Un test de embarazo.

Un test de embarazo. Stock

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El negocio de los tests de embarazo, lo más rentable de la farmacia: el secreto mejor guardado

Las pruebas para determinar si una mujer está embarazada pueden suponer incluso un 100% de beneficio para los dueños de las boticas.

21 marzo, 2020 02:55

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Son muchos, y muy variados, los motivos por los que un español decide entrar en una farmacia, sobre todo en plena alerta sanitaria por la crisis del coronavirus. Quizás sea un dolor de cabeza leve, puede que necesite hacer acopio de medicamentos para no tener que acudir a urgencias y saturar el sistema, ya colapsado de por sí. La dispensa de químicos es la principal función de la botica, que puebla cada una de las esquinas de los barrios, de las ciudades. El neón verde en forma de cruz siempre brilla, y siempre hay uno cerca.

Si no es por esa razón, es probable que el ciudadano necesite otro producto que le ayude a sobrellevar tantos días en casa. Igual quiera airearse un poco en el trayecto: es uno de los pocos negocios que queda abierto en España con el decreto de estado de alarma. Las farmacias son parte imprescindible de la cadena sanitaria y su abastecimiento, una necesidad de primer orden.

O también puede, sencillamente, que desee adquirir un test de embarazo.

Después de una semana de confinamiento, tantas horas juntos en pareja, sin demasiado entretenimiento ni actividad física posible, hay quien augura que en nuestro país se vivirá un baby boom en los próximos nueve meses.

Porque los test de embarazo no son, desde luego, productos que se compren así porque sí. Para tener por casa. Para dejarlo en un cajón guardado en caso de que, en algún momento a largo plazo, haya necesidad.

Pero en las farmacias jamás faltarán. La explicación es bien sencilla: es la punta de lanza del negocio de estos establecimientos. Según fuentes del sector consultadas por EL ESPAÑOL, un dueño puede llegar a obtener “hasta un 100% de beneficio” sobre el precio al que fue adquirido, “según cuál compres”. Es el más rentable. Sin duda.

El filón de la parafarmacia

En nuestro país, según los últimos datos disponibles -2018-, había 22.071 farmacias. Es una cifra inédita: tradicionalmente, otros países del entorno como Alemania o Francia solían liderar la clasificación, elaborada por el Colegio de Farmacéuticos. 

Además, aquí las farmacias asisten a una medida de 2.117 habitantes por farmacia, lo que las sitúa con los ratios más bajos de Europa, lejos de países como Dinamarca, con más de 12.000 habitantes de media, y Holanda, con cerca de 6.000. Así, el órgano colegial presumía de que en España se tenía “la farmacia más cercana y accesible del continente”.

Lo cierto es que los márgenes de precio que manejan las apotecas son muy ajustados. Su actividad está altamente regulada y los tipos de productos que pueden poner a la venta, también. Fuentes farmacéuticas relatan a este periódico que, por eso, se potencia la parafarmacia: esos artículos no reglados por los que cada farmacéutico puede apostar a placer. Cremas, jabones, productos de higiene.

Imagen de archivo de una farmacia.

Imagen de archivo de una farmacia. EFE

De hecho, es el primer consejo que se ofrece a los empresarios del sector desde Mundo Farmacia, la revista oficial de COFARES, la principal cooperativa de distribución de medicamentos y productos sanitarios, de capital 100% farmacéutico. Es la empresa líder en distribución de medicamentos en España y cuenta con 11.100 socios farmacéuticos como cooperativistas. Además, más de 4.200 farmacias operan como clientes.

“Es fundamental que dediques esfuerzos a impulsar la sección de parafarmacia, ya que junto con los medicamentos OTC, es clave para poder aumentar el margen de beneficios. Asegúrate de tener una amplia gama de productos y ponlos a la vista del consumidor para fomentar su venta”, reza el texto.

Pero, siempre, centrando el tiro en los test de embarazo. Es un secreto a voces, no ya en la profesión, sino en todos los agentes que componen el sector farmacéutico. “Claro que sí, es el principal. No se dice mucho porque es impopular comentarlo, pero cuando una persona necesita un test está dispuesta a comprarlo al precio que sea, porque es urgente. Y no se fía de hacerlo a través de otros canales que pudieran ser más baratos, como internet”, comenta una voz experta, que desea mantener el anonimato, a este diario. 

Una farmacéutica catalana, dueña de una botica, asegura a EL ESPAÑOL que el negocio es redondo siempre y cuando selecciones bien cuál es tu proveedor. “Hay que tener claro cómo funciona tu farmacia: cuánta gente atiendes y de qué tipo”. También las marcas a las que hacer referencia.

Porque, como en todo, hay miles y miles de firmas dedicadas a lo mismo. Los extremos son la llamada marca blanca, una prueba muy básica, y el test más publicitado del mercado, también el que asegura más precisión, Clearblue. “A un Clearblue no le puedes sacar mucho beneficio, porque ya es muy caro de por sí. No vas a poner un test de embarazo a 20 euros, sería absurdo”, desliza esta profesional. 

“Yo, en mi caso, lo vendo a 13 euros. El de marca blanca lo compro a un euro -si has negociado bien con el distribuidor- y lo vendo a 10”, confirma. Hagan las cuentas.

Lo ideal, un 33% de beneficio

Ningún otro producto puede ofrecer esos márgenes. Los artículos que venden las farmacias, por regulación, se dividen en tres tipos: 

Primero, los medicamentos. Sustancias químicas que puedan o no necesitar receta médica, lo que puede influir en su precio de venta. Siempre están sujetos a un 4% de IVA, ya sean de marca o genéricos. No es lo mismo, para el bolsillo, comprar un Gelocatil que un paracetamol cualquiera.

Después, la dietética. Vitaminas, jarabes naturales, pañales para bebés, compresas de incontinencia. Están gravados al 10% del IVA. Finalmente, la parafarmacia. Jabones, cremas o la copa menstrual, por ejemplo. “Les puedes poner tú el precio que quieras”, certifica otro licenciado en Farmacia y dueño de un negocio. 

En parafarmacia vas con margen de 30-33% normalmente. Hay productos que los compras muy, muy baratos. Pero también al revés con otros, que son muy caros y con el que, realmente, pierdes”. El equilibrio, así, es importante. 

El margen ideal de beneficio para cualquier farmacéutico, de media, sería el 33%. Pero la diferencia radica en los proveedores: si se compra directamente a la distribuidora, al visitador o a la cooperativa. “Si compras super bien los genéricos, puedes sacarle un 50%”. 

Por ejemplo: al Gelocatil “le sacas un 29%, pero al paracetamol puedes sacarle un 50-60%, si compras en grandes cantidades”.

Esa es otra variable para poder hacer el balance en las boticas. No se negocia igual por adquirir un único producto que cincuenta. “Tienes que tener en cuenta cuánto almacén tienes y a cuánto pagas. Si pagas a 30 días no te interesa comprar para un año, porque no haces caja”, explica la empresaria catalana. 

En su caso, ella trabaja con la cooperativa anteriormente mencionada. “Soy socia y, al tener esa distribuidora, tengo 4 repartos al día. Puedo comprarles de uno a uno si quiero y me sale ese precio bueno. Los genéricos, en cambio, mejor pedirlos al laboratorio”, detalla. 

Este baile de cifras sólo puede realizarse en los productos de parafarmacia. Los medicamentos tienen un precio fijado por la Administración, que es quien lo establece y sobre los que vuelve de manera periódica. “Desde el año 2000 ha habido como 28 medidas de ahorro sobre los medicamentos. El último movimiento ha sido la creación de los precios referencia”, manifiestan fuentes del sector. Así, más de la mitad de lo que se dispensa en una farmacia “vale 3 euros o menos”.

“El 80% de lo que hace una farmacia está controlado y limitado. Es ese 20% es lo que le permite a los farmacéuticos amortiguar, que le deja más dinero que los medicamentos, aunque tengan que competir con otros canales de distribución”, como supermercados o grandes superficies, sonríen. 

Porque no se puede olvidar que se trata, al fin y al cabo, de un negocio. De ganar dinero. Y, probablemente, haya quien crea que mejor con un test de embarazo… que con alguna pastilla. Cueste lo que cueste, que, en este caso, es mucho. Al menos, para el bolsillo de los demás.

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