En las paredes de la puerta de un bloque de pisos de la Barriada de El Torrejón, en Huelva, hay decenas de desconchones desde hace casi 2 años.
Son redondos, del tamaño de una mandarina. La Policía Nacional recogería a la mañana siguiente de ese septiembre una treintena de casquillos de munición de un arma semiautomática.
La ráfaga de disparos atemorizó a todo el vecindario, y sin que nadie lo dijera, ni tampoco ahora, porque todos tienen miedo a hablar, sabían su origen: la venganza del clan de los Moriña.
Una venganza forjada tras la muerte, de un tiro en el pecho, de Víctor M., cuñado de Manuel S., conocido como el 'El Baba'.
Esta semana todo ha hecho clic: las autoridades investigan como un 'ojo por ojo' el asesinato en Isla Cristina de la hermana de Manuel el Baba, de 49 años y embarazada de 8 meses; un bebé que también ha fallecido; de su madre, de 62, y de un menor, Hugo, que simplemente pasaba por allí y recibió un tiro en la cabeza.
Una venganza terrible que se habría cobrado ya cinco vidas, más la del bebé de ocho meses.
Luego de la muerte de Víctor, el clan de los Moriña ofreció 50.000 euros a quien diera cuenta del paradero de El Baba, del Clan de los Salazar, quien era el marido de Saray, hermana del fallecido.
A continuación, el edificio donde vivía la familia del Baba fue acribillado a balazos, a modo de advertencia.
Un mes después fue detenido en Gijón. Fue uno de los tres detenidos por la Policía Nacional en relación a aquel asesinato, que está a la espera de juicio.
Durante los registros efectuados en Huelva en esas dos detenciones se encontraron armas de asalto y una plantación de marihuana.
En redes sociales hay numerosos vídeos de vecinos del barrio que grabaron, aterrorizados, aquellos tiroteos tras la muerte de Víctor en mitad de la noche, el hallazgo de dos granadas de mano en plena calle y asaltos a un edificio que fue incendiado en cuatro ocasiones.
Para entonces los Salazar ya habían huido a la barriada de El Rocío, en Isla Cristina, una escapada preventiva de familias enteras por temor a las represalias, si no cumplían con "destierro" impuesto, o a la venganza.
Antes de marchar a Isla Cristina, y sabiendo que sobre ellos pesaba esa venganza, algunos de sus miembros montaron guardia en el edificio. Se grabaron en vídeo y los subieron a redes sociales. Abrieron fuego y enseñaron las armas, a modo de advertencia.
Son imágenes que aparecen recogidas en la de apertura de este reportaje.
Justo un año más tarde moría asesinado en Isla Cristina el padrastro de el Baba: fue tiroteado con un AK-47 por dos encapuchados en una motocicleta, exactamente igual que los tres asesinados de hace unos días en el mismo lugar.
Ambas familias implicadas han negado en televisión pertenecer a clanes relacionados con el narcotráfico. Las más cercanas a las víctimas mortales, de uno y otro lado, se dedican a la venta ambulante y a una tienda de alimentación que cerró tras la muerte de Víctor.
La denuncia que se hacen asociaciones como la AUGC de la Guardia Civil es el uso generalizado de armas de asalto, usadas por el narco... y para ejecutar la Ley del Talión.
"El tema de estos clanes, aunque suene un poco racista, es el de siempre", relata a EL ESPAÑOL una fuente que pertenece a los grupos de investigación contra el narcotráfico en el sur de España. "Lo que pasa es que en Huelva se les ha ido totalmente de las manos".
La tenencia de armas de asalto, como los kalashnikov, "es muy fácil: cualquier grupo organizado medio fuerte en Huelva y Cádiz tienen acceso a ese tipo de armamento de guerra... porque las traen los mismos grupos relacionados con las drogas con mucha facilidad".
El problema es "que antes había un respeto que hoy se ha perdido y cualquier niñato tras consumir drogas, con un kalashnikov, es un peligro. Y todavía, como éstas, quedarán unas pocas que ver".
Del menudeo al vuelco
Otras fuentes consultadas advierten que "los clanes gitanos no lo tienen difícil en absoluto para conseguir esas armas. Ya en el pasado les pillaron un arsenal en El Torrejón. Y todos ellos las tienen porque los contratan para realizar vuelcos de drogas, y las tienen o para perpetrarlos o para defenderse".
Aunque, en líneas generales, estos clanes "van a lo suyo. Hay pocos que figuren como grandes traficantes. Prefieren el segundo o tercer escalón. Por eso hacen trabajos por encargo, y no pertenecen al crimen organizado porque no quieren organización ni en pintura. Van absolutamente por libre".
Es uno de los motivos, apuntan las fuentes consultadas, por lo que "los marroquíes no quieren clanes gitanos para trabajar".
Pregunta.- ¿Cómo se introducen en la cadena?
Respuesta.- Para distribución a pequeña escala de drogas duras. Al final van cogiendo fuerza, pero siempre en su nivel y barrios. Se dedican a la pequeña escala y al robo de droga para otros clanes y por encargo. Y por eso tienen acceso a armas de asalto: para los vuelcos de lo que sea: marihuana, cocaína...
Los contratan mafias españolas "y de fuera". Algunos "muy determinados, se dedican también a cultivar cannabis para otros".
A diferencia de otros eslabones en la cadena del narcotráfico, "no salen de su zona de confort, viven en sus zonas marginales o seudomarginales, donde no se entra a molestarlos".
Tampoco se caracterizan por la ostentación. "No se compran chalés ni buenos coches. Algunos son hasta ricos, pero se quedan en sus barrios", que tienen repartidos por zonas entre distintos clanes, y se respetan unos a otros".
En los últimos dos años, en las Tres Mil Viviendas de Sevilla, ha habido varios tiroteos con armas de asalto. Los más recordados, el de octubre de 2024 y noviembre de 2025.
El primero de ellos fue por un vuelco de droga entre los clanes de 'Los Caracoleños' y 'Los Naranjeros', tras el intento de asalto a una guardería en la que cultivaban y almacenaban marihuana. El segundo, por una pelea previa entre dos jóvenes de dos clanes distintos.
"Los tiroteos y las venganzas entre ellos son más personales que por temas de negocios. De hecho, todo lo de Huelva comenzó porque uno le fue a pedir explicaciones al marido de su hermana porque la tenía amenazada".
Desde la AUGC onubense advierten a este periódico que llevan "diez años" pidiendo que se declare la costa onubense, y la andaluza en general, como Zona de Especial Singularidad "por el narcotráfico y por el uso de armas de asalto y el incremento del uso de la violencia".
Contra este tipo de armamento de guerra "solo valen los chalecos de capacidad militar, que solo tienen determinadas unidades de la Guardia Civil a solicitud de los mandos. Y queremos el mismo protocolo de actuación para todas las provincias a la hora de actuar".
