Ferran Torres acaba de ganar un Mundial y ya tiene otro partido abierto. El delantero de Foios (Valencia) marcó hace apenas unas semanas el gol que dio a España el título, pero ahora son los políticos quienes hablan de él: el PSOE ha llevado a las Cortes Valencianas el acuerdo por el que la Generalitat lo ha convertido en embajador de la Comunidad Valenciana.
El acuerdo se formalizó el 7 de agosto, cuando Ferran y el presidente Juanfran Pérez Llorca firmaron en el Palacio de la Generalitat de Cataluña un protocolo de colaboración para que el futbolista contribuya a proyectar la Comunidad Valenciana "en el ámbito nacional e internacional".
El Consell lo presenta como un rostro capaz de poner en valor sus atractivos "culturales, deportivos, sociales y territoriales" y sostiene que Ferrán "personifica el triunfo del trabajo constante, el esfuerzo, la humildad, la resiliencia y un profundo orgullo por sus raíces".
El nombramiento se ha llevado a cabo con la condición de que Ferran no cobre por ejercer como embajador. La Generalitat aseguró que "no recibirá contraprestaciones económicas", aunque asumirá los gastos vinculados a las actividades previstas, como desplazamientos, alojamiento o producción de contenidos.
Cuatro días después de la firma, el 11 de agosto, el PSPV-PSOE llevó el acuerdo a las Cortes. Los socialistas han reclamado el protocolo completo, los informes de la Abogacía de la Generalitat y de la Intervención, las "facturas vinculadas al protocolo", las acciones concretas que desarrollará Ferran, la duración de la colaboración y el "coste anual, directo o indirecto".
También han preguntado por la posible intervención de representantes del futbolista, sus clubes o sus patrocinadores.
No es la primera vez que un partido político pone el foco sobre el patrimonio del delantero. El 21 de julio, un día después de la final del Mundial, Alberto Ibáñez, portavoz de Vivienda de Sumar en el Congreso, aseguró que la sociedad patrimonial de Ferran, Eleven Future Invest, había "acaparado 20 viviendas" para "especular" y la calificó de "fondo buitre".
La acusación encontró una respuesta en los datos. EL ESPAÑOL comprobó que la sociedad no tenía 20 viviendas, sino cuatro residencias y un terreno. Su principal activo era un edificio de uso terciario situado en Valencia, con medio centenar de oficinas alquiladas a empresas.
Ahora, Ferran, recién fichado por el Paris Saint Germain por 50 millones de euros, vuelve a quedar bajo el foco político. Esta vez es el PSPV-PSOE quien reclama explicaciones y documentación sobre un acuerdo que ya ha sido presentado públicamente.
El delantero de Foios vuelve así a aparecer en un escenario que queda muy lejos de los estadios: el de la disputa política.
El chico de Foios
Antes de que Ferran Torres se convirtiera en el hombre del gol del Mundial y en el protagonista de una disputa que ya ha saltado del fútbol a la política, fue el chico al que su abuelo llevaba desde Foios hasta Paterna para entrenar.
El trayecto se repetía mientras su carrera iba tomando velocidad. La cantera del Valencia sería el primer gran salto. Después llegaría el Manchester City, donde aterrizó en 2020, y dos años más tarde regresaría a España para vestir la camiseta del Barcelona.
El club azulgrana pagó 55 millones de euros por el delantero, más otros diez en variables, en una operación que convirtió a aquel futbolista formado en Paterna en uno de los grandes fichajes de la nueva etapa del Barcelona.
En el Camp Nou ha pasado cuatro temporadas. 207 partidos, 65 goles y 23 asistencias resumen una etapa en la que Torres ha tenido que convivir con una etiqueta que le ha acompañado durante buena parte de su carrera: la de un futbolista capaz de ocupar cualquiera de las posiciones del ataque, pero al que le ha costado hacerse con un lugar indiscutible en el 11.
En su última temporada, sin embargo, alcanzó los 16 goles en LaLiga y compartió con Lamine Yamal el Trofeo Zarra.
Ferran Torres y Lamine celebran uno de los goles en la victoria ante el Espanyol.
Ahora el capítulo azulgrana se cierra. El Barcelona FC y el Paris Saint-Germain han alcanzado un principio de acuerdo para su traspaso por una cantidad cercana a los 50 millones de euros.
En la operación pesan las cuentas del club: la salida evita que el Barcelona tenga que abonar al Manchester City un bonus de unos ocho millones de euros en caso de que Ferran renovara su contrato, que expiraba en 2027.
El delantero deja FC Barcelona después de haber jugado más de 200 partidos y lo hace convertido en un futbolista distinto del que llegó en aquel invierno de 2022.
Por el camino ha ganado títulos, ha atravesado lesiones, ha alternado titularidades y suplencias y ha seguido siendo un habitual de la Selección Española.
Ferran Torres celebra su gol contra el Real Madrid en El Clásico
Ferran deja Barcelona después de haber construido allí una parte importante de su carrera, pero también después de haber protagonizado algunos de los episodios que más han marcado su relación con el entorno azulgrana.
Antes de que el Barcelona pusiera precio a su salida, algunos de sus aficionados ya le habían señalado por algo que llevaba consigo desde fuera del campo: su forma de reivindicar España.
Una bandera en juego
La historia empezó mucho antes de que Ferran Torres levantara la Copa del Mundo. El 12 de octubre de 2024, Ferrán Torres publicó en Instagram una fotografía en la que aparecía besando el escudo de España.
El mensaje que la acompañaba cabía en cuatro palabras después de marcar un gol: "Feliz día y Viva España".
No tardaron en llegar las respuestas. Algunos aficionados del club azulgrana le reprocharon que exhibiera de esa manera su españolidad y le recordaron, desde la grada de los comentarios, que jugaba para un club catalán.
"Vuelve a Valencia, allí son como tú", "En el Barça defendemos y amamos a Cataluña", "Ya puedes coger las maletas", "No te queremos en el Barça, eres malo y valenciano renegado", fueron algunos de los mensajes que recibió el delantero.
Ferran no entró en la discusión: siguió jugando y vistiendo de azulgrana. Unas semanas más tarde, la tragedia de la DANA volvió a situarlo frente a una cuestión política, esta vez desde Valencia. Ferran, nacido en Foios, siguió con impotencia las inundaciones que golpearon su tierra.
Lesionado y sin fuerzas para acudir al estadio, escribió que sentía "frustración e indignación" con los gobernantes, "sean unos u otros" y reclamó "un cambio en este país".
Entonces todavía faltaba el Mundial y el gol. El 20 de julio de 2026, Ferran Torres recibió el balón en la prórroga de la final contra Argentina y marcó el tanto que dio a España su segunda estrella.
Tres días después, durante la celebración por las calles de Madrid, apareció sobre el autobús de los campeones con una gorra roja en la que podía leerse 'Make Spain Great Again' ('Hacer grande a España de nuevo'), una evidente referencia al lema de Donald Trump que popularizó en sus campañas electorales y que suele aparecer en sus características gorras rojas ('Make America Great Again').
Ferran Torres con su gorra 'Make Spain Great Again' durante la celebración de el mundial.
La imagen se hizo viral. "Todo el mundo quiere subirse a la ola" aseguró la Casa Blanca en un mensaje publicado en la red social X. De hecho, el vídeo llegó hasta el propio presidente estadounidense, que la calificó de "bonito homenaje".
La escena también despertó muchas críticas por el significado político de la frase.
Ferran dio su explicación: "No entiendo de política", aseguró. Dijo que había sido "un momento divertido", una forma de celebrar con sus amigos y su familia que España volviera a estar "en lo más alto ganando el Mundial".
🔥 AWESOME! President Trump just gave a huge shoutout to Spain FIFA World Cup star Ferran Torres for wearing a "MAKE SPAIN GREAT AGAIN" MAGA-style cap after his big win
— Eric Daugherty (@EricLDaugh) July 24, 2026
"A great player! He essentially wore a MAGA cap. A nice tribute! I think he meant that very nicely, we… pic.twitter.com/3trnVNSdib
Este revuelo duró lo que duró la resaca de la celebración. El siguiente, en cambio, quedó grabado en una pared de Barcelona.
El artista urbano TvBoy pintó a Ferran con la camiseta de España, besando la Copa del Mundo. El mural apareció en la calle Escorial, en el barrio de Gràcia, y apenas había pasado un día cuando amaneció cubierto de pintura blanca.
Sobre la imagen apareció "Puta Espanya" y, posteriormente, "¡Queremos selecciones catalanas!". El Ayuntamiento terminó cubriendo por completo la obra.
Ferran había tardado 106 minutos en convertirse en el héroe de España. En Barcelona, bastaron unas horas para que su imagen se convirtiera en un símbolo sobre el que proyectar una disputa que ya no pertenecía al terreno de juego. La camiseta que para unos representaba una victoria acababa de convertirse, para otros, en el motivo del ataque.
Mural de Ferran Torres vandalizado.
El embajador de Valencia
Mientras en Barcelona su imagen había generado rechazo, Valencia quería convertirlo en embajador de la Comunitat.
El 5 de agosto, el Consell anunció que Juanfran Pérez Llorca recibiría al futbolista para formalizar un protocolo de colaboración.
Dos días después, el 7 de agosto, ambos firmaron en el Palau de la Generalitat el acuerdo por el que Ferran se ha convertido en imagen de la Comunidad Valenciana.
El objetivo: proyectarla "en el ámbito nacional e internacional" y poner en valor sus atractivos "culturales, deportivos, sociales y territoriales".
El president de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, junto a Ferran Torres.
El comunicado del Gobierno valenciano describe al delantero como algo más que un deportista de éxito. Ferran Torres, versa el comunicado, "personifica el triunfo del trabajo constante, el esfuerzo, la humildad, la resiliencia y un profundo orgullo por sus raíces".
La elección tiene una lógica territorial. Ferran nació en Foios, entró con siete años en la cantera del Valencia y ha llevado el nombre de su tierra por Inglaterra, Barcelona y, sobre todo, por la selección española. Incluso durante la DANA, cuando estaba lesionado, regresó a Valencia para colaborar como voluntario en l'Horta Sud.
El acuerdo apenas llevaba unos días firmado cuando el PSPV-PSOE decidió pedir la documentación. El 11 de agosto, la diputada socialista Mercedes Caballero registró varias preguntas y peticiones en Les Corts para conocer qué se ha pactado exactamente entre la Generalidad y el futbolista.
Los socialistas reclaman el protocolo, los informes de la Abogacía de la Generalitat y de la Intervención, el eventual contrato "con sus anexos y cláusulas" y las "facturas vinculadas al protocolo".
También preguntan por las acciones concretas que realizará Ferran, la duración del acuerdo y el "coste anual, directo o indirecto" de su representación.
Hay una cifra que, de entrada, queda fuera de la discusión: Ferran no cobrará por ser embajador. La Generalitat asegura que "no recibirá contraprestaciones económicas". Sin embargo, el PSPV sostiene que "sí existirá un coste para la Generalitat Valenciana" y quiere saber qué organismo gestionará las actividades y cuánto dinero requerirán.
También pregunta por los intermediarios. ¿Han participado en el acuerdo el representante de Ferran, alguno de sus clubes o sus patrocinadores? ¿Ha asumido la Generalidad algún compromiso económico con ellos? Son algunas de las cuestiones que figuran en las preguntas registradas por Caballero.
Esta no es la primera vez que el nombre del delantero acaba bajo el foco político por un asunto que ocurre lejos del césped. Antes del protocolo de la Generalidad, Ferran ya había aparecido en el debate sobre la vivienda.
La acusación de Sumar
El 21 de julio, un día después de que España se proclamara campeona del mundo, Alberto Ibáñez, diputado de Sumar y portavoz de Vivienda de la formación en el Congreso, señaló al futbolista a través de sus redes sociales.
Aseguró que Ferran disponía de "20 viviendas" a través de Eleven Future Invest, la sociedad patrimonial vinculada a su familia, y la calificó de "fondo buitre".
"Deje de especular con las viviendas y póngalas a disposición de la ciudadanía", le reclamó.
Sin embargo, la documentación consultada por EL ESPAÑOL y las comprobaciones realizadas por este periódico revelaron al día siguiente que Eleven Future Invest no tenía 20 viviendas, sino cuatro residencias y un terreno.
Su principal activo era un inmueble de uso terciario situado en Valencia que albergaba medio centenar de oficinas alquiladas a empresas. El edificio, además, procedía del patrimonio familiar.
El dato, por tanto, distaba considerablemente de las "20 viviendas" atribuidas al futbolista. También lo hacía la naturaleza de la sociedad respecto de la etiqueta empleada para definirla: su principal activo no era una cartera de pisos destinados al alquiler, sino un edificio de oficinas.
No es la primera vez que un futbolista ve cómo su nombre abandona las páginas deportivas para entrar en conversaciones de otro tipo, más próximas a la política que al fútbol.
Algunos antes, otro delantero quedó en el centro de la polémica por hacer de su identidad española una parte visible de su personaje público: Salva Ballesta.
El precedente valenciano
Antes de que Ferran Torres se convirtiera en el héroe de España, el Valencia CF ya había tenido a otro delantero al que el fútbol elevó a la categoría de símbolo.
Salva Ballesta llegó al Valencia en 2001, después de proclamarse Pichichi de Primera con el Racing de Santander, y formó parte del equipo de Rafa Benítez que conquistó la Liga 2001-2002. Su paso por Mestalla quedó ligado a una de las épocas más felices del valencianismo.
Al igual que Ferrán, Ballesta nació lejos de los grandes focos y encontró en el fútbol una forma de llevar el nombre de su tierra mucho más allá de Valencia. Salva lo hizo desde aquel Valencia campeón; Ferran, desde la selección española que acaba de conquistar el Mundial.
Pero Salva añadió a aquella condición de futbolista una seña de identidad que nunca ocultó. Llevaba la bandera española en sus botas, había grabado en ellas "Arriba España" y en ocasiones celebraba los goles con un saludo militar.
Hijo y nieto de militares, hablaba abiertamente de su orgullo por España y terminó convirtiendo esa forma de mostrarse en una parte inseparable de su imagen pública.
La frontera entre el futbolista y el personaje público terminó difuminándose. En 2013, ya retirado, Abel Resino quiso incorporarlo como segundo entrenador del Celta.
Salva había emprendido el viaje hacia Vigo cuando recibió una llamada de Carlos Mouriño, entonces presidente del club, para comunicarle que finalmente no formaría parte del cuerpo técnico.
La llegada había provocado el rechazo de parte de la afición, que llegó a calificarle de "facha", "fascista" o "nazi".
Mouriño negó que existiera un veto y sostuvo que la decisión respondía a los informes recibidos por el club. "El Celta no veta a nadie, contrata o no contrata, pero no veta", afirmó.
"Yo lo único que he hecho es enorgullecerme de ser español, y eso parece que a algunas personas no le gusta", respondió.
Siete años después, cuando EL ESPAÑOL habló con él, seguía defendiendo aquella exposición sin arrepentimiento. "Yo siempre he dicho las cosas sin miedo a nada. Me da igual lo que diga y opine la gente de mí", aseguró.
Y explicó qué había detrás de la bandera que había llevado durante su carrera: "Soy una persona que se siente español y quiero que España sea la más grande en todos los conceptos".
Ahora la historia vuelve a Valencia y como él, la historia de Ferran ya no aparece únicamente en las páginas deportivas. Ferran sigue jugando al fútbol, pero su nombre ya se ha instalado en otro terreno: el de la política.
El nombre del futbolista que hasta hace unas semanas era noticia por su gol en el Mundial, aparece ahora en las instituciones, en las preguntas parlamentarias y en una disputa sobre la oportunidad y el coste de convertirlo en imagen de su tierra.
