En los grupos de internet donde se habla de microbiota intestinal, los mensajes se suceden entre recomendaciones, preguntas médicas y experiencias personales. Hay padres buscando respuestas para sus hijos, personas con obesidad que aseguran haber leído sobre la relación entre el intestino y el metabolismo y usuarios que intercambian estudios científicos.
De pronto, entre todos ellos, aparece una oferta.
"¡Hola, grupo! Por aquí hay una superdonante. Quien quiera más información, que me escriba por privado".
La mujer se presenta como una persona joven, sana y con una microbiota excepcional. Asegura haberse realizado un test para demostrarlo y ofrece convertir sus propias heces en cápsulas para que otras personas las ingieran.
El tratamiento, según explica a EL ESPAÑOL, cuesta 300 euros. Son 12 cápsulas que deben tomarse durante tres días: cuatro cada jornada.
Laura asegura que no fabrica las cápsulas sola. Según explica, trabaja junto a un socio que está empleado en un laboratorio y es con él con quien prepara el producto. También afirma que realiza los envíos en paquetes especiales para el transporte de medicamentos.
No aportó, sin embargo, documentación, fotografías ni datos que permitieran comprobar la existencia de ese laboratorio o las condiciones en las que se elaboran y conservan las cápsulas.
"Son 300 euros 12 pastillas para tomar en tres días", explica Laura —nombre ficticio—, quien asegura haberse introducido en este mercado después de conocer productos similares comercializados en Estados Unidos.
La pauta tiene un precedente real. En 2023, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó Vowst, el primer producto de microbiota fecal administrado por vía oral autorizado en el país. Su tratamiento también consiste en cuatro cápsulas diarias durante tres días.
Pero la semejanza termina en la pauta de administración.
Vowst está indicado exclusivamente para prevenir nuevas recurrencias de infección por Clostridioides difficile en adultos que previamente han recibido tratamiento antibacteriano. Se fabrica a partir de materia fecal procedente de donantes seleccionados y sometidos a controles sanitarios.
Las cápsulas que aparecen en los grupos de internet españoles circulan fuera de ese circuito.
Laura, de 33 años, sostiene que es joven, que goza de buena salud, que no tiene consumos problemáticos y que procede de una familia sana. Como garantía, asegura que envía fotografías de un test de microbiota intestinal.
"El mercado es amigable porque hay muchas personas desesperadas para tratarse con esta medicina, que es relativamente nueva", afirma. "Me escriben muchas madres que tienen hijos con autismo, padres también. Hombres y mujeres con obesidad también consultan".
Dice que recibe "muchísimas" consultas cada día, aunque reconoce que una parte importante de quienes preguntan finalmente no compra porque desconfía. Aun así, sostiene que las compras son “más de lo que uno creería”. Cuando este periódico le pregunta cuántas realiza, evita concretar una cifra.
No es la única oferta existente. En distintos espacios de internet aparecen personas que se autodenominan "superdonantes" y ofrecen preparados de microbiota fecal fuera de cualquier circuito sanitario.
Capturas de mensajes publicados en grupos de internet sobre microbiota.
Y al otro lado están quienes buscan desesperadamente una solución.
"Hola, me han recomendado las cápsulas de microbiota fecal para tratar a mi hijo con autismo y me gustaría comprarlas", escribe una persona en uno de los chats analizados por EL ESPAÑOL.
En otro mensaje, un padre portugués explica que llevan años intentando encontrar una alternativa para mejorar los trastornos de su hijo. Ha leído sobre los posibles beneficios de modificar la microbiota intestinal y quiere probar.
También hay consultas relacionadas con la pérdida de peso.
"Buenas noches, he leído que las pastillas de microbiota fecal sirven para tratar la obesidad y me interesa comprarlas".
Ahí encuentran su mercado quienes ofrecen el producto.
Un circuito regulado
El procedimiento que se vende en internet parte de una técnica médica real: el trasplante de microbiota fecal (TMF).
Consiste, simplificando, en transferir microbiota intestinal procedente de un donante sano a un paciente. Puede administrarse mediante colonoscopia o mediante cápsulas preparadas específicamente para conseguir que el material alcance el intestino.
El problema comienza cuando una técnica hospitalaria altamente controlada se convierte en un producto artesanal que circula de persona a persona.
Clàudia Aràjol, especialista del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario de Bellvitge y responsable médica de su banco de microbiota, conoce perfectamente el contraste.
Cuando EL ESPAÑOL le explica lo que ocurre en estos grupos, admite que desconocía que particulares estuvieran comercializando cápsulas de este tipo.
"Qué peligroso", responde.
La diferencia con el procedimiento hospitalario empieza mucho antes de que una cápsula llegue a un paciente.
Cápsulas de microbiota fecal preparadas para su administración clínica.
El primer obstáculo es encontrar un donante verdaderamente apto.
No basta con ser joven, hacer deporte, comer correctamente o no presentar síntomas. Los candidatos atraviesan cuestionarios médicos sobre enfermedades propias y familiares, hábitos, viajes, determinados trabajos y potenciales exposiciones infecciosas. Después llegan los análisis de sangre y heces.
Una persona aparentemente sana puede transportar bacterias o parásitos sin saberlo. Para ella pueden resultar inocuos; para un receptor enfermo o inmunodeprimido, no necesariamente.
"Casi todo el mundo tiene algún antecedente importante en la familia o personal, o encontramos algún microorganismo en sus heces", explica Aràjol. Por eso encontrar donantes aptos "cuesta mucho".
El "superdonante"
Una de las estrategias que utilizan los vendedores para presentarse como "superdonantes" consiste precisamente en mostrar resultados de tests comerciales de microbiota intestinal.
Esos análisis existen. Lo que no permiten es concluir lo que aseguran algunos anuncios.
El doctor Climent Casals-Pascual, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Clínic de Barcelona, explica que estos tests pueden elaborar una especie de inventario de los microorganismos detectados en una muestra.
Sin embargo, actualmente no están validados como pruebas diagnósticas clínicas capaces de determinar que una persona posea una microbiota excepcional ni, mucho menos, que sus heces sean seguras para administrárselas a otra persona.
El propio concepto de "superdonante" dista además de ser la categoría científica cerrada que aparece en internet.
"Debe utilizarse con mucha cautela", explica Casals-Pascual.
La doctora Begoña González Suárez, gastroenteróloga del Hospital Clínic de Barcelona y responsable de su Programa de Donación y Trasplante de Microbiota Fecal, introduce otro matiz.
"No tenemos un superdonante universal", explica.
En las patologías en las que todavía se investiga si las características del donante pueden modificar la respuesta, ser un supuesto superdonante no depende simplemente de poseer una "microbiota perfecta". De hecho, la ciencia ni siquiera ha definido cuál sería esa microbiota ideal.
González Suárez lo describe más bien como una compatibilidad funcional entre donante y receptor. Incluso puede conocerse "más bien a posteriori": cuando la microbiota de un determinado donante interactúa con la del receptor y se observa una respuesta clínica.
Por eso tampoco basta con exhibir un análisis comercial.
La microbiota de una misma persona puede cambiar después de modificar su dieta, atravesar una infección o simplemente cambiar de entorno.
"Estos test comerciales no certifican que sus heces sean seguras para un trasplante", advierte González Suárez.
"Estoy desesperada"
La clave para comprender por qué existe oferta está, precisamente, en la demanda.
Sofía tiene 35 años, es madre soltera y tiene un hijo de cinco años con autismo y grandes necesidades de apoyo, según explica a este periódico. Lleva tiempo buscando información sobre posibles tratamientos.
Sabe que el trasplante de microbiota fecal no está demostrado como tratamiento para el autismo. Aun así, reconoce que ha considerado probarlo.
Está desesperada.
"Una cosa lleva a la otra. Una puede pasar de un grupo a otro en dos segundos y allí muchas madres y padres cuentan sus experiencias y recomendaciones sobre distintos tratamientos", explica la mujer que integra varios de estos grupos, sobre todo en Facebook y Telegram.
Entre todas esas alternativas, asegura, las relacionadas con la microbiota se han hecho cada vez más visibles.
"Este es uno de los más mencionados en el último tiempo. Además, hay gente de muchas nacionalidades. Siempre hay alguien que lo ofrece de manera clandestina".
Ella, sin embargo, pone un límite.
"Yo no lo haría porque me da miedo. No puedes fiarte de algo que te venda un desconocido por internet. Hay mucha gente ofreciendo este tipo de cosas y me consta que algunos terminan comprándolas. Vete tú a saber qué llevan realmente esas supuestas pastillas de microbiota fecal...".
Su recorrido permite comprender cómo una investigación científica acaba transformándose, después de varias búsquedas y recomendaciones, en un producto ofrecido por un desconocido.
Durante los últimos años se han publicado numerosos estudios que relacionan alteraciones de la microbiota con enfermedades metabólicas, inflamatorias, neurológicas y psiquiátricas. Entre ellas aparecen también la obesidad y el autismo.
Que exista una asociación, sin embargo, no significa que modificar la microbiota mediante un trasplante pueda tratar esas enfermedades.
La doctora Elena Reigadas Ramírez, microbióloga clínica del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, insiste especialmente en esa diferencia.
La indicación con evidencia clínica sólida para el trasplante de microbiota fecal continúa siendo la infección recurrente por Clostridioides difficile. Fuera de ella existen múltiples líneas de investigación, pero muchos usos permanecen restringidos a ensayos clínicos o situaciones excepcionalmente seleccionadas.
"No hay suficientes datos que avale el uso de este tratamiento para tratar estas enfermedades", explica Reigadas.
La especialista conoce también la desesperación que existe detrás de algunas búsquedas.
A los hospitales llegan pacientes que han encontrado estudios en internet y preguntan si pueden someterse al trasplante para patologías diferentes de la indicación establecida. Si existe un ensayo clínico adecuado, puede estudiarse su participación. Fuera de ese ámbito, no puede administrarse simplemente porque una investigación haya relacionado una enfermedad con la microbiota.
Aràjol reconoce que las consultas vinculadas al autismo son habituales.
"Recibimos a diario, prácticamente a diario, mogollón de peticiones de gente de todo el mundo", cuenta.
Llegan solicitudes por enfermedades autoinmunes, neurológicas, psiquiátricas y autismo.
"Son enfermedades en las que la microbiota se ha visto que tiene un papel, pero no se sabe si este papel es causa o consecuencia. Y lo más importante: no hay evidencia de que el trasplante sea eficaz en estos escenarios clínicos".
"Lo del autismo es muy habitual", añade.
Como madre, dice comprender que las familias intenten encontrar alternativas. Precisamente por eso lamenta que alguien pueda aprovecharse económicamente de ellas.
"Gente desesperada busca soluciones desesperadas".
135 parámetros
No es exactamente que la sanidad pública "no quiera pagar" esas terapias, como sostienen algunos de los interesados en los grupos.
En España, cuando el trasplante está médicamente indicado, lo cubre el sistema sanitario público. Lo que no puede ofrecerse como tratamiento ordinario son indicaciones que todavía carecen de evidencia suficiente.
La distancia entre los dos mundos se comprende mejor con una cifra.
En el programa explicado por Casals-Pascual, los candidatos son evaluados mediante alrededor de 135 parámetros, entre entrevista clínica, hábitos, factores de riesgo y pruebas de sangre, heces y microbiología molecular.
Entre el 6% y el 7% de los candidatos terminan convirtiéndose en donantes.
Y ni siquiera superar esos controles permite utilizar inmediatamente sus muestras.
Durante un periodo de donación, el material permanece congelado y en cuarentena. Al finalizar, el donante vuelve a someterse al cribado. Sólo si supera tanto los controles iniciales como los finales pueden liberarse las muestras.
Cápsulas de microbiota fecal utilizadas dentro del circuito hospitalario regulado.
El objetivo es cubrir incluso el denominado "periodo ventana": la posibilidad de que una infección adquirida recientemente todavía no fuera detectable cuando comenzó a donar.
"No es que te hagas estas pruebas, las hayas pasado y ya seas donante", explica Reigadas.
Los controles deben repetirse.
Una persona puede sentirse perfectamente bien y ser portadora de microorganismos potencialmente patógenos o bacterias resistentes a antibióticos.
González Suárez lleva esa advertencia hasta su consecuencia más grave: un supuesto donante puede estar completamente sano y, sin embargo, estar colonizado por bacterias multirresistentes que, transmitidas al receptor, pueden llegar a producir infecciones graves "o la muerte".
De heces a cápsulas
Tampoco la fabricación consiste simplemente en rellenar una cápsula.
Aràjol explica que la muestra destinada a administración oral atraviesa sucesivos procesos. Primero se eliminan restos sólidos; después se homogeneiza y, para determinadas preparaciones, se realizan centrifugaciones y liofilización hasta retirar el agua y obtener un material que pueda encapsularse.
Cápsulas de microbiota fecal conservadas y preparadas para uso clínico.
Casals-Pascual añade otra condición: las cápsulas deben ser gastrorresistentes para atravesar el estómago y liberar su contenido donde corresponde.
Después todavía queda que los microorganismos consigan establecerse e interactuar con la microbiota del receptor.
Es decir, ni siquiera disponer de microorganismos considerados beneficiosos garantiza un resultado clínico.
Y ahí vuelve a derrumbarse la promesa del "superdonante".
Sustancia humana
La Unión Europea ha incluido la microbiota fecal destinada a trasplante dentro del nuevo marco de las sustancias de origen humano, conocidas como SoHO —Substances of Human Origin—, cuya aplicación general comenzará en agosto de 2027.
Su producción terapéutica está sometida a requisitos específicos de autorización, selección, procesamiento, conservación, calidad y trazabilidad.
En Cataluña, los bancos trabajan bajo supervisión del sistema autonómico de trasplantes y de la Organización Nacional de Trasplantes.
Además, la donación hospitalaria es altruista y anónima.
No se paga al donante por entregar sus muestras. Introducir un incentivo económico, explica Aràjol, podría favorecer que una persona ocultara información durante los cuestionarios para evitar ser excluida.
El mecanismo que aparece en internet funciona justamente al revés. El incentivo es vender.
Casals-Pascual evita por eso presentar el debate como una oposición simplista entre un "hospital bueno" e "internet malo". La diferencia está entre una producción regulada y otra que no lo está.
Un banco hospitalario debe documentar sus procedimientos, controlar al donante, analizar las muestras, conservarlas adecuadamente, garantizar su trazabilidad y mantener mecanismos de vigilancia.
Fuera de ese sistema resulta imposible demostrar que existan las mismas garantías.
Su recomendación para alguien que esté pensando en pagar a un supuesto superdonante es directa:
"No hacerlo fuera de un circuito sanitario regulado".
Mientras tanto, en los grupos la conversación continúa.
Una madre pregunta por su hijo. Otra persona busca una solución para adelgazar. Alguien comparte un estudio científico. Una mujer ofrece doce cápsulas por 300 euros.
Y, entre las dudas y las promesas todavía abiertas de una de las áreas más jóvenes de la medicina, vuelve a aparecer un mensaje:
"Por aquí hay una superdonante".
En los hospitales, para conseguir realmente un donante apto, pueden descartarse más de 90 de cada cien candidatos.
En internet basta con escribirlo.
