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Nadie sabe con precisión cuántos menores permanecen en Ceuta tras la última crisis migratoria. Los datos oficiales hablan de 1.100 jóvenes, mientras la Asociación de Vecinos de El Príncipe asegura haber reunido 4.862 registros todavía sin contrastar oficialmente.

La entidad calcula que la cifra real podría situarse entre 5.000 y 6.000 menores, una diferencia que ha dejado al descubierto el caos del recuento y la falta de una base común entre la Administración y las barriadas.

La crisis alcanzó su punto más crítico el 31 de julio, cuando 72.000 personas intentaron cruzar desde Marruecos hacia Ceuta. La jornada dejó imágenes de jóvenes avanzando a nado, grupos concentrados frente al perímetro fronterizo y militares y policías desplegados por las calles de la ciudad.

La diferencia no se limita a dos números enfrentados. Las asociaciones vecinales aseguran que cientos de menores continúan escondidos en montes, viviendas y distintas barriadas, mientras elaboran sus propios listados ante la ausencia de un recuento común.

En medio quedan los menores que permanecen escondidos, cambian de barrio o todavía no han sido identificados.

Ahmed Enfedal, presidente de la asociación de vecinos de la barriada de El Príncipe en Ceuta, lleva consigo las listas confeccionadas durante los últimos días. Distintas barriadas, explica, les han ido haciendo llegar nombres y datos de menores que todavía permanecen fuera de los centros.

"La diferencia es inmensa"

Según su cálculo, en Ceuta puede haber "entre 5.000, 5.600 o hasta 6.000" menores, muy por encima de los datos oficiales que se manejan hasta ahora. "La diferencia es inmensa", resume.

El recuento impulsado desde El Príncipe se centraliza en un archivo de Excel. A cada joven le piden nombre, apellido y fecha de nacimiento, y esos datos se incorporan a una base que permite detectar posibles registros repetidos.

Enfedal explica que este sistema les permite reducir las duplicaciones entre las listas que llegan desde distintas barriadas. Aun así, reconoce que el registro deberá ser contrastado por la Administración, ya que puede haber jóvenes que declaren una edad distinta de la real o datos que requieran una comprobación oficial.

"Los datos los tengo yo conmigo. Me los voy a llevar para que ellos los vean, sepan y contrasten si eso es verdad o no", explica. Hasta ahora, añade, no han mantenido una conversación específica con la Administración sobre la enorme distancia entre ambos registros.

El censo vecinal se ha levantado con medios mínimos. En algunos momentos participaron seis o siete voluntarios de la asociación y del barrio; en otros, apenas cuatro o cinco. Algunos podían dedicar ocho horas y otros solamente dos.

Mientras anotaban nombres, también intentaban atender las necesidades más urgentes. En una de las jornadas repartieron 150 bocadillos, agua y bollería. Como la comida no alcanzaba para todos los que se acercaron, decidieron priorizar a los más pequeños.

La asociación sostiene que muchos de esos menores siguen en la calle. El CETI no puede recibirlos porque está destinado a personas adultas, mientras que los centros específicos para menores se encuentran, según Enfedal, saturados.

Los menores inmigrantes que pasan la noche en el polígono industrial de El Tarajal, en Ceuta. Europa Press

Ante esa situación, los vecinos han propuesto que se habiliten de forma provisional varios polideportivos. Son espacios que disponen de duchas y baños y que, a su juicio, permitirían sacar de la calle, al menos, a los más pequeños.

"Prefiero que una niña o un niño de 13 o 14 años esté en un sitio cerrado o vigilado, aunque no tenga todas las comodidades del mundo, a que esté en la calle", afirma Enfedal.

La asociación se ha reunido en dos ocasiones con la Delegación del Gobierno y ha hablado con el consejero de Gobernación de Ceuta. Sin embargo, todavía no se ha reunido con responsables de la Ciudad para cruzar formalmente los listados.

Enfedal considera que la respuesta institucional es insuficiente. El consejero, explica, les prometió que harían todo lo posible para resolver la situación, pero el representante vecinal cree que todavía se puede hacer más.

Menores ocultos

El problema es que tampoco existe un modo sencillo de saber cuántos menores permanecen fuera del sistema. Rahma, presidenta de la Asociación de Vecinos de Benzú, admite que en su barrio han visto jóvenes que no aparecen en los recursos oficiales, pero rechaza elaborar un censo propio porque no lo considera fiable.

"Yo creo que ni siquiera el Gobierno va a tener cifras exactas", sostiene. Según explica, muchos menores permanecen en el monte, se esconden porque piensan que pueden ser devueltos o se refugian en viviendas.

Hasta que no sean ubicados y realojados, dice, será imposible conocer el número real.

El propio presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, reconoció esta tarde en rueda de prensa que todavía no puede ofrecer una cifra exacta porque el recuento no está cerrado. Según explicó, la ciudad aún no ha salido de la emergencia y permanecen en ella entre 3.000 y 6.000 personas llegadas durante la avalancha.

Esa horquilla no corresponde únicamente a menores, sino al conjunto de personas que, según el Gobierno ceutí, continúan en la ciudad. Vivas calificó lo ocurrido como una "crisis humanitaria de mucha envergadura" y admitió que están atentos a las amenazas que circulan sobre que se produzca otra entrada masiva a corto plazo.

El Gobierno de Ceuta ha pedido al Ejecutivo central reforzar las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, recuperar la normalidad y adoptar medidas urgentes para mejorar las infraestructuras fronterizas.

Vivas sostiene que la población se siente insegura y reclama presencia policial en cada rincón de Ceuta.

El presidente ceutí también defiende la devolución inmediata, a través de la frontera del Tarajal, de quienes entraron de manera irregular durante la avalancha. Al mismo tiempo, apeló a la solidaridad nacional y reivindicó a Ceuta como un modelo de convivencia respetuoso entre personas de distintos credos y orígenes.

Rahma asegura que la mayoría aparece de noche, cuando disminuye el patrullaje o los agentes se concentran en zonas concretas. Durante el día, muchos permanecen ocultos y cambian continuamente de lugar.

Ceuta, recuerda, es una ciudad muy pequeña. Un joven puede encontrarse en Benzú, tomar un autobús para comprar comida en el centro y trasladarse después a El Príncipe, Benítez o alguna de las playas periféricas. Ese movimiento constante vuelve casi imposible asignar cifras estables a cada barriada.

En Benítez, donde se encuentra el CETI, Rahma asegura que existen acampadas y una mayor concentración de personas. Cuando aparecen militares o policías para comprobar la situación, algunos se esconden y se desplazan hacia otros puntos.

Esa movilidad también eleva el riesgo de duplicar registros. Un mismo menor puede ser visto y anotado en distintos barrios, mientras otro puede no aparecer nunca ante una asociación ni ante las autoridades.

En Postigo, una referente vecinal calcula que durante los últimos días llegaron a ver unos 400 jóvenes en la zona. Muchos se escondían en el monte cercano a la parada del autobús, entre viviendas o dentro de casas abandonadas.

Después de una intervención del Ejército y la Policía, asegura que se llevaron a un gran número, aunque calcula que todavía podrían quedar entre 100 y 150 escondidos por distintas esquinas de la barriada.

En Postigo tampoco se está realizando ningún conteo. Su referente explica que algunos vecinos ofrecieron inicialmente ropa, zapatos o comida, pero después comenzaron a dirigir a los jóvenes hacia centros de mayor tamaño para que pudieran ser vistos y contabilizados.

Desde Benzú también describen una red de ayuda dispersa. Rahma menciona a la Fundación Sabah, que acoge y alimenta a mujeres y chicas y permite que algunos jóvenes se duchen o se cambien, además de la colaboración de Cáritas, otras entidades y particulares que preparan bocadillos.

La reacción oficial

La ministra de Juventud e Infancia, Sira Rego, viajará este jueves a Ceuta para conocer los recursos destinados a los niños, niñas y adolescentes migrantes no acompañados que llegaron tras la crisis del 30 y 31 de julio.

Este viernes se reunirá con el delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez, y continuará visitando los dispositivos de acogida. También mantendrá un encuentro con la Asociación Elín, dedicada a la atención de personas migrantes.

El Ministerio de Juventud e Infancia asegura que sigue la situación desde el 27 de julio y que mantiene contacto con el Gobierno de la Ciudad Autónoma, la Delegación del Gobierno y el resto de las administraciones implicadas.

Rego solicitó la apertura de dos colegios para recibir a los menores llegados durante la crisis, especialmente a las niñas. Uno de esos centros ya ha sido habilitado y acoge a más de un centenar de menores que han pasado allí su primera noche.

El Gobierno central también ha aprobado una partida extraordinaria de 25 millones de euros para la atención de los menores migrantes en Ceuta.

No existe, según los testimonios recabados, un registro compartido entre las asociaciones vecinales que permita saber cuántos menores distintos han pasado por cada zona.

El resultado sigue siendo una fotografía incompleta por ambos lados. Mientras los vecinos acumulan registros que deberán ser revisados por la Administración, las asociaciones aseguran que numerosos menores continúan durmiendo en montes, viviendas abandonadas, playas o calles.

La apertura de nuevos recursos y la llegada de la ministra buscan empezar a ordenar la acogida, pero todavía no existe un recuento común entre la Ciudad, el Gobierno central y las entidades vecinales.

"Es muy difícil", repite Rahma. Enfedal conserva el Excel con los nombres a la espera de poder cruzarlo con los datos oficiales. Entre ambas contabilidades queda el verdadero agujero de la crisis: los menores que todavía no aparecen en ninguna cifra comprobada.