Antes de ser el encargado de realizar las plantaciones de droga, Daniel —nombre protegido— se dedicaba a observar. Su 'patrón', como todavía le llama aunque ya no esté en el negocio hace unos meses, le pedía que se desplazara en su coche a las afueras de Madrid.
No le daba una dirección o un destino al cual ir. Él tenía la libertad de elegir su destino, la calle por la cual girar y el pueblo al cual entrar. Por lo general, estas labores las iniciaba entre abril y mayo de cada año.
Entonces, iba primero a las ciudades cercanas: Móstoles, Getafe, Alcorcón, Torrejón de Ardoz, Alcalá de Henares, San Sebastián de los Reyes o Alcobendas.
Pasaba algunos días haciendo esos trayectos. Hasta que decidía que para su misión no era lo mejor. Él, según su patrón, debía encontrar un chalet o piso perfecto, alejado de Madrid, sin la Guardia Civil cerca, con poco flujo de gente y en el que viviera una pareja o una sola persona.
Su presencia no despertaba sospechas en nadie. A los ojos de cualquiera, Daniel es alguien afable, tranquilo. No tiene los rasgos de un pandillero, tampoco tatuajes en sus brazos.
Mucho menos tiene la mirada de un criminal ni se destaca por su estatura, fuerza y musculatura. Al contrario: tiene la pinta de un científico al que no le gusta hablar. Su barba es despoblada y descuidada; sus ojos son pequeños y color marrón; no mide más de 1,70 y tiene uno de los dientes delanteros partido casi a la mitad.
Viene desde Ecuador, aunque vive en España desde hace más de 30 años. Dice chaval y a veces, con sus raíces, recuerda que es 'pana'.
"Creo que en ese trabajo pude hacerlo bien porque, justamente, nadie pensaba en mí cuando se buscaba el prototipo de un criminal", asegura.
Elección
Él todavía guarda el secreto de los lugares que elegía junto a la mafia para cultivar.
"No puedo arriesgarme. Gané mucho dinero gracias a ellos y si se enteran de que he hablado, posiblemente me busquen", expresa.
Sus ojos no reflejan temor al pensar en que ellos podrían buscarle. Para él se trata más de un pacto que no debe romper.
Lo único que sí dice son las condiciones: no deben estar a más de una hora de Madrid en coche, su acceso debe ser rápido y la ubicación, de preferencia, debería quedar en la zona rural, donde hay pocos vecinos.
Una vez decidían el sitio, empezaban ahora a buscar el piso o el chalet. Pasaban varios días por la zona y se ganaban la confianza de su objetivo.
Cuando eso sucedía, entonces llegaba la parte final de la acción.
"Debía ser alguien que no pasara de unos 40 años", comenta.
Adicionalmente, el perfil que intentaban buscar era el de alguien que estuviera pasando por algún tipo de apuro económico: la enfermedad de un familiar, haber perdido recientemente sus ahorros, no tener un trabajo estable o cualquier tipo de situación.
"Si ya teníamos la confianza de la persona y demás, entonces empezábamos el plan. Yo me encargaba de preguntarle cuánto dinero necesitaría para irse de vacaciones por cerca de tres meses, que si pensaba irse a casa de sus padres a descansar o algo por el estilo", explica.
La primera reacción de todas las personas que accedieron, según Daniel, era perder la confianza que ya se había ganado. Nadie querría dejar su chalet o piso a un desconocido porque sí.
Allí la persona ya empezaba a desconfiar. Daniel respondía a sus interrogantes hasta donde podía: le decía que, durante esos tres meses, él podría ganar hasta unos 20.000 euros en efectivo simplemente por irse.
Y que él mismo sabía la respuesta a sus preguntas.
"Obviamente ya saben que perteneces a una mafia, que estás buscando un sitio para hacer algo ilegal y que ellos van a obtener un beneficio de eso", agrega.
Plantación
La parte más difícil del plan es, justamente, hacer que una de estas personas acceda. En ese punto ya entra el poder de convencimiento de quien esté negociando.
Pero, una vez accede, el plan se pone en marcha: la persona suele irse de vacaciones a casa de algún familiar cercano y recibe como adelanto la mitad del dinero que se ha pactado.
Cuando desaloja el piso, entra un equipo especializado de los narcos encargado de las plantaciones.
Si es un chalet, acondicionan cada uno de los niveles para poder sacar la mayor producción posible.
"Generalmente tenemos varios armarios de cultivo, iluminación LED, extractor de aire, filtro de carbón, ventiladores, debe medirse la humedad, temperatura, el pH y EC, además de un sistema de riego", asegura.
Este tipo de elementos pueden llegar a costar hasta unos 30.000 o 40.000 euros, según el excultivador.
También buscan sitios que sean alejados de la ciudad y tengan pocos habitantes por el olor que emite la vivienda. Además, Daniel asegura que una de las formas en que la Policía detecta los pisos que son usados son mediante termómetros, dado que, por el uso de LED, la temperatura de la vivienda suele aumentar.
Una vez tienen todos los elementos, empiezan las plantaciones. Estas suelen tardar unos tres meses cuando se aceleran los procesos y no se busca una de calidad más alta, que suele tardar hasta seis meses.
"En tres meses podemos sacar más de 100 kilos en una plantación si hay un buen cultivador, que sepa los trucos del negocio", expresa.
Si es así, el kilo de marihuana suele costar 1.500 euros cuando es de baja calidad, y 2.000 euros cuando es de buena calidad.
"Con una sola plantación de tres meses podemos hacernos más de 300.000 euros. Simplemente se va rotando de espacio para minimizar riesgos", dice.
En su caso, él trabajaba con personas que fueran cautelosas y que, si bien querían dinero rápido, no escatimaban en realizar varias plantaciones en lugares diferentes.
Esto llevó a que nunca lo atraparan. La Guardia Civil, actualmente, conoce de esta modalidad. Incluso, esta semana realizaron tres incautaciones: dos en Valencia y una en Tenerife.
"Aquí los policías son muy hábiles y astutos. Ellos conocen estos movimientos y tú debes ser más rápido para evitar que te atrapen. Yo me retiré con lo necesario para vivir tranquilo", comenta.
Ahora, Daniel vive alejado de Madrid. Teme cada vez que debe ir a la ciudad y pasa al lado de algún guardia civil.
"Tengo la eterna pregunta de si algún día me van a atrapar por lo que hice o si simplemente puedo seguir viviendo", finaliza.
