Manuel Márquez -linense de 68 años- ha trabajado durante toda su vida en Gibraltar, en concreto, pasó 46 años hasta su jubilación cruzando a diario la verja: "Es un día muy grande para todo el pueblo de ambos lados, hay muchos españoles casados con gibraltareños viviendo allí, muchas familias estaban divididas por la verja", señala a EL ESPAÑOL.
Márquez ha vivido todos los cambios que ha experimentado esta verja a lo largo de las décadas y del paso de los años en el siglo XX.
"La frontera con la verja no tenía motivo de existir, lo he pensado siempre", asevera a EL ESPAÑOL después de haber pasado largas horas de su vida haciendo colas, saliendo antes de casa y regresando cansado y horas más tarde de haber dejado su puesto de trabajo a causa del control fronterizo por la verja.
El relato de la historia de la verja parece recobrar vida en su propio testimonio. Márquez recuerda a la perfección su cierre total ese 8 de junio de 1969 después de que Franco lo ordenase, meses después de que Gibraltar aprobase su propia Constitución y mostrara así su deseo de formar parte de Reino Unido.
En ese momento su hermana vivía en Gibraltar, había quedado viuda con 30 años y 3 niñas, y así fue como empezó a trabajar en el peñón. Primero de fontanero y después como soldador en la base militar.
Un trabajo que le permitió "ganar mucho dinero, más que en España o en La Línea donde no había trabajo", pero eso sí las colas eran largas de horas y apenas te quedaban horas para descansar, rememora este linense.
De hecho recuerda orgulloso cómo él fue "uno de los cinco primeros en cruzar cuando se abrió el paso peatonal", 15 años después en febrero de 1985 cuando se abrió la frontera pero la verja seguía estando presente.
Así trae al presente unos recuerdos que permanecen en su memoria como "unos años duros" en los que "era un suplicio muy grande para la gente y se hizo mucho daño a la gente de la calle con las largas colas a diario".
Un daño que ha separado a familias que vivían a un lado y al otro de la verja y dos pueblos que comparten cultura, vínculos y lazos que habían sido separados hasta ahora por una verja 'artificial' que frenaba el tránsito fronterizo, pero no los lazos humanos.
Por eso, la imagen de la demolición de la verja ha sido un gran paso que "facilita la vida de los más de 15.500 trabajadores que cruzan a diario", pero también de las otras casi 5.000 personas que lo hacen por "ocio, turismo o para visitar a familiares", según remarca Juan Carmona, alcalde de La Línea de la Concepción.
Tras la firma del acuerdo en Bruselas por parte de ambos gobiernos: el español y el británico, se materializa un acercamiento entre dos pueblos que comparten vida a aguas del Mediterráneo, en la Bahía de Algeciras.
"Alivio psicológico"
Era 17 de febrero de 1909 cuando el gobierno inglés empezó a construir la verja de Gibraltar. Han pasado 117 años desde ese momento y por eso este 15 de julio vuelve a ser un hito marcado en el calendario.
"Hemos sentido mucho alivio y tranquilidad, no por las colas de salida -que también- sino porque hemos estado perdiendo horas de vida cada vez que habíamos quedado con amigos, que cruzábamos por ocio, por citas médicas o cuando tenías ganas de llegar a casa y descansar".
Así respira con alegría este nuevo hito Alfredo Valencia Pereira, un linense de 56 años que lleva 17 años cruzando la verja para trabajar en una empresa de venta de tabaco y licores.
"Es un alivio psicológico porque ahora cuando sales del trabajo ya no tienes que mirar las cámaras de la frontera, porque no hay nada", una naturalidad de salir del trabajo para cualquier otra persona en otro punto de España que Valencia -ni los otros 15.5000 trabajadores- no había podido vivir hasta ahora.
De hecho, reconoce que este simple hecho -el de las colas- hacía que se levantasen recelos y ampollas entre los gibraltareños y linenses que trataban de buscar un culpable y de señalar cada uno al gobierno del otro: "Nos mirábamos de reojo", cuenta.
Pero, este miércoles 15 de julio ese fin simbólico de la verja ha hecho aflorar los sentimientos y la realidad que había -y hay- de fondo entre la gente de esta zona.
"Se veían banderas a un lado y al otro, abrazos de familias que habían estado separadas", se ha podido vivir "el efecto social de que no haya verja" y respirar "una esperanza de que todo va a ir bien y que ambos lados se llevan bien", sentencia Valencia a EL ESPAÑOL.
Una realidad que para este linense "cualquier diplomático tiene que saber leer una lectura pegada al ciudadano de a pie que vive la vida en esta realidad transfronteriza cada día". De hecho, para él es una anécdota que no quiere dejar pasar desapercibida y es ese cruce de gibraltareños a La Línea para animar y ver el partido de España de este martes junto a los linenses. Un espíritu que refleja el sentir de estos pueblos a orillas del Mediterráneo.
Nuevas barreras
Todavía quedan barreras que sortear hasta conseguir llegar a una situación óptima o equitativa para los habitantes de esta tierra con el resto de España.
De hecho, aunque para el alcalde, Juan Carmona, "es una noticia excelente para la ciudad en el que se deja atrás un problema histórico", todavía quedan nuevos retos que afrontar para la gente que vive entre ambos territorios, en este paso transfronterizo.
El nuevo paradigma ha calado "en el imaginario colectivo porque ya no existe esa barrera y esto es una imagen simbólica y fuerte que representa lo que es de verdad el siglo XXI" con la caída de este muro que ha hecho "que mucha gente lo pase muy mal".
Pero, ahora hay otros problemas que solucionar como la situación de los pensionistas, pescadores, implantar un régimen fiscal especial, etc. Asuntos en los que hay que ponerse manos a la obra según reconoce el alcalde a EL ESPAÑOL.
Y, de hecho, en los que coincide la propia gente de La Línea que sufre esta realidad cada día.
Consuelo Alonso -Chelo- después de trabajar desde hace 30 años pasando la verja está "contenta al ver que ya no hemos tenido que sacar la documentación", para ella esto es "tranquilizador para los trabajadores".
Sin embargo, después de llevar toda su vida laboral trabajando en Gibraltar y tributando ahí le preocupa qué es lo que va a pasar cuando se jubile.
Por eso, espera "que se equiparen las pensiones", porque ahora tal y como están los acuerdos, "las pensiones iban a ser mínimas", asegura a EL ESPAÑOL.
"Íbamos a ser los más pobres de España con pensiones de 600 euros con 30 años cotizados" porque nunca han cotizado en España. Por eso esperan tener derecho a la pensión no contributiva y junto con la de Gibraltar tengan "algo más digno".
Pero este no es solo su anhelo, sino también que la contribución a Hacienda cambie y que la doble tributación para las personas que trabajan en Gibraltar sea "para personas que ganen entre 60 y 100 mil euros", no para los trabajadores "con sueldos más modestos que tenemos que tributar doble".
Un fin de la verja que ha abierto el paso a la solución de otros muchos problemas de fondo que llevan latentes desde hace décadas, aunque también ha evidenciado los "lazos de unión" entre ambos territorios y pueblos.
