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Fátima Hamed Hossain llevaba varios días observando cómo aumentaban las llegadas a nado, cómo se agotaban los recursos de una ciudad acostumbrada a vivir pendiente de Marruecos y cómo la frontera volvía a convertirse en una sucesión de personas empapadas, agentes desbordados y servicios públicos incapaces de absorber por sí solos una emergencia de esa magnitud cuando decidió dirigirse directamente a Pedro Sánchez.

"La frontera sur de Europa no puede ni debe estar abandonada a su suerte de esta manera", escribió la dirigente del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía junto a unas imágenes de Ceuta, reclamando que desde La Moncloa se actuara de inmediato.

Era una acusación especialmente significativa por quién la formulaba: una mujer musulmana, líder de una formación localista de izquierdas, conocida fuera de la ciudad por sus enfrentamientos con Vox y por haber promovido la declaración de Santiago Abascal como persona non grata después de la crisis migratoria de 2021.

La vicepresidenta segunda de la asamblea y portavoz del Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía, Fatima Hamed, durante una sesión plenaria en la Asamblea de Ceuta, a 23 de julio de 2024. Antonio Sempere / Europa Press.

Esta vez, sin adoptar el discurso de la invasión ni pedir la expulsión indiscriminada de quienes habían cruzado, Hamed señalaba al Gobierno de Sánchez y afirmaba que la reacción del Estado estaba llegando tarde.

La aparente contradicción le ha acompañado durante toda la última semana. Hamed ha defendido durante años los derechos de los migrantes, ha denunciado su criminalización y ha combatido la identificación interesada entre población musulmana, inmigración irregular y lealtad a Marruecos.

Pero la situación que encontró el jueves 30 de julio cuando se dirigía a una sesión plenaria le llevó a emplear contra el Ejecutivo uno de los reproches más graves que pueden formularse desde Ceuta: el abandono.

Aquel día, hacia las ocho o las nueve de la mañana, comprendió que las entradas intensificadas durante la semana anterior habían adquirido las dimensiones de una crisis migratoria y humanitaria comparable a la de mayo de 2021.

Después calificaría la actuación del Gobierno como tardía, pasiva e insuficiente y reprocharía a Madrid que hubiera rechazado la petición ceutí de declarar la emergencia nacional sin ofrecer garantías claras ni plazos para recuperar la normalidad. "No podemos estar pidiendo auxilio cada vez que llega un periodo crítico", resumió.

Ceuta, sostiene Hamed, conoce los flujos migratorios porque convive con ellos de manera permanente; lo que desborda a la ciudad son los episodios en los que miles de personas llegan durante un periodo muy breve y las instituciones locales quedan obligadas a gestionar una crisis internacional con medios municipales y autonómicos.

La dirigente que ha acusado a Sánchez de dejar la frontera abandonada nació en Ceuta en 1978 y creció en Los Rosales, un barrio periférico levantado alrededor de la antigua prisión y marcado durante su infancia por la pobreza, los tiroteos y la falta de infraestructuras.

Es hija de padres de origen marroquí, musulmanes practicantes, y pertenece a una generación que creció mientras una parte de la población musulmana de Ceuta terminaba de conquistar una ciudadanía española que hoy parece evidente, pero que durante décadas estuvo condicionada por la documentación, el origen familiar y las sospechas sobre su pertenencia.

Crecer en Marruecos

Hamed ha reivindicado siempre una identidad española y musulmana y ha rechazado que los habitantes de la ciudad deban escoger entre su nacionalidad y su religión cada vez que Marruecos presiona la frontera o reclama la soberanía de Ceuta.

La cárcel de Los Rosales influyó en su decisión de estudiar Derecho. Después de terminar el bachillerato en el Instituto Siete Colinas con matrícula de honor, se licenció a través de la Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Una opción que le permitió formarse sin abandonar Ceuta, y comenzó a ejercer como abogada, especializada en mediación civil, hipotecaria y mercantil. También trabajó como profesora tutora de la UNED y mantuvo durante años el despacho y las guardias judiciales mientras ocupaba su escaño en la Asamblea.

La política apareció para ella como una prolongación de esa actividad: una forma de intervenir sobre las desigualdades que había conocido en su barrio y que seguían visibles en una ciudad de apenas veinte kilómetros cuadrados.

Fátima Hamed habla, en la Asamblea de Ceuta en el 2017, frente a Juan Jesús Vivas. Redes.

Entró en la Asamblea en 2007, primero vinculada a la Unión Democrática de Ceuta y después a Coalición Caballas, hasta que en 2014 rompió con esa organización y fundó el Movimiento por la Dignidad y la Ciudadanía.

Al año siguiente, el MDyC obtuvo tres representantes y Hamed se convirtió en la primera mujer musulmana que lideraba un grupo político en una asamblea española.

Su partido se situó en la izquierda localista, con un discurso centrado en los barrios, la igualdad de oportunidades, la vivienda, el desempleo y la mejora de unos servicios públicos que considera distribuidos de manera desigual.

La etiqueta de izquierda musulmana describe el origen y la identidad de buena parte de su base electoral y de su principal dirigente, aunque el MDyC no se presenta como una organización confesional y Hamed insiste en que su proyecto pretende representar a todos los ceutíes, con independencia de su religión.

Anti Vox

Su figura empezó a adquirir dimensión nacional cuando Vox convirtió Ceuta en uno de sus principales escenarios políticos. Hamed reunía las características que el partido de Abascal utilizaba para construir su relato sobre la ciudad.

Era mujer, musulmana, llevaba hiyab, tenía padres de origen marroquí y dirigía una organización asentada en barrios donde la población islámica era mayoritaria.

Los diputados de Vox la llamaron promarroquí, islamista o yihadista; uno de ellos llegó a plantear en público que fuera deportada a Marruecos después de que ella propusiera declarar persona non grata a Abascal.

Javier Ortega Smith, en 2024 en Ceuta mirando el móvil del presidente de Vox Ceuta, Juan Sergio Redondo. E. E. E.P

Hamed respondió defendiendo una españolidad compartida por musulmanes, cristianos, judíos e hindúes, y convirtió sus intervenciones en la Asamblea en una refutación constante de la idea de que un apellido árabe, una determinada indumentaria o la religión de una familia disminuyen su pertenencia a España.

La crisis de mayo de 2021 elevó aquel enfrentamiento. Entre 10.000 y 11.000 personas entraron de forma irregular en Ceuta después de que Marruecos relajara los controles fronterizos en plena disputa diplomática con España.

Abascal viajó a la ciudad, habló de invasión y acusó de promarroquíes y quintacolumnistas a una parte de sus habitantes y representantes políticos, en una alusión dirigida fundamentalmente contra los musulmanes ceutíes.

Persona non grata

Hamed impulsó entonces una declaración para convertir al líder de Vox en persona non grata porque, según defendió ante la Asamblea, había atacado a su gente y había acudido a quebrar la convivencia. La propuesta salió adelante con los votos del MDyC, el PSOE y Caballas, además de la abstención del Partido Popular.

Aquella iniciativa ha sido recuperada ahora por quienes sostienen que Hamed terminó aceptando las tesis de Abascal. El argumento compara dos momentos que comparten la presión fronteriza, aunque las respuestas políticas siguen siendo diferentes.

En 2021, Hamed rechazó que se utilizara la entrada de miles de personas para presentar a la población musulmana de Ceuta como una quinta columna marroquí y para cuestionar su españolidad.

Santiago Abascal, líder del partido Vox, esta semana en Ceuta. Reuters

En 2026 ha reclamado al Estado una actuación inmediata, más recursos y una estructura permanente que permita responder ante futuras crisis, pero continúa oponiéndose al lenguaje de la invasión, a la criminalización colectiva de los migrantes y a la utilización de la emergencia para provocar conflictos entre los vecinos.

Después de los últimos días de tensión pidió calma y defendió que musulmanes, cristianos, judíos, hindúes y personas sin religión habían compartido el mismo desgaste y habían respondido juntos a la crisis.

Hamed tampoco ha moderado su enfrentamiento con Abascal para concentrarse en Sánchez. Cuando Vox publicó que su líder se había desplazado a Ceuta para "dar la cara", cuatro días después del momento más crítico, ella respondió que quienes habían estado presentes desde el principio eran los propios habitantes de la ciudad.

"Lo vuestro es puro marketing", escribió. La dirigente del MDyC cuestionaba así las dos respuestas que considera insuficientes. Primero, la de un Gobierno central que, en su opinión, tardó demasiado en asumir la gravedad de la situación.

Segundo, la de una extrema derecha que llega a Ceuta cuando las cámaras ya están instaladas y utiliza la frontera para extender un discurso que identifica a los musulmanes con el enemigo interior.

Izquierda nacional

Su relación con la izquierda nacional también ha estado atravesada por esa distancia entre la política peninsular y la vida cotidiana de la ciudad.

En noviembre de 2021 participó en Valencia en el acto Otras Políticas junto a Yolanda Díaz, Ada Colau, Mónica García y Mónica Oltra, una reunión presentada como el primer movimiento de un nuevo espacio político progresista.

La presencia de Hamed acabó generando un debate sobre su hiyab, cuestionado incluso desde sectores feministas que lo consideran una prenda vinculada a la subordinación de las mujeres.

Ella defendió que lo llevaba libremente, denunció que su apariencia hubiera desplazado los asuntos sociales que pretendía abordar y recordó que una mujer española no debería estar obligada a justificar ante los demás su forma de vestir.

Yolanda Díaz, rodeada de Ada Colau, Mónica García, Oltra y Fátima Hamed en un acto en Valencia. EFE

La izquierda que la invitó como símbolo de diversidad tampoco consiguió incorporarla de manera estable a un proyecto nacional: Hamed regresó a Ceuta y mantuvo al MDyC como una organización autónoma, dedicada a una política local que rara vez encaja con claridad en las alianzas de Madrid.

Esa autonomía le ha permitido negociar con partidos enfrentados entre sí sin integrarse en sus bloques. En diciembre de 2023 fue elegida vicepresidenta segunda de la Asamblea gracias, entre otros, a varios votos del Partido Popular, que dividió su apoyo entre el socialista Melchor León y la dirigente del MDyC para ocupar las dos vicepresidencias vacantes.

Hamed entró así en la Mesa de la institución mientras continuaba ejerciendo la oposición al Gobierno de Juan Vivas, también del PP. Vox describió el acuerdo como una cesión al islamismo; ella lo presentó como el reconocimiento institucional de una fuerza localista que representaba a miles de ceutíes y que debía fiscalizar los acuerdos, los presupuestos y las inversiones de la ciudad.

Actualmente conserva ese puesto y dirige un grupo de tres diputados dentro de una Asamblea en la que ninguna fuerza puede ignorar por completo a las demás.

Última crisis

La política ceutí obliga a convivir con esas combinaciones porque sus conflictos principales preceden a las alineaciones nacionales. La frontera, la relación con Marruecos, el aislamiento geográfico, la presión sobre los servicios públicos y la desigualdad entre barriadas condicionan cualquier debate que en Madrid puede presentarse como una disputa ideológica.

Hamed ha construido su carrera sobre esa especificidad y ha acusado durante años tanto al PP como al PSOE de recordar Ceuta únicamente durante las crisis, cuando las entradas de migrantes, los disturbios o una nueva tensión con Rabat colocan durante unos días a la ciudad en las portadas.

Su crítica actual contra Sánchez procede de esa misma posición: considera que la frontera requiere inversiones, personal y protocolos estables, y que la respuesta estatal no puede depender de que la situación llegue al colapso antes de movilizar recursos.

Un soldado español hace un gesto a los migrantes que se dirigen hacia la frontera con Marruecos, tras las cruces masivas de migrantes a pie y por mar desde Marruecos hacia territorio español. Fabian Bimmer / REUTERS.

Hamed sabe que exigir una actuación más contundente la expone a que sus adversarios celebren una supuesta conversión y a que una parte de la izquierda le reproche haber endurecido su lenguaje.

También sabe que permanecer en silencio habría resultado difícil de explicar en Los Rosales y en los demás barrios donde comenzó su política.

Durante casi veinte años, su carrera ha recorrido la distancia que separa aquella antigua cárcel de la Mesa de la Asamblea, pero el centro de su discurso apenas se ha desplazado: la exigencia de que un ceutí pueda ejercer sus derechos sin que su barrio, su apellido o su religión determinen la atención que recibe del Estado.

En la última crisis, esa reivindicación dejó de dirigirse principalmente contra Vox y alcanzó al Gobierno de Pedro Sánchez.

Mientras miles de personas trataban de cruzar desde Marruecos y la ciudad volvía a medir la fragilidad de sus recursos, Fátima Hamed, la dirigente musulmana que había combatido la criminalización de los migrantes y la desconfianza sobre los suyos, reclamó a Madrid que asumiera una frontera que también era la suya.