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A Dalia Castella (Tarragona, 1992) la memoria le falla. Por eso, una parte de los recuerdos de su infancia proviene de los relatos de su madre, quien le contaba que a sus dos años, la artista y comediante transgénero se identificaba como una niña y no como un niño. Cuando tenía 7 años, dice, sintió que algo no encajaba en su existencia y que debía arreglarlo.

Las dudas no se convirtieron en respuestas. Por el contrario, crecieron y se profundizaron. La artista, con una risa tímida, expresa que cuando buscaba definirse, no sabía de la existencia del término transexual.

"En los años 2000 solo había gays y lesbianas, pero no eran muy conocidos los transexuales", asegura.

Sin embargo, cuando tenía 10 años y sus padres no estaban en casa, empezó a vestirse con la ropa de su madre y una incógnita cuestionaba su realidad.

"Me preguntaba por qué tenía la necesidad de mirarme al espejo vestida como mujer, pero a la par sentía tranquilidad de verme así. Un día solamente tuve el impulso de hacerlo para saber cómo lucía y me generó mucho conflicto", expresa.

El reflejo del espejo se convirtió en una realidad cuando Dalia tenía 25 años y realizó su transición en México.

"En el bachillerato vi el cambio de una compañera mayor que yo en el colegio y me impactó mucho porque no sabía que eso se podía hacer. Varios años después la contacté y me explicó lo que es una persona trans. Durante muchos años intenté rechazar la idea y aceptarme, pero no podía, obviamente", asegura.

Una de las razones por las cuales rechazaba la transición era porque su mayor miedo es el rechazo social. Pero en 2017, sus padres se mudaron a México por una oportunidad laboral y le preguntaron si prefería quedarse en España o tener una nueva vida en otro país.

Dalia vio en esa pregunta la oportunidad de desaparecer de la vida de sus conocidos. Cerró sus redes sociales cuando se mudó a Ciudad de México y realizó la transición.

"Tuve que empezar a buscarme la vida. Para ello realicé presentaciones musicales en diversos bares. Sí debo confesar que durante los primeros 10 meses posteriores a la transición hubo un vacío de no saber si había tomado la decisión correcta, si valía la pena o si era algo importante", expresa Castella, quien toca el bajo desde sus 13 años.

Freestyle

Algunos conocidos le decían que al realizar la transición iba a sufrir violencia o enfrentarse a no tener trabajo. Por ello, la interrogante acerca de quién era cambió. "No sabía si valía la pena querer ser yo a cambio de condenarme, de cierta manera, a una vida horrible", agrega.

Durante la pandemia tuvo su punto más crítico a nivel económico. En ese momento, pese a que era difícil sostenerse, la música y el teatro seguían sosteniendo sus sueños. En la comedia encontró una forma de hacerse visible, pero el freestyle se convirtió en una manera diferente de expresar sus ideales.

El sueño de Dalia Castella es tener una banda de música. Cedida

Su personaje caló de forma inmediata en el público porque no se amedrenta ante los "insultos" por su transición, no le atemorizan los comentarios que buscan herirla y, además, le planta cara a los que buscan exponerla como si fuera menos.

"Nunca supe que representaba a las mujeres trans que buscan una oportunidad. De eso me enteré en el camino", agrega.

Tras varios años de trabajo y empezar a ser reconocida en el underground de las batallas de gallos, la Freestyle Master Series (FMS) se contactó con ella en noviembre de 2025 para realizar una batalla contra el rapero Jony Beltrán como extraplayer.

"Cuando le comenté de la batalla a una rapera y le dije que no sabía si podía ir por otro compromiso que tenía, me contestó que debía hacerlo porque, según ella, represento a las mujeres trans por lo difícil que es que alguien llegue allí, a tanta exposición. Después del revuelo, aún estoy en estado de shock, sin saber qué significa haber logrado eso", añade.

Sin buscarlo, Dalia se convirtió en un referente para el ámbito de las batallas de improvisación. Por ello, tras ese evento, fue llamada a Estrellas del Flow para competir contra Lewin, también se enfrentó a Sumeria en la Liga Venom y, finalmente, acudió a Fat Battles Palooza, donde compitió contra Hekos en la modalidad de Escritas. Entre sus batallas ha generado más de dos millones de visualizaciones.

La artista reconoce que el mérito es relativo debido a que, en teoría, las personas, sin importar su condición, deberían ser tratadas por igual y tener las mismas oportunidades, pero "aunque no nos deberían tratar de acuerdo a cómo nos vemos, sí lo hacen. Sé que puedo no ser una mujer atractiva, pero soy lo que FMS quería en ese momento, que al final buscaban una batalla donde Jony Beltrán dijera cosas fuertes a una mujer trans. Lo otro es que yo les funcionaba porque tengo números, tablas en el escenario y rapeo decentemente, entonces podía dar un buen show".

Además de ello, añade que Jony Beltrán reconoció que para visibilizar más a la comunidad trans en el ámbito de las batallas de rap era necesario tener un rival que se defendiera adecuadamente, como Dalia lo hizo. "La comedia y el rap son mundos muy distintos. Por esta batalla he tenido muchísima exposición, pese a que en la comedia he hecho cosas importantes".

Amor

En los 10 meses posteriores a su transición, Dalia se sentía vacía. Ese tiempo pasó entre dudas que no se resolvían. Sin embargo, el periodo de incertidumbre fue el preludio de su recuperación.

"En el momento más difícil conocí a mi pareja y me dio ganas de vivir. Ya llevamos siete años juntas", reconoce. El amor le entregó a Dalia una nueva visión sobre su vida, en la que se ha sentido más segura sobre su sexualidad y también se ha conocido a sí misma.

Su compañera sentimental también la ha incentivado a cumplir sus sueños. La apoya en cada paso y la incentiva a trabajar en crear una banda. "Mi papá, sin darse cuenta, desde pequeña me enseñaba a apreciar el arte.

Sueño con poder vivir de lo que me gusta y no tener que preocuparme en las noches por lo económico: preguntarme con qué voy a pagar una cuenta determinada, una deuda y demás. Si vivo 80 años, ojalá pueda decir al final de mi existencia que la mayoría de mi vida pude dormir sin problemas. Con eso soy feliz".

En México, junto a su pareja, encontró su hogar y el reflejo del espejo de su infancia dejó de ser una añoranza. "No contemplo volver a España por muchas razones. Sí extraño algunas cosas, como la seguridad, la comida, la idiosincrasia, pero en México tengo una carrera, por la cual soy muy agradecida y he construido mi hogar. En España nadie me espera", concluye.