Manolo Navalmoral nació en el campo. A las afueras de Madrid, en una finca familiar, es el único concepto que tiene de vida.
Allí el tiempo transcurre diferente. El ruido, los coches y las carreteras son algo lejano para él. Su existencia pasa entre trochas y cultivos. Vecinos afables. Y la vida como espacio, no como tiempo.
Junto a su familia cosecha pimientos para hacer pimentón de la vera. También tabaco. Si necesita leche, tiene junto a él vecinos con vacas y se la entregan recién ordeñada.
No conoce los conservantes en los productos naturales. La timidez en él también es un añadido. No se fía de quienes vienen de ciudad y se le hace extraño cuando el punto de atención es él.
"Las inclemencias del tiempo y luchar por un precio justo son de las cosas más difíciles", dice. También se considera afortunado. En estos tiempos, lo habitual radica en la desgracia: los ganaderos y agricultores que lo perdieron todo tras los incendios.
En su caso no fue así. El fuego no tocó su cosecha. Pero lo que sí le ha afectado enormemente es la falta de personal.
"Conseguir un trabajador es muy difícil. La mano de obra no es sencilla. Las personas ya no quieren trabajar en el campo", asegura.
La falta de mano de obra en el campo es una realidad. Las personas, actualmente, buscan una ciudad en la cual radicarse.
En su caso, ofrece un sueldo competitivo. Una vivienda. Cubre los suministros y suele hacer comidas con sus empleados para que el trabajo sea más ameno.
"Los incendios, en gran parte, también se deben a tantos terrenos vacíos. Si hubiese más gente dedicada al campo, posiblemente no tendríamos el problema que hay actualmente", asegura.
El campo
En gran medida, los agricultores coinciden en que es complicado conseguir trabajadores españoles. Por ello, en los migrantes ven una oportunidad.
Así fue como llegó Percy Ordoñez desde Guatemala hasta España en 2025. Encontró una oferta de trabajo en internet, se contactó y a los pocos días estaba conociendo la finca en la que iba a trabajar.
Desde el principio, su "patrón", como siempre le ha llamado -incluso ahora que ya no trabaja con él-, le inculcó el amor por el campo y el respeto por ese trabajo.
"La vida en el campo es muy tranquila. El trabajo es duro porque son muchas horas bajo el sol, pero es la comida que llega a la mesa de todos y se debe respetar", asegura.
Trabajó allí durante tres meses. Y tuvo que regresar a Madrid porque la temporada en el campo se había terminado.
Después de eso consiguió un trabajo más monótono y estresante como repartidor. Pasó de divisar montañas, campos y naturaleza al ruido de las avenidas, a protegerse de los coches y a correr contra el tiempo.
"Siempre me pedían regresar, pero era complicado por el hecho de que ya tenía algo estable en Madrid. Yo también quería volver, pero vivir de las temporadas es algo difícil", comenta.
Percy coincide en que el campo es una oportunidad desaprovechada. "Si las personas entendieran que si quieren acabar con los incendios es necesario poblar la ruralidad y cuidarla, creo que las cosas mejorarían muchísimo".
Proyecto
Repoblar la España vaciada no es la primera vez que se intenta. En un pasado, el Proyecto Mosaico buscaba aquello que parece imposible: que las personas vuelvan a vivir en la ruralidad.
Todo esto con una intención clara, que es erradicar los incendios cuando el verano llega.
"La España rural está muriendo. Los pueblos están muriendo. Hay cientos de viviendas desocupadas, escuelas cerradas y hasta los bares porque no hay clientes", asegura José María Pagador, un periodista que ha estado investigando al respecto.
Él junto a Juan Serna (premio nacional de medioambiente) y Feliciano Correa han ideado, entre utopías, la manera de frenar las llamas. Reconoce que entre ellos han intentado continuar con el Proyecto Mosaico, de autoría de Fernando Pulido.
"Hemos estado conversando y lo que creemos es que con un millón de pastores y agricultores, todo este problema de los incendios se acabaría", dice.
Esa propuesta tiene, en gran medida, el espíritu del Proyecto Mosaico: llenar lo que ahora está vacío. Además, también se aliviaría la crisis de la vivienda que atraviesan diversas comunidades en España.
"Lo ideal es que las personas puedan volver a vivir en el campo y en la España vaciada con todas las garantías: tiendas, comercios, bares, centros educativos y de salud. Adicionalmente, que se les pague un sueldo por trabajar en el campo", agrega Pagador.
Esta propuesta, bajo la perspectiva de Navalmoral, tiene un fundamento: si hay más personas que cuiden del campo, lo limpien y también lo trabajen, posiblemente no habría incendios de las magnitudes que han sucedido este año.
"Lo que estamos viendo es que el campo está abandonado, sin nadie que lo habite. Hay zonas con maleza, pasto seco y las altas temperaturas lo llevan a la combustión", agrega Percy.
Las medidas que se toman después de los incendios, incluso, pueden salir más costosas que si se intentara que las personas intentasen repoblar la España vaciada.
"Yo amaría vivir en el campo. Es un privilegio estar alejado de la ciudad y estar en la naturaleza. El problema siempre radica en que se habita en pueblos olvidados, sin nada cercano", concluye Percy.
