Ahmed Toufiq, ministro marroquí de Habices y Asuntos Islámicos, recuperó anoche dos nombres de la Ceuta medieval en un discurso que permite a Rabat proyectar sobre la ciudad su relato histórico y religioso. Eligió al cadí Ayyad y a Abú al-Abbas al-Azafi: un jurista de enorme influencia y uno de los grandes impulsores de la festividad del Mawlid en el Occidente islámico.
La elección difícilmente podía resultar neutra en el contexto actual. Mohamed VI presidía la ceremonia religiosa por el nacimiento de Mahoma y Toufiq no se limitó a recordar a dos autores medievales. Los presentó como exponentes del apego marroquí al Profeta antes de evocar la movilización para "liberar las ciudades ocupadas" por Portugal en los inicios de la Edad Moderna.
Conviene separar los planos. Que la Ceuta medieval fuese una ciudad islámica, conectada con Al-Ándalus y el norte de África, es un hecho histórico. Que ese pasado determine su soberanía en 2026 es otra discusión, de carácter político y jurídico.
España sostiene su soberanía sobre Ceuta, conquistada por Portugal en 1415. Durante la unión de las coronas ibéricas, la ciudad mantuvo su administración portuguesa, pero en 1640 permaneció bajo Felipe IV cuando Portugal recuperó su independencia. El Tratado de Lisboa de 1668 formalizó su incorporación a la Corona española. Marruecos, por su parte, mantiene una reivindicación histórica sobre la ciudad.
El rey de Marruecos, Mohamed VI, en una ceremonia religiosa.
En esa disputa de memorias, Toufiq no escogió a dos personajes secundarios. Ayyad y Al-Azafi permiten a Rabat recordar que Ceuta no solo fue puerto, plaza comercial o enclave militar. También fue una ciudad que produjo pensamiento religioso de amplio alcance.
El cadí Ayyad
Ayyad ibn Musa al-Yahsubi, conocido como el cadí Ayyad, nació en Ceuta en 1083. El título ya da una pista de su oficio: cadí es el juez encargado de aplicar el derecho islámico. Pero llamarlo solo juez sería como definir a Alfonso X como un señor que firmaba documentos.
Ayyad fue uno de los grandes nombres del malikismo, la escuela jurídica suní dominante en el Magreb y Al-Ándalus. Se formó en una Ceuta que estaba lejos de ser una esquina olvidada del mapa: era una ciudad conectada a través del Estrecho y receptora de comerciantes, juristas, estudiantes y manuscritos. Ese mundo le permitió circular entre la enseñanza, la judicatura y la producción intelectual.
Su libro más célebre, Al-Shifa bi-ta'rif huquq al-Mustafa, es una obra dedicada a Mahoma: su vida, sus virtudes, su autoridad y los deberes de respeto que debe observar el creyente. El título puede traducirse como La curación mediante el conocimiento de los derechos del Elegido. No es una biografía en el sentido contemporáneo, sino, al mismo tiempo, un tratado religioso, una compilación de tradiciones y un manual de devoción.
La relevancia del texto se mide por su recorrido. Al-Shifa se copió, comentó y enseñó durante siglos en el Occidente islámico y mucho más allá. Un proyecto financiado por la Unión Europea y coordinado por el CSIC estudió sus manuscritos y la recepción de la obra entre los siglos XII y XX.
Ayyad escribió asimismo Tartib al-Madarik, una extensa compilación sobre los juristas de la escuela malikí. En ella reunió biografías, maestros, discípulos y autoridades. En otras palabras: dejó documentada la cadena de transmisión de un saber que servía para ordenar la vida religiosa y jurídica de su tiempo.
Vivió la transición entre el poder almorávide y el almohade, se enfrentó a estos últimos y murió en Marrakech en 1149, aunque las fuentes ofrecen versiones diferentes sobre las circunstancias de su muerte. Su figura conserva tal peso simbólico en Marruecos que una de las principales universidades del país, con sede en Marrakech, lleva su nombre.
La fiesta profética
Abú al-Abbas Ahmad al-Azafi pertenece a un siglo posterior y a otro tipo de protagonismo. Nacido en Ceuta en 1162, fue jurista, maestro y miembro de los Banu al-Azafi, la familia que llegaría a ejercer el poder en la ciudad durante el siglo XIII. Murió en 1236.
Toufiq lo citó por una razón transparente: Al-Azafi está asociado a la promoción de la celebración pública del Mawlid, el nacimiento de Mahoma. Precisamente la conmemoración durante la cual el ministro pronunció su discurso.
Su obra más conocida es Al-Durr al-Munazzam fi Mawlid al-Nabi al-Muazzam, que puede traducirse como Las perlas engarzadas sobre el nacimiento del Profeta venerado. Al-Azafi inició el texto y su hijo, Abu al-Qasim, lo completó después de su muerte. La obra buscaba proporcionar fundamento religioso y prestigio a esa conmemoración.
Los estudios sobre los Azafíes sitúan en Ceuta uno de los momentos decisivos del desarrollo del Mawlid como ceremonia pública en el Magreb medieval. Desde allí, la celebración se extendió posteriormente y fue adoptada por los meriníes como un instrumento de legitimación religiosa y política.
Esto no significa que Al-Azafi inventara la festividad ni que fuera el primero en celebrarla en Ceuta. Existían precedentes en otras zonas del mundo islámico y las investigaciones señalan la posible existencia de conmemoraciones anteriores en la propia ciudad. Su aportación consistió en dotarla de fundamento doctrinal y promoverla como una celebración pública organizada, vinculada también a la identidad religiosa ceutí.
Mohamed VI durante la ceremonia religiosa del Mawlid celebrada en el Palacio Real de Rabat.
El Mawlid era religión, desde luego. Pero también era calendario, comunidad y poder. Una ciudad que celebra unida, escucha los mismos relatos y reconoce las mismas autoridades construye un relato sobre sí misma. Los Azafíes comprendieron bien esa utilidad.
Leídos dentro del discurso de Toufiq, ambos nombres cumplen funciones complementarias. Ayyad representa la autoridad del derecho y el prestigio del saber; Al-Azafi, la liturgia pública y la identidad compartida. Dos ceutíes medievales convertidos, nueve siglos después, en piezas de una disputa que sigue mirando al Estrecho.
