Rubén era un hostelero de Cebreros conocido por regentar una pizzería y un bar -siempre con una sonrisa de cara al público-. Pero tenía una cara 'b' que ha sido destapada por la Guardia Civil y que le ha valido su ingreso en prisión por supuestos abusos sexuales sobre 5 niñas que eran amigas de su hija.
EL ESPAÑOL ha podido saber en exclusiva por fuentes de la Policía Judicial que la investigación arrancó a finales de mayo y desató un escándalo en este pueblecito de Ávila de apenas 3.500 vecinos.
Todo comienza el once de mayo, cuando los padres de una chiquilla, de 11 años, acuden al cuartel horrorizados por el relato que les ofrece la madre de una amiga de su hija y que les alerta de que el hostelero Rubén le había dado “un masaje” a su niña.
Tales hechos ocurren supuestamente en casa del empresario donde estaba la hija de estos padres, jugando con la hija de Rubén. La reacción de los progenitores ante semejante información es hablar con su niña para comprobar la veracidad de lo sucedido.
“La niña aseguró que el masaje fue con la ropa puesta y en las piernas”, tal y como detallan estas fuentes de la investigación desarrollada por la Guardia Civil.
“Los padres explicaron que su hija les contó cómo otra de sus amigas, la cual pasa gran parte del tiempo con la hija del autor del masaje [Rubén], también ha podido recibir tocamientos en sus partes íntimas por parte de este hombre en el domicilio donde reside”.
Una vista aérea de Cebreros donde el hostelero encarcelado tiene varios negocios.
A partir de esta denuncia, se dibuja el modus operandi de este presunto pederasta: aprovechar la amistad de su hija con otras niñas, para abusar de ellas supuestamente cuando iban a su casa a jugar, se quedaban a dormir, iban a comer a su pizzería...
A veces, Rubén, de 50 años, les proponía un 'masaje', y otras veces, daba rienda suelta a su mano larga con las chiquillas, dándoles una "cachetada" en las nalgas. De hecho, las menores de edad, a pesar de su inocencia porque cursan quinto de Educación Primaria, hablaban entre ellas sobre lo que hacía el papá de su amiguita.
“Varias amigas decían que el padre de ‘X’ les ha tocado el culo”, según detallan estas fuentes a EL ESPAÑOL.
El asunto era tan grave que se informó al colegio y a la Fiscalía de Menores que dio luz verde a la Policía Judicial para tomar declaración a otros padres. El escándalo sexual creció como una bola de nieve porque los agentes confirmaron que había más supuestas víctimas.
Valga como botón de muestra la conversación que una madre mantuvo con su hija, de 11 años, y que trasladó a la Guardia Civil cuando se entrevistó con los agentes en el cuartel de Cebreros.
“La hija le dijo que el padre de su amiga le había realizado masajes en las piernas, llegando incluso a tocarle ‘el culo y el chichi’, refiriéndose a sus partes íntimas”.
Este supuesto episodio de tocamientos se produjo el 8 de mayo en la casa del hostelero y este fue el relato de los abusos ofrecido por la propia niña: “El otro día mientras estaba jugando con mi amiga en su casa, decidimos jugar a darnos masajes en la cama de mi amiga, al ser muy pequeña, nos fuimos a la cama de sus padres”.
“Cuando estábamos en la habitación, entró el padre de mi amiga [Rubén] y nos preguntó si podía jugar con nosotras. Rubén empezó a masajearme las piernas y le dije que ya no quería jugar más". La menor precisa que llevaba los pantalones puestos y que “los tocamientos fueron por encima de la ropa". Aunque para la Guardia Civil eso no resta gravedad al episodio.
Un agente de la Guardia Civil analizando información en el cuartel.
Una de las grandes dificultades del caso ha sido obtener confesiones de las niñas, debido a su corta edad y a que se sentían culpables. "Una madre dijo que su hija estaba muy recelosa y que fue difícil obtener esta información, debido a que las niñas se ven como unas 'chivitas'", según fuentes vinculadas a la Policía Judicial.
“La hija estaba nerviosa y empezó a hacer los gestos del masaje [de Rubén]: se tocaba rápidamente, incluso el culo y el 'chichi'".
En otras ocasiones, los investigadores han obtenido testimonios acerca de los supuestos abusos a través de las hermanas mayores de las víctimas. Prueba de ello es esta conversación mantenida en un KFC -de forma espontánea- entre una niña y su hermana adolescente:
"Le contó hace un tiempo que había recibido una cachetada en una nalga, por parte del padre de su amiga 'X'. Todo ello, sin su consentimiento". La menor llegó a verbalizar esto sobre Rubén: 'Hermana, creo que el padre de ‘X’ es un pervertido'.
“También dijo que su hermana tuvo una reunión con su amiga X [la hija del hostelero Rubén] y otras amigas, en el patio del colegio donde estudian. La hermana le dijo a su amiga [la hija del hostelero Rubén] que su padre le había tocado el culo”.
“A lo que la amiga se puso a llorar. Diciendo que lo sabía, pero que por favor no se lo dijeran a nadie, ni a sus padres ni a la Policía porque ya había pasado con otras dos niñas”. La hija de Rubén llegó a implorar llorando al resto de las niñas que no dijeran nada públicamente: ‘No quiero que mi padre vaya a la cárcel’.
Los investigadores fueron contactando con las madres de otras niñas, aludidas en las confesiones anteriores, a las que citaban en el cuartel tras recomendarles mantener una conversación a solas con sus niñas. Todo ello, para preguntarles "de forma suave", si habían padecido algún episodio de índole sexual en cualquier ámbito.
El cuartel de la Guardia Civil en Cebreros.
El supuesto patrón de los abusos sexuales se repetía durante esas conversaciones “espontáneas” que mantenían madre e hija, antes de acudir al cuartel de la Guardia Civil en Cebreros: “El padre de su amiga ‘X’, llamado Rubén, le dio un masaje y no podía concretar si fue con ropa o sin ropa”.
“En dos ocasiones, el padre de ‘X’, llamado Rubén, le había tocado en sus partes íntimas, los pechos y la vagina". Al parecer, Rubén, de 50 años, le decía a alguna de las chiquillas que había hecho un curso de masajes para aprovecharse de su inocencia.
Algunas madres le pedían a sus niñas que reprodujeran esos supuestos masajes que recibían en casa del hostelero y terminaban de confirmar sus sospechas. "La menor se tocaba en círculos en esas partes", tal y como ejemplifican fuentes vinculadas al caso.
"Problemas" para dormir
Las niñas estaban confundidas, pensaban que todo lo habían "soñado" y otras tenían "problemas" para dormir. Algunos de estos episodios ocurrían cuando se quedaban en casa del hostelero a dormir con su hija. Tales quedadas, como si fueran una fiesta de pijamas, eran aprovechadas por Rubén para darle "una cachetada" en el culo a alguna amiga de su hija para mandarla a la cama.
Otras veces, despertaba a alguna menor en plena noche, para satisfacer -supuestamente- sus deseos libidinosos: “Cuando estaban dormidas la hija de Rubén y su amiga, el padre la despertaba y empezó a tocarla". "Le estuvo tocando sus partes íntimas".
Los relatos de las niñas son escalofriantes: “También dijo que en varias ocasiones, Rubén las relajaba haciendo masajes a su amiga y a su hija, de forma suave y con tocamientos relajantes". 'Mamá estuvo mucho rato, pero mucho rato'.
Detenido en su casa
Al borde de las doce del mediodía del 28 de mayo, unos agentes fueron a buscar a Rubén M.G (Madrid, 1975) a la urbanización donde reside, para arrestarle, por cuatro delitos de agresión sexual a cuatro menores de edad que eran amigas de su hija.
Este diario ha podido saber que las familias de las supuestas víctimas que son chiquillas de 10 y 11 años, contrataron servicios legales para personarse en la causa como acusación particular. Dos de los letrados son el reconocido penalista Raúl Pardo-Geijo y María Sonsoles Jiménez, decana del Colegio de Abogados de Ávila.
La investigación siguió adelante y se descubrió que había una quinta víctima. Este hostelero, según la Policía Judicial, se aprovechaba de que tenía “confianza” con algunas familias por “una amistad” de años.
Así lo pone de manifiesto esta afirmación de una de las madres: “Rubén me insiste para que deje a mi hija en su casa. ‘Deja a la niña aquí, que no pasa nada’.
