El Gobierno admite que reaccionó tarde ante la crisis de Ceuta porque la atención de La Moncloa y del Ministerio del Interior estaba concentrada en los incendios de Madrid y Ávila, convertidos durante la semana anterior en la principal emergencia nacional.
Fuentes del Ejecutivo reconocen a EL ESPAÑOL que las señales que llegaban desde el Tarajal se interpretaron como un repunte migratorio todavía controlable y no alcanzaron el primer nivel de decisión hasta que la frontera ya había comenzado a colapsar.
"Ceuta no estaba en el radar. Estábamos volcados en los incendios", resume una de las fuentes consultadas. Otra admite que la respuesta se activó tarde, cuando el aumento progresivo de las llegadas a nado se transformó, en cuestión de horas, en una entrada de decenas de miles de personas.
La explicación del Gobierno no supone que se ignorara por completo lo que ocurría en la ciudad autónoma. Interior recibía informes de la Guardia Civil sobre el incremento de los intentos de entrada, conocía las advertencias del presidente ceutí, Juan Vivas, y había reforzado previamente los efectivos desplegados en la zona.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska (i), acompañado del delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez (d), ofrece declaraciones a los medios este sábado en Ceuta.
La cuestión es por qué esas señales no condujeron a una alerta política y operativa de mayor nivel.
Respuesta tardía
La respuesta que ofrecen distintas fuentes gubernamentales es que el Estado estaba gestionando al mismo tiempo otra crisis de enorme magnitud. Fernando Grande-Marlaska había asumido la dirección de la emergencia de interés nacional declarada por los incendios en Madrid y Ávila, ampliada después a otros territorios.
Interior coordinaba evacuaciones, confinamientos, la intervención de la Unidad Militar de Emergencias, la llegada de medios internacionales y el despliegue de recursos de distintas administraciones.
Durante esos días, los incendios ocuparon las reuniones de seguimiento de Moncloa, la agenda del presidente y la estructura de coordinación del ministerio. Ceuta aparecía en los informes, pero no como la siguiente gran emergencia del país.
Varios agentes de la Guardia Civil, junto a un grupo migrantes, después de que entraron a nado a mediados de julio, en Ceuta.
"El problema es que las señales estaban ahí, pero no indicaban lo que finalmente ocurrió", sostiene una fuente del Ejecutivo. El Gobierno defiende que ningún servicio de información ni informe operativo anticipó que Marruecos dejaría de contener el flujo en la frontera ni que unas 50.000 personas podrían entrar en apenas una jornada.
Ese argumento explica una parte del retraso, aunque no lo elimina. La presión migratoria llevaba días aumentando, las autoridades ceutíes reclamaban medidas y el reciente criterio judicial sobre las devoluciones de quienes entraban a nado había creado una dificultad añadida.
El Ejecutivo conocía todos esos elementos, pero los evaluó como problemas separados y manejables.
Solicitud de ayuda
Fuentes del Gobierno de Ceuta sostienen que la Administración central recibió avisos suficientes para comprender que la situación estaba dejando de ser ordinaria.
La Ciudad trasladó durante los días anteriores su preocupación por el aumento sostenido de las entradas, la saturación de sus recursos de acogida y la ausencia de capacidad para absorber un repunte mucho menor que el que finalmente se produjo.
"No dijimos que fueran a entrar 50.000 personas, porque nadie podía saberlo, pero sí que la situación estaba empeorando y que no teníamos medios", subrayan fuentes autonómicas.
En Ceuta consideran que Madrid recibió sus advertencias como una reclamación más de efectivos y plazas de acogida, sin elevarlas hasta el nivel político necesario. Al término, la diferencia entre ambas versiones reside en la interpretación de los avisos.
Junta de Portavoces de Ceuta con el presidente, Juan Jesús Vivas en el centro.
Interior sostiene que ninguno anticipaba una apertura de facto de la frontera marroquí. La Ciudad replica que no hacía falta conocer la cifra final para preparar un dispositivo más amplio y establecer qué debía hacerse si la presión continuaba creciendo.
Ese protocolo tampoco existía. No había una respuesta cerrada para coordinar a Guardia Civil, Policía Nacional, Ejército, Delegación del Gobierno y servicios autonómicos ante una entrada de miles de personas sin identificar.
Tampoco se habían fijado espacios suficientes para alojarlas, un sistema extraordinario de filiación ni instrucciones claras sobre los diferentes supuestos jurídicos que podían encontrarse los agentes.
El estallido
La crisis se precipitó cuando las fuerzas marroquíes dejaron avanzar hacia el espigón a miles de personas. A partir de ese momento, cualquier previsión quedó superada. La Guardia Civil no disponía de efectivos suficientes para contener una entrada de aquella magnitud.
Por lo que miles de jóvenes alcanzaron la playa sin ser identificados y la Policía Nacional comenzó a trabajar sin un protocolo claro para gestionar a quienes se dispersaban por la ciudad.
Miles de jóvenes marroquíes llegaron este jueves a la frontera entre Castillejos (Marruecos) y Ceuta para tratar de cruzar la valla que separa las dos ciudades,
La reacción del Gobierno se aceleró entonces. Marlaska canceló su asistencia a la recepción por la Fiesta del Trono en la Embajada de Marruecos, reunió a su equipo y mantuvo contactos continuos con Rabat y con Pedro Sánchez.
Se enviaron refuerzos policiales y militares y se acordó con Marruecos el regreso de la mayoría de quienes habían cruzado.
Para entonces, Ceuta ya estaba desbordada. Los comercios habían cerrado, miles de personas dormían en parques y soportales y los agentes acumulaban jornadas de hasta 16 horas sin instrucciones precisas sobre cómo actuar con quienes seguían en la ciudad.
Llegada del presidente
Sánchez y Marlaska llegaron juntos el viernes, cuando las devoluciones habían comenzado a vaciar las principales avenidas. El presidente se reunió con Juan Vivas, visitó el Tarajal y compareció ante los medios antes de regresar a Madrid.
Su estancia duró apenas unas horas. Después tenía previsto desplazarse a Madrid, priemero, y después a La Mareta, en Lanzarote, para continuar sus vacaciones de verano.
El presidente Pedro Sánchez, este viernes durante su visita a Ceuta.
Marlaska permaneció algo más. Mantuvo reuniones con los responsables del dispositivo y visitó algunos de los puntos afectados, pero abandonó Ceuta este sábado alrededor de las tres de la tarde, unas 24 horas después de su llegada.
A esa hora, el centro comenzaba a recuperar la normalidad, aunque el CETI seguía desbordado, permanecían cientos de migrantes refugiados en barriadas periféricas y los policías continuaban reclamando órdenes concretas.
La llegada de ambos permitió escenificar el control político de la emergencia, pero se produjo cuando la cooperación marroquí ya había hecho posible el regreso de decenas de miles de personas.
El cierre
Interior asegura que 48.300 de las aproximadamente 50.000 que entraron habían vuelto al país vecino. La Ciudad eleva el cálculo inicial de llegadas y cuestiona que pueda conocerse con precisión cuántas continúan dentro.
Los agentes afrontaron mientras tanto una sucesión de situaciones para las que no existía una instrucción uniforme. Entre los recién llegados había adultos, posibles menores, personas que pretendían solicitar protección internacional y jóvenes que carecían de cualquier documentación.
Cada caso requería un tratamiento individual, pero durante las primeras horas la prioridad fue evitar el colapso completo de la ciudad.
Militares y policías comenzaron a localizar grupos, encapsularlos y conducirlos hacia el Tarajal, mientras las órdenes sobre identificación y devolución se modificaban conforme avanzaban las conversaciones con Marruecos.
Dos días después de la entrada masiva, algunos policías seguían denunciando que nadie les había explicado con claridad qué procedimiento aplicar a quienes se negaban a regresar. "No nos dicen qué hacer con esta gente", resumía uno de ellos después de encadenar jornadas de 16 horas.
Los agentes sabían que debían patrullar, evitar incidentes y apartar a los migrantes de las zonas céntricas. Pero no siempre qué hacer una vez que los localizaban ni cómo distinguir entre quienes podían ser devueltos, quienes querían pedir asilo y quienes aseguraban ser menores.
Agentes de la Guardia Civil montan guardia mientras los migrantes se sientan en el suelo en Ceuta, este sábado.
El acuerdo con Rabat redujo rápidamente la presión en las calles y permitió que los comercios reabrieran. La parte de la crisis que permanece sin resolver se ha desplazado hacia el CETI, las instalaciones de menores y barrios como El Príncipe, donde cientos de jóvenes con familiares o conocidos han encontrado refugio para evitar el regreso.
El Gobierno sostiene que no recibió una alerta capaz de anticipar una avalancha semejante. Ceuta asegura que avisó de que la frontera, los centros de acogida y sus servicios se aproximaban al límite.
Entre ambas posiciones queda un hecho admitido por las propias fuentes del Ejecutivo: mientras Interior dirigía la emergencia de los incendios, la presión en el Tarajal creció sin ocupar el centro de las decisiones.
Cuando Ceuta entró finalmente en el radar, la frontera ya había cedido y los agentes trabajaban sin un plan preparado para lo que tenían delante.
