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"Llevamos dos días pidiendo ayuda, sabíamos que se iba a descontrolar y no vino nadie", cuenta desgarrada la alcaldesa de Casavieja a EL ESPAÑOL que trata de contener el llanto al ver cómo el fuego se abre paso y "ya es imposible controlarlo".

El fuego está a tan solo un par de kilómetros del pueblo. Ya en la carretera de subida el aire empieza a estar más pesado. Al frente, se pueden columnas de humo anaranjadas y amarillentas que permiten hacerse una idea de lo que hay detrás.

En medio de un paraje rodeado de árboles y puertos de montaña, en mitad de la naturaleza -que empieza a estar bastante amenazada por el fuego- aparece Casavieja un pueblo de poco más de 1.000 habitantes.

Todavía no son las siete de la tarde y se puede ver cómo el fuego avanza con decisión hacia este municipio. Los pueblos de la parte inferior están desalojados, pero en Casavieja aunque también deberían estar fuera, han decidido quedarse para luchar por lo suyo.

Aunque el aire empieza a cambiar, los vecinos tratan de continuar con fuerza y unión en el pueblo. De hecho un padre columpia a su hijo instantes antes de recibir la noticia más temida: "El fuego ha llegado al camping".

El incendio empieza a asediar el camping cercano a la localidad que se encuentra 3 kilómetros y la situación cada vez es más complicada.

Casavieja en el momento en el que el fuego se acercaba al pueblo. E.E.

El fuego avanza cada minuto que pasa, pero lejos de paralizar a los vecinos aviva sus fuerzas de proteger el pueblo y a su gente y en eso están tanto la alcaldesa como las decenas de personas que no piensan claudicar.

Así, con uñas, dientes, palas y pañuelos para protegerse baja un grupo de jóvenes del pueblo del monte, "vienen de tratar de impedir que llegue el fuego, pero ya lo tenemos encima en el camping", relata la alcaldesa a EL ESPAÑOL.

Poco a poco la columna de humo rojiza y amarillenta que podía verse unos instantes antes en la carretera que da acceso al pueblo empieza a tornarse en la otra punta del municipio donde la neblina es grisácea y apenas se puede respirar bien por el humo que trae la cercanía del incendio.

Mientras hablamos con la alcaldesa las pavesas -las pequeñas partículas que vuelan con los incendios- empiezan a caer del cielo. Como si de ceniza se tratase.

Pero, el riesgo está en que "una de estas caiga y haga que salte una chispa y se ponga a arder todavía más", lamentan.

Vecinos salvando al pueblo

"Lo estamos viviendo todo con mucha rabia e impotencia, porque llevamos dos días pidiendo ayuda", relata la alcaldesa quien asegura que sabían que "se iba a descontrolar, y ahora ya es imposible hacer nada".

Borja uno de los jóvenes que ha ayudado en el monte a las brigadas para impedir el paso del fuego. E.E.

La UME -Unidad Militar de Emergencias- no se da por vencida y va pasando pueblo a pueblo para brindar su ayuda a todo el que necesite ser evacuado. Puerta a puerta de cada pueblo van cerciorándose junto con los alcaldes y alcaldesas que todo el mundo ha podido ser evacuado.

Así, tratan de acceder hasta el último reducto del pueblo en la parte de arriba, la más cercana al fuego, para poder desalojar a todas las personas que lo necesiten.

Sin embargo, en este pueblo, todos los que están ahí es porque quieren quedarse a luchar por sus raíces, por su pueblo, por su vida.

El peligro está ahí, lo ven con sus ojos, pero también el sistema de alarmas les avisa constantemente y los cuerpos y fuerzas de seguridad que pasan para mantenerles a salvo.

Su vida está en juego y lo saben, pero combaten con todo lo que tienen y pueden.

Hasta tal punto que estos últimos días han sido los propios vecinos los que han ido al monte "para tratar de frenarlo como han podido", explica.

Lo peor para ellos es que "han decidido centrarse en las casas y abandonar la sierra", algo que deja un panorama desolador alrededor del pueblo que se encuentra completamente encajonado por el fuego.

Pero, abandonar no es una opción para ellos, lo tienen muy claro: "Nos vamos a quedar, alguien tiene que hacerlo", asevera la alcaldesa a EL ESPAÑOL.

De hecho muchos vecinos están en la calle, en las puertas de las casas ayudando, con los niños con las mascarillas puestas y los efectivos de Protección Civil listos para ayudar.

Nadie abandona y todos piensan quedarse a hacer frente al fuego que se abalanza sobre el pueblo.

De hecho, varias brigadas o grupos de trabajo de gente del pueblo, de voluntarios, bajan hasta la plaza donde hay unos columpios después de que no pudiesen permanecer más tiempo en la parte alta luchando contra el fuego.

El primer grupo con sus rostros cansados y desencajados se sientan abatidos, pero no resignados porque la fuerza continúa con ellos.

Instantes después baja el segundo y asegura que "el fuego está ahí ya y poco se puede hacer".

"Hemos intentado hacer cortafuegos"

Borja, es uno de esos jóvenes que acaba de bajar de tratar de parar el fuego y explica que "está siendo muy duro porque el fuego se ha comido toda la sierra en un solo día".

"Hemos estado desde primera hora intentando trabajar, limpiar, hacer cortafuegos, pero ha sido imposible", lamenta el joven.

Ellos se han organizado en brigadas de trabajo a lo largo de todo el día. Todos han arrimado el hombro y, aunque, han "intentado ayudar en todo lo que han podido, esto se iba de las manos".

El fuego no ha dado tregua a Casavieja, ni a sus vecinos. Tampoco la rapidez ni la fuerza con la que se acercaba al municipio.

"Es todo una pena porque está todo fatal, una pena", sentencia Borja que no puede pronunciar más palabras dada la emoción del momento.

"Aquí no ha venido nadie a ayudarnos, lo hemos hecho todo la gente del pueblo", clamaban varios vecinos a gritos por la desesperación mezclada con la rabia e impotencia del momento.

Una impotencia que aparecía instantes antes de que el fuego se echase encima de sus hogares. Así, en unión todo el pueblo esperaba la llegada del fuego, apoyándose unos a otros como podían y quejándose de que "han faltado medios".

Un pueblo, Casavieja, en el que en mitad de la desolación, de la impotencia, de la tragedia han sabido sacar fuerzas de donde no las había y plantarse unidos frente al fuego.

Así, en mitad de esta trágica y triste escena solo les queda encogerse de brazos, entre lágrimas por ver su pueblo a punto de ser afectado por el fuego, encomendarse y soltar un: "Alguien se tiene que quedar, que sea lo que quiera".