"Buen camino".
La frase suele ser una contraseña entre peregrinos. Un saludo breve. Una forma de reconocerse entre quienes avanzan hacia Santiago de Compostela con una mochila, una credencial y muchos kilómetros por delante.
Pero en Hondarribia, varias mujeres denunciaron que ese saludo fue el inicio de otra cosa.
Un hombre de 76 años se cruzaba con peregrinas que caminaban solas por una zona rural del Camino de Santiago a su paso por Gipuzkoa. Entablaba conversación con ellas. Después, según la Ertzaintza, las besaba y abrazaba contra su voluntad.
El detenido, de nacionalidad española, está investigado como presunto autor de varios delitos contra la libertad sexual. La primera denuncia llegó la semana pasada: una peregrina extranjera contó que había sido abordada mientras hacía sola el Camino del Norte. Tras una conversación breve, el hombre empezó a besarla sin consentimiento.
A partir de ahí, los agentes detectaron que al menos otras siete mujeres podrían haber sufrido hechos similares desde junio. Todas eran extranjeras. Todas caminaban solas por Hondarribia. Todas describían a un hombre de características parecidas.
La Ertzaintza montó entonces un dispositivo con agentes vestidos de civiles. Según informó el cuerpo policial, localizaron al sospechoso y lo observaron intentando repetir el mismo comportamiento denunciado por las peregrinas. Fue detenido.
Fuentes de la Ertzaintza consultadas por EL ESPAÑOL confirman que el patrón era siempre el mismo: mujeres peregrinas que caminaban solas. La investigación sigue abierta por si aparecen más víctimas. Tras las diligencias policiales, el hombre quedó en libertad, a la espera de ser citado por el juez.
El caso ha vuelto a poner sobre la mesa una conversación incómoda: qué ocurre cuando una ruta construida sobre la confianza y la ayuda se cruza con el miedo de las mujeres que caminan solas.
Belén, una de las muchas mujeres que caminan solas el Camino de Santiago.
Todas las fuentes consultadas insisten en una idea: el Camino de Santiago es seguro. No quieren alimentar alarmas ni dibujar una ruta peligrosa. Pero también reconocen que existen episodios de acoso, exhibicionismo, intimidación o contacto físico no consentido, sobre todo en tramos aislados.
Un hospitalero y miembro de la Junta Directiva de la Asociación Jacobea de Irún, conoce bien ese punto de la ruta. Por Irún, calcula, pasan unas 14.000 personas al año haciendo el Camino. De ellas, unas 6.500 son mujeres.
"En el albergue, un 48% son mujeres", explica. Según sus cálculos, entre quienes llegan a Santiago el porcentaje femenino puede rondar ya el 55%.
Irún es una de las puertas del Camino del Norte. Desde allí, muchas peregrinas salen hacia etapas que combinan ciudad, monte, costa y zonas rurales. El paisaje puede ser hermoso. También solitario.
La misma fuente recuerda que el año pasado ya tuvieron noticia de un episodio muy parecido. Un compañero de la asociación se encontró con tres chicas que le contaron lo ocurrido. Un hombre les había dicho "buen camino", intentó abrazarlas y, en ese acercamiento, quiso besarlas.
Mientras hablaba con ellas, apareció otra peregrina con un relato similar.
"Inmediatamente mi compañero llamó por teléfono a la Ertzaintza de Irún", cuenta. A las mujeres, dice, les recomendaron denunciar cuando llegaran a San Sebastián.
Según el miembro de la Junta, en la zona se acumularon "siete u ocho denuncias" por hechos similares. No habla como policía ni como juez. Habla desde lo que le trasladaron las peregrinas y desde lo que vio la asociación.
"Describieron perfectamente cómo era el hombre", explica. "Y luego las otras denuncias que ha habido describían la misma persona".
Cuando se le pregunta si el detenido podría ser el mismo hombre señalado el año pasado, responde con cautela: "Aparentemente es el mismo, pero no lo hemos visto; por lo tanto, hay que decir presuntamente".
Según lo que les llegó, añade, sería "la misma persona" que ya había sido descrita el año anterior.
Aunque repite varias veces que el Camino del Norte y el Camino Vasco del Interior son rutas seguras, introduce un matiz.
"Esas siete u ocho personas que han denunciado, el susto no se lo quita nadie", afirma.
Y completa: "No ha pasado nada grave, pero es muy desagradable que un tío intente besarte y tocarte en la mitad del campo".
Ahí está una de las claves del miedo: la mitad del campo. El Camino no es una avenida iluminada. Son senderos, bosques, carreteras secundarias, aldeas y tramos donde, durante un rato, puede no aparecer nadie.
"El Camino de Santiago son kilómetros y kilómetros por campo", resume.
Según él, los momentos de mayor vulnerabilidad pueden darse al salir del albergue. En los primeros kilómetros del día. "Los primeros 10, 15 o 20 kilómetros, o los primeros 8 o 10 kilómetros, pueden estar solas", explica.
Después, normalmente, las peregrinas se cruzan con otros caminantes o terminan formando pequeños grupos.
"El falso peregrino"
Alberto Lence, CEO de Viajeros Canallas, una empresa especializada en organizar viajes en grupo por el Camino de Santiago, recibe cada año a mujeres que quieren peregrinar solas, pero preguntan antes por seguridad.
"Viene muchísima gente, chicos y chicas solas, y en las chicas es más habitual que mujeres nos pregunten", explica en diálogo con este periódico.
Según Lence, muchas de esas consultas llegan de españolas, estadounidenses y latinoamericanas. "Sobre todo las mujeres que vienen de Latinoamérica hacen mucho hincapié en recomendaciones, seguridad, el concepto de hacerlo en grupo", señala.
"Siempre hay un poquito de miedo, normal".
Lence ha recorrido 7.000 kilómetros por diferentes Caminos. Insiste en que la ruta es "muy segura", especialmente en los últimos tramos del Camino Francés y del Portugués, donde hay más peregrinos, más infraestructura y más servicios.
El problema, dice, aparece en zonas más alejadas o menos transitadas. "Estamos hablando de zonas muy alejadas, donde suele haber muy poco peregrino y donde aparecen personajes como este".
Lence usa una expresión concreta: el "falso peregrino".
"El falso peregrino son estos personajes que a veces están por allí para intentar contactar con alguien, robar al descuido o, en este caso, acosar", explica.
Habla de personas que se aprovechan del clima de confianza del Camino. Allí la gente saluda, conversa, pide ayuda, acepta compañía. Ese es uno de los rasgos más buscados de la experiencia. También, en algunos casos, una vulnerabilidad.
"Todo lo maravilloso que tiene el Camino genera que te abres más", dice Lence. "La gente va muy abierta, con ganas de conocer".
Lucía tiene 26 años y a sus 23 pensaba hacer el Camino sola. Al final, en un albergue, conoció a una peregrina ecuatoriana que también viajaba sola. Decidieron caminar juntas.
"No lo pasamos mal", cuenta la joven española a EL ESPAÑOL."La mayoría del tiempo uno se cruza con personas y el ambiente es bueno".
Pero también admite otra cosa: "Hay momentos en los que estás sola y puede dar miedo".
Una tarde, ella y su compañera se cruzaron con un hombre que quiso "ayudarlas". Después intentó sumarse a su viaje y le hizo comentarios obscenos a su amiga.
No pasó de ahí. Lucía lo cuenta sin dramatismo. Pero también dice que escuchó relatos de otras chicas que vieron hombres haciendo exhibicionismo o que sintieron miedo en tramos solitarios.
"La verdad es que tuve suerte de conocer a mi amiga", resume. "Si hubiera ido sola, me habría dado miedo, pero eso no lo pensaba antes de vivir la experiencia".
Sola, pero acompañada
Belén tiene 53 años y es de Navarra, también camina sola. Ha hecho tres veces el Camino Francés completo, dos veces el Inglés y acaba de regresar del Portugués, desde Lisboa hasta Santiago. Su experiencia, dice, fue siempre la contraria al miedo.
"Jamás he tenido un mal rollo. Todo lo contrario: me he sentido súper cuidada, súper protegida", cuenta a este medio.
Sí reconoce que hay zonas en las que una acelera el paso. "Sobre todo cuando te tocan bosques, a lo mejor vas un poquito más ligera", admite. Pero lo atribuye más a la sensación de entrar en un lugar desconocido que a una amenaza concreta.
Belén, peregrina habitual del Camino de Santiago, durante una de sus rutas en solitario.
Para ella, la clave está en no salirse de la ruta, no tomar atajos y usar herramientas de seguridad. "El 90% de los peregrinos llevamos una aplicación que se llama AlertCops, que está conectada con la Guardia Civil", dice. "Te tienen localizada en todo momento y, en caso de necesidad extrema, con apretar un botón conectas con ellos".
Belén insiste en que los casos conocidos son aislados y que las mujeres pueden hacer el Camino solas. Pero no sin cuidado. "No salirte del camino", resume. "No irte a casa de alguien que te dice: 'Vente, que tengo una habitación libre'. Esas cosas no".
Después deja una frase que resume bien esa contradicción del Camino: "Vas sola, pero nunca lo estás".
La preocupación no es nueva. En noviembre de 2024, The Guardian publicó una investigación con nueve mujeres que afirmaban haber sufrido acoso sexual mientras hacían el Camino en los últimos cinco años.
Algunas relataron haber visto hombres masturbándose o tocándose; otra contó que un hombre la persiguió por el campo; otra denunció tocamientos y comentarios obscenos.
Ese reportaje también citaba a Camigas, un grupo privado de Facebook creado en 2015 para mujeres que planean hacer solas el Camino de Santiago. Allí las peregrinas comparten consejos, buscan compañeras para determinadas etapas y relatan situaciones incómodas.
La Delegación del Gobierno en Galicia había registrado 15 denuncias contra la libertad sexual en la demarcación del Camino de Santiago entre 2023 y 2024. Eran agresiones sexuales sin acceso carnal, principalmente exhibicionismo y comentarios ofensivos.
Las fuentes vinculadas al Camino insisten en que hay presencia policial, protocolos y canales de alerta. El miembro de la Junta también menciona AlertCops, la aplicación que permite contactar con las fuerzas de seguridad y compartir la ubicación.
"Dejas el teléfono abierto y te están oyendo las autoridades", explica. "Te geolocalizan. Eso sigue funcionando".
La recomendación de quienes conocen el Camino no es dejar de hacerlo. Tampoco convertirlo en una amenaza. Es planificar, informarse, llevar batería, avisar de la ruta y, en tramos poco transitados, caminar cerca de otros peregrinos si una se siente más cómoda.
"Ábrete a vivir la experiencia, disfrútalo al máximo", aconseja Lence. Pero añade que, en recorridos de montaña, senderos pequeños o zonas donde no hay pueblos ni casi peregrinos, conviene salir con un pequeño grupo.
El Camino, dicen todos, es seguro. Pero para algunas mujeres la pregunta no es sólo si llegarán a Santiago. Es con quién pueden cruzarse antes.
