En Sotillo de la Adrada el fuego ya no amenaza con devorar el núcleo urbano, pero el humo sigue brotando de los rescoldos en el monte. Y pese a ello, lo que se respira en el ambiente no es el olor de la ceniza. Es otra cosa.
Es todavía martes 28 de julio cuando EL ESPAÑOL pisa esta población para comprobarlo de primera mano. Más que a humo, huele a impotencia ante el sentir de que, una vez más, los servicios públicos solo han estado a la altura para contener el desastre cuando ya estaba iniciado. No para prevenirlo.
Tampoco para responder en los primeros momentos. Estas no son reflexiones del periodista, que camina por las calles como un mero observador.
🗣️ El avance del fuego en La Adrada (Ávila) ha dejado testimonios que reflejan la angustia vivida durante las primeras horas del incendio pic.twitter.com/mrpSjaOIKq
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) July 26, 2026
Son las valoraciones que hacen a este diario vecinos que caminan por sus calles con el rostro serio por llevar toda la vida pagando sus impuestos, y pese a ello, se han dado cuenta de que estos no han sido destinados a garantizar la seguridad de sus hogares.
"El pueblo lo hemos salvado 500 sotillanos que nos negamos a abandonar nuestras casas y desde el primer momento nos fuimos al monte a contener las llamas".
Lo dice Miguel González, de 32 años, vecino de toda la vida de Sotillo de la Adrada. Es uno de esos voluntarios que ha pasado estos últimos días en el monte haciendo cortafuegos y otras labores.
Sabe lo que hace porque asegura que pasó un año trabajando en la BRIF. Y su balance sobre lo ocurrido es tan oscuro como la ceniza que todavía retira del portal de su casa con una manguera.
"Me fui al monte el viernes con otros voluntarios a prepararnos para evitar que el fuego llegara al pueblo. Trabajamos durante todo el día, llegué a estar 27 horas sin venir a mi casa", explica.
La ceniza ensucia las calles de Sotillo de la Adrada.
En su casa de Sotillo vive su abuela, de 91 años, que por suerte, al ser evacuada a Talavera de la Reina, pudo hospedarse en la vivienda de un familiar.
"Esto parecía una pequeña Asturias. Ahora es un cenicero. Creo que Dios ha puesto su mano encima. Pero el fuego no llegó porque había gente desde el primer momento haciendo cortafuegos", reflexiona.
Además, quienes decidieron quedarse a combatir las llamas tuvieron que pagar un precio.
Las llamas llegan hasta las puertas del núcleo urbano de Sotillo de la Adrada.
González recalca que durante dos jornadas pasaron "cuatro o cinco horas sin luz, sin conexión a internet". Además, de las dos gasolineras del municipio, asegura que una de ellas quedó reservada para uso exclusivo de los vehículos oficiales.
"Por suerte no nos faltó comida ni agua, porque desde los negocios locales y el Ayuntamiento se volcaron con nosotros".
Acceso limitado
Llegar hasta Sotillo de la Adrada este martes era una tarea complicada. En cada vía de acceso, una o varias patrullas de la Guardia Civil impedían el paso.
Otras, sin agentes, disponían de vallas que cortaban el tráfico. Unas barreras que algunos vecinos no tenían reparos en retirar para acceder al lugar.
Quedaban pocas vías que garantizasen acceso pleno y sin restricciones al municipio: pequeños caminos y senderos que, a pesar de estar señalizados y aparecer en el mapa, solo conocen los vecinos de las poblaciones contiguas.
Uno de esos vecinos es Pedro Pablo, hostelero en un pequeño negocio en Almendral de la Cañada: una población que se encuentra justo antes de los primeros cortes en las carreteras principales.
"Aquí también nos confinaron. Yo vivo de unos animales que tengo en una granja cerca de Fresnedilla. La Guardia Civil vino a desalojarnos, ni siquiera pudimos llevarnos a los animales", explica.
🙏 La Guardia Civil trabaja sin descanso para salvar a quienes más lo necesitan, los animales que no pueden pedir ayuda en los incendios: "Garantizamos su bienestar"
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) July 27, 2026
La Guardia Civil acompaña a ganaderos y propietarios de animales hasta las zonas afectadas para facilitar su… pic.twitter.com/6MYhdtTBF2
Ahora, las restricciones se están haciendo más laxas. Al cierre de este reportaje, las autoridades permiten el acceso a algunas de las zonas más comprometidas de 9 a 11 horas y de 15 a 17 horas para que los vecinos con animales pudieran regresar a sus hogares para alimentarlos. Es el caso de Sotillo de la Adrada.
"El fuego ya está controlado", aseguran fuentes municipales consultadas in situ. "Pero no hay que relajarse. Hay que seguir con las labores para que no se produzca ningún conato de incendio, ya que aún quedan brasas activas".
Esas brasas emiten columnas de humo que se pueden observar a simple vista a lo lejos, en el monte.
Rescoldos todavía humeantes del incendio de Ávila, en la frontera del núcleo urbano de Sotillo de la Adrada.
El Ayuntamiento es, precisamente, el punto de control desde el que parte la mayoría de la ayuda profesional y voluntaria para seguir combatiendo el fuego.
En su sótano, el Gobierno local ha habilitado una suerte de comedor para los pocos vecinos que todavía no se han marchado del pueblo, que contabilizan en "menos de 100, sobre todo personas mayores".
Sin embargo, el mismo está frecuentado por bomberos, policías y guardias civiles que aprovechan para descansar.
En este espacio también se amontonan una serie de viandas proporcionadas por las distintas administraciones y también por los empresarios del municipio: fundamentalmente, agua y leche, aunque también hay refrescos, pan y comida.
"Todos los negocios se han volcado: todos los bares, supermercados, panaderías... También las farmacias, proporcionando mascarillas FFP2", exponen desde la Casa Consistorial.
De manera que el Ayuntamiento es un continuo ir y venir de camionetas que regresan de los montes o que parten hacia ellos para seguir combatiendo contra un fuego que sigue siendo peligroso.
"Podría decirse que las llamas se quedaron a un metro del casco urbano. Se detuvieron justo en la frontera, hubo algunas parcelas que sí ardieron pero no tenemos que lamentar daños en edificios", amplían las mismas fuentes municipales.
El lugar exacto donde se detuvieron las llamas, a la entrada de Sotillo de la Adrada, junto a la carretera dirección a La Adrada.
A un tiro de piedra del Consistorio, en la Plaza de Toros, se encuentra el emplazamiento donde los bomberos, la UME y varias unidades de las Fuerzas Armadas han establecido otro punto de control.
Más allá de estos dos focos donde se concentra casi toda la actividad, el resto del municipio vive en una imagen muy similar a la de un estado de alarma.
Es más probable cruzarse con agentes y vehículos de Guardia Civil y bomberos que con civiles. Solo las furgonetas de los voluntarios, en su ir y venir al monte, les igualan en número.
No hay bares abiertos, por razones evidentes. No hay ancianos paseando, ni vecinos tomando el fresco, como es imagen habitual en los rincones rurales del país. No hay que olvidar que el aire está contaminado dada la cercanía de las llamas.
No todos se salvaron
Sotillo de la Adrada vive entre la tranquilidad de haber salvado su núcleo urbano del mayor incendio de la historia de España y la angustia de ver sus montes teñidos de negro.
Sotillo de la Adrada, y al fondo, uno de los montes que ardió parcialmente.
Pero no todo el mundo puede cantar victoria. Al abandonar el municipio en dirección a La Adrada, justo en la frontera entre ambas poblaciones se levanta una urbanización a la que sí han llegado las llamas.
Una vivienda presenta su techo completamente quemado, al igual que toda la naturaleza que le rodea, convertida en carbón.
Un miembro de la familia propietaria de esta casa atiende de forma anónima a este diario.
Hace un esfuerzo por mantener la entereza a pesar de que le va a tocar reconstruir una estructura cuyas paredes albergan 70 años de recuerdos de familia.
"Esto ya no va a volver a ser lo mismo nunca. Hemos invertido nuestra vida aquí, y ahora van a tener que pasar 20 o 30 años hasta que vuelva a ser igual, con toda la naturaleza que la rodea. Yo sé que posiblemente no voy a volver a verlo. Quizá nuestros descendientes sí", lamenta.
Avanzar hacia el siguiente municipio es, aún al cierre de este reportaje, una labor peligrosa. A ambos lados de la carretera aún quedan rescoldos que humean con especial fuerza. El aire se vuelve mucho más denso, casi irrespirable.
Son los restos más latentes del que ha sido el mayor incendio del país desde que se tienen registros. En la provincia de Ávila han ardido en torno a 50.000 hectáreas.
Ese es uno de los pocos datos que se pueden contabilizar. Lo que aún es pronto para estimar es el impacto económico que tendrá este desastre sobre estos municipios, que viven del turismo.
"Ahí entra todo lo que los negocios locales no han podido facturar estos días, todo lo que no van a poder facturar en las próximas semanas, y la pérdida de atractivo del lugar que hará que menos gente quiera venir. Va a ser un desastre", concluyen las citadas fuentes municipales, que no son capaces de dar una cifra.
Este martes por la tarde, el Gobierno volvió a permitir regresar a sus hogares a los vecinos de Fresnedilla, Burgohondo, Higuera de las Dueñas, Pedro Bernardo y la zona sur de Navaluenga.
Las carreteras de la zona poco a poco vuelven a estar tan frecuentadas como es habitual. Pero solo unas buenas labores de prevención podrán garantizar a estos ciudadanos que esta tragedia no vuelve a repetirse.
