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    A las siete de la mañana, cuando todavía el calor no aprieta en Villafranca del Bierzo, comienza la jornada de vendimia en Cantariña. Este año empezó antes que nunca, el 9 de agosto, y la cuadrilla lleva más de una semana entre las cepas. La uva se recoge a mano, en cajas pequeñas y con una selección cuidadosa de los racimos, mientras Consuelo Ysart organiza el trabajo y marca cuáles están en el punto adecuado para cada elaboración.

    El ritmo lo marca la propia viña y también las temperaturas. Los trabajadores hacen más descansos de lo habitual y procuran terminar entre la una y las dos de la tarde, antes de que el sol haga demasiado difícil continuar. Cada racimo seleccionado es el primer paso de un proceso que continuará en la bodega, donde la uva se enfría, se separa del raspón y comienza su transformación en vino.

    Para los tres hermanos Ysart Álvarez de Toledo, la vendimia es mucho más que recoger la cosecha. Es el momento de poner en práctica el trabajo realizado durante todo el año en unas viñas familiares que, en algunos casos, tienen siglos de historia. Entre las cepas viejas de Cantariña conviven la Mencía con variedades como la Palomino o la Doña Blanca, mientras los hermanos trabajan para conservar unas parcelas que forman parte del patrimonio familiar y del paisaje del Bierzo.

  • Un vendimiador sube una de las cajas llenas de uvas al sitio en el que el coche pasa a recogerlas y otro vendimiador camina.

    Cristina Villarino
  • Después de hablar con la cuadrilla y explicar lo que hay que recoger ese día, Consuelo corta algunos racimos.

    Cristina Villarino
  • Uno de los vendimiadores se enciende un cigarro mientras trabaja. En los días de vendimia es común que fumen durante las jornadas.

    Cristina Villarino
  • Federico Ysart, uno de los tres hermanos vendimia junto a su sobrino, Federico Benavente (hijo de Consuelo). Cuando vendimian conversan de las uvas, el proyecto y la vida en general.

    Cristina Villarino
  • Los vendimiadores reparten las cajas vacías para seguir con la vendimia y Federico (el hijo de Consuelo) conversa con el jefe de la cuadrilla.

    Cristina Villarino
  • El sol ya se cuela entre las hojas y la mano de un vendimiador coge un racimo de uvas para cortarlo.

    Cristina Villarino
  • El calor aún no es del todo fuerte pero ya se empieza a notar según avanza la mañana. Una vendimiadora hace su trabajo en cuclillas

    Cristina Villarino
  • Las cajas que llegan a la bodega con las uvas recogidas tienen que volver limpias para la siguiente jornada. Ernesto, el trabajador que está con Santiago en la bodega las limpia.

    Cristina Villarino
  • Racimos de uvas refrigerados. La uva pasa una noche entera en una cámara frigorífica antes de ser prensada.

    Cristina Villarino
  • Santiago se sube a las barricas llenas de vino para controlar los niveles de fermentación.

    Cristina Villarino
  • El vino entrando rápidamente de una barrica a otra.

    Cristina Villarino
  • El trabajo de la cuadrilla a vista de pájaro. Ese día eran 10 personas las que pudieron estar desde las 7:00 a las 13:00.

    Cristina Villarino
  • Consuelo Ysart elige las uvas con mucho cuidado, revisa el color, el tamaño y la textura para que la vendimia sea con mimo.

    Cristina Villarino
  • La mañana avanza y los vendimiadores ya han tenido más de algún descanso para recuperarse del cansancio. Un vendimiador lleva una caja de 15 kilos al hombro.

    Cristina Villarino
  • Los vendimiadores tienen que conocer bien las condiciones de las uvas con las que están trabajando, uno de ellos prueba un racimo.

    Cristina Villarino
  • Las cajas tienen que entrar a la furgoneta para ir a la bodega y empezar el camino para transformarse en vino.

    Cristina Villarino