos", advierte la consejera ceutí de Sanidad y Asuntos Sociales, Nabila Benzina.

Los médicos aseguran que las urgencias están saturadas, pero según INGESA –organismo dependiente del Ministerio de Sanidad a cargo de la salud pública en Ceuta–, la realidad no es tal, según asegura Benzina.

La discrepancia entre ambas versiones no ha podido ser comprobada de forma independiente por este periódico. Una empresa de seguridad privada impide el paso a la puerta de Urgencias a todo aquel que no tenga que ser tratado.

Por otro lado, Benzina reconoce que la colaboración con el equipo del enviado especial para el control de epidemias del Ministerio, Fernando Simón, es cercana y afirma que su intención es la de trabajar con intensidad. Pero la pregunta nuevamente es: ¿por qué un mes después?

Para la responsable de la salud pública caballa, además de este incomprensible retraso, el verdadero dolor estriba en el relato oficial y en las acusaciones de insolidaridad dirigidas a la población local.

"Nos están viendo como si fuéramos nosotros los invasores, cuando somos las víctimas. Nos han quitado nuestras vidas, nuestras playas, nuestras calles y la alegría de nuestros hijos; estamos confinados", denuncia con vehemencia.

Frente a quienes califican las protestas ciudadanas de brotes xenófobos, la respuesta de la consejera, de religión musulmana, es tajante: "Nosotros no somos ni xenófobos ni inhumanos. Aquí conviven cuatro culturas y somos un ejemplo de convivencia. ¿Lecciones de humanidad y de solidaridad? A nosotros, no".

Y remata con la máxima que resume la herida abierta en la ciudad autónoma tras 30 días de abandono: "Somos españoles y no deberían haber permitido, en primer lugar, que nos invadieran. Ahora no podemos permitir que nos abandonen".

Un mes después

Si la crisis estaba solucionada, ¿por qué se decretó el Mando Único un mes después? Si apenas quedaban migrantes en las calles de Ceuta, ¿por qué se pide a Frontex ayuda con el triaje de migrantes, un mes después? ¿Y por qué el Ejército monta ahora, un mes después y a contrarreloj, nuevos campamentos efímeros? Si la situación epidemiológica no era tal, ¿por qué se enviaron a los especialistas, nuevamente, un mes después?

Estas preguntas, con el común denominador del 'mes después', rondan la cabeza de los ceutíes que salen a las calles estos días. Su hartazgo les ha hecho despreocuparse por lo que puedan pensar fuera.

"Hay que distinguir entre tratar con dignidad a miles de migrantes, la gran mayoría inocentes y usados como balas humanas, con que a nosotros nos hayan robado nuestra forma de vida y nuestra ciudad", dice Dounia, una joven estudiante a quien se le rompe la voz y que participó en la primera movilización vecinal espontánea el pasado martes.

Como ella, Tino Fariña, otro empresario ceutí que participó en el bloqueo del convoy de la Cruz Roja el jueves en la playa de Benítez… Explicaba a este periódico que lo hacía porque "si se les sigue dando de comer, no se irán nunca". "Les hemos dado de comer durante 27 días", aseguraba entonces. "Se tienen que ir".

Un mes después, la única solución que contemplan los ceutíes como Tino, Dounia, Nabik, Karim, Jorge Rafael, Nicola, Kissy o Nabila es la devolución inmediata a Marruecos de quienes entraron ilegalmente a Ceuta.

Es la única condición que impone la normalidad para ser recuperada, cuando la confianza de una ciudad se rompió tras sentir durante un mes que el Estado llegó tarde.