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El próximo lunes 13 de julio se estrena una nueva temporada del Grand Prix, que contará, una vez más, con Ramón García al frente, acompañado por Lalachus, Gorka Rodríguez, Wilbur y, por supuesto, la famosa vaquilla del programa con Miguel del Pozo dentro del traje de María Fernanda.

El regreso del concurso llega en una semana de especial atención mediática para el veterano presentador: apenas unos días después de que su exmujer, la periodista Patricia Cerezo, contrajera matrimonio con Kiko Gámez en Madrid.

En este contexto, EL ESPAÑOL ha podido charlar con Ramón García, que encara los 65 años con humor y una conciencia clara del tiempo. "Tengo 64", nos corrige y recuerda que hace poco le llamó la Seguridad Social: "Ramón, llevas 43 años cotizados".

Ramón García posa durante la presentación de la nueva temporada de El Grand Prix, que se estrena el 13 de julio en La 1 de RTVE. Cedida

Él lo cuenta riéndose: "Pensé: 'Me falta que me manden ya el carnet del autobús'". Pero el bilbaíno no se siente mayor, aunque "sé que lo soy".

Se ve bien, con ganas, con energía, aunque tiene una línea roja: "El día que me ponga una petaca de micro y no me emocione, ese día diré: 'Hasta aquí'".

La jubilación no entra en su cabeza: "No es necesario. ¿Qué hago yo jubilado? Un mes en Benidorm paseando, vale. ¿Y el segundo?".

Lo dice sin ironía, con la experiencia de ver a amigos que han dejado de trabajar y que, al mes, le confiesan: "Qué suerte que sigas trabajando". Para él, retirarse puede ser un riesgo: "La jubilación puede traer una soledad no deseada".

Él conoce lo que significa la palabra soledad por los miles de testimonios que ha vivido en En Compañía, el programa que presenta en Castilla-La Mancha Media, y también en su vida: "Yo no elegí que murieran mis padres ni elegí mi divorcio. Llego a casa y no hay nadie".

Lo dice sin dramatismo, como quien describe una rutina que ya ha asumido: "Ahora estoy bien, pero hablo en general, la soledad no deseada es un problema social. A mí el trabajo me da vida".

El Grand Prix o En Compañía son su refugio: "A mí lo que más me gusta del mundo es trabajar". No necesita jubilarse para hacer cosas pendientes porque disfruta haciendo lo que hace: "Me río, lloro, elijo canciones, pienso ideas… ¿Qué trabajo me va a dar más que esto?".

La televisión, dice, le acompaña: "Es mi terapia. He envejecido con la población española".

Lalachus, Ramón García y Gorka Rodríguez forman el equipo de presentadores de la nueva edición de El Grand Prix. Cedida

Sobre ese envejecimiento y sobre ser abuelo también habla: "Soy muy niñero, pero no tengo ninguna ilusión especial". No vive pendiente de ese momento. "Si mis hijas quieren ser madres, perfecto, pero no estoy con el 'quiero nietos'". Sabe que, cuando lleguen, "se le caerá la baba", pero no lo espera como un objetivo vital.

Lo que sí defiende con contundencia es que jubilar a alguien en buen estado es un error: "Gravísimo. Es sacarle de su vida. Matarle un poco". Lo dice desde la experiencia de ver a compañeros que, al dejar de trabajar, pierden ritmo, estímulos e identidad.

Cuando se habla con Ramón García se nota que transmite oficio y una forma de entender la televisión que ya casi no existe. Cuando se le pregunta por el relevo generacional en su medio, responde con una mezcla de preocupación y ganas de enseñar.

"Hay que ir feliz a trabajar. Y me gustaría enseñar lo que sé: dónde está la luz buena, el contraplano, cómo colocarte. Pero ya nadie enseña eso" afirma. "Hay gente que no sabe ni qué es una contraluz", añade.

Para él, el oficio se está perdiendo: "Antes aprendías de todo: luz, realización, decorados. Ahora todo es plano, todo igual, los mismos invitados en todos los programas. Así la tele se muere". La televisión, insiste, es imaginación, color, ritmo.

Y es que en televisión, el bilbaíno ha hecho prácticamente todo porque "siempre hice lo que quise". Solo le faltó un gran contenedor de mañana en directo. Lo hizo en radio, pero le habría gustado hacerlo en televisión. ¿Todavía podría? “Claro. Hermida, por ejemplo, empezó mayor haciendo uno”, expresa.

Pero avisa: "Hay que dominar el directo y saber entrevistar a un presidente o a un señor de un pueblo que viene a hablar de chorizos. Eso es ser un profesional completo".

También critica una tendencia creciente que es la de presentadores que se ponen por delante del invitado: "Cantan más que el invitado, opinan más que él… ¿para qué? El invitado es el importante".

Y recuerda una lección que le dio Raffaella Carrà: "La gente cree que yo soy importante. No. Importantes son los que se sientan aquí".

La italiana fue decisiva en la carrera de García: "Fue ella quien pidió que fuera a su programa. De ahí salió ¿Qué apostamos? De Raffaella aprendí algo que hoy casi nadie practica: ensayar. Ella ensayaba todo, era minuciosa. Hoy casi nadie ensaya”.

Ramón se considera servicio público: "He trabajado toda mi vida en televisiones públicas. Y creo en ellas". Para él, la televisión debe informar, sí, "pero también entretener. Un informativo no puede ser un coñazo. Un programa cultural tampoco. La tele debe moverse, tener ritmo".

Una nueva temporada

Las grabaciones de las nuevas entregas del Grand Prix que comienzan a emitirse son muy exigentes desde el punto de vista físico: "Es una paliza. Empiezas a las tres de la tarde y acabas a las doce de la noche".

Este año le pilló un catarro y tuvieron que pincharle: "Llegué sin voz, pero había 500 personas esperando. Pinchazo… y a la media hora cantaba como Pavarotti".

También se lesionó haciendo una voltereta. "Sí, soy tonto. Me tiré como si tuviera 25 años". El resultado: una intercostalgia (neuropatía caracterizada por la inflamación o compresión de los nervios ubicados entre las costillas).

"El médico me dijo: '¿Cómo haces el programa así?'. Pues haciéndolo", recuerda entre risas y consciente de ser una pieza fundamental en el programa de Televisión Española.

Sobre la evolución del Grand Prix desde su regreso a RTVE hace tres años, destaca un cambio clave: volver a los pueblos. "Es la esencia del Grand Prix".

Es verdad que con el paso del tiempo la tecnología ha cambiado, pero la ilusión del público sigue igual y él lo vive de forma privilegiada: "Viendo el programa se juntan niños y abuelos. Tengo la suerte de ser un presentador que llega a todas las generaciones".

Algo que, según él, ya no existe: "Ahora cada presentador tiene su segmento". Pero él recibe el cariño de todos. "Que los niños me llamen 'Ramonchu' y que lo hagan también abuelas de 90 años… eso es un privilegio".

El programa le emociona: "Siempre digo 'hoy no voy a llorar', pero siempre pasa algo". En el último programa de cada grabación, antes del diccionario, cuando terminan los superbolos, se queda solo y le sale un discursito: "Este año también lo he grabado. Me sale del corazón".

Lalachus, Ramón García y Gorka Rodríguez forman el equipo de presentadores de la nueva edición de El Grand Prix. Cedida

Sobre Lalachus y Gorka Rodríguez, sus compañeros en las labores de presentación esta temporada habla con orgullo: “Lalachus ya está cuajada, sabe lo que es esto porque ya estuvo el año pasado". Y sobre Rodríguez (que fue presentador de El Cazador All Stars y actual conductor de El Despertador de RNE), García destaca que fue él quien lo fichó: “Tiene ritmo de radio, es simpático, cae bien. El primer programa parecía que llevaba tres años haciéndolo”.

El público le demuestra un cariño enorme, aunque a veces hay historias que le rompen: "Me dicen: 'Mi madre murió, pero te adoraba', 'Mi padre guardaba tu foto firmada'. Es que formas parte de la vida de la gente sin saberlo".

García es la única figura fija del Grand Prix. "Este programa es un hijo mío. Lo he presentado, dirigido, producido. Sé el presupuesto, sé lo que pasa detrás".

No se considera un presentador al uso. "Soy global. Y eso se aprende en un plató, no en una facultad".

También cuida la técnica. "Coloco a los concursantes sin que se note, favorezco la luz, no me cruzo en cámara". Detalles que, dice, hacen televisión y que él sigue empeñado en que no se pierdan nunca.