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El veterano compositor neoyorquino Elliott Murphy regresa a los escenarios españoles con una extensa gira que contará con una parada en A Coruña, el próximo 29 de noviembre. Será su única cita en Galicia, y con la que recorrerá otros territorios de España como Granada, Sevilla, Oviedo, Santander, Madrid, Zaragoza, Donostia y Bilbao.

El concierto en la ciudad herculina se celebrará en la Sala Garufa el domingo 29 de noviembre, a partir de las 19:30 horas. Las entradas ya están a la venta en la web oficial de Neverland Concerts a partir de 33 euros.

Murphy es un referente indiscutible en el rock y en la narrativa hecha canción, en esta ocasión repasa más de medio siglo de repertorio alternando la electricidad del formato con banda con la cercanía acústica del dúo. Además, lo hará acompañado de su inseparable escudero, el extraordinario guitarrista Olivier Durand.

El artista regresa a los escenarios con una nueva tanda de fechas que refrendan su estatus indiscutible dentro del rock clásico. Radicado en París desde hace más de tres décadas, el veterano músico y literato mantiene intacta esa voracidad creativa inaugurada en 1973 con su álbum de debut, un 'Aquashow' del que la crítica de la revista Rolling Stone sentenció que su autor y su obra permanecerían vigentes mientras subsistiera el rock and roll.

Con más de treinta y cinco discos a sus espaldas, una carrera que supera el medio siglo de oficio ininterrumpido y una prolífica obra literaria, Murphy encarna un pilar fundamental de la historia de la música popular, avalado de por vida por devotos tan ilustres como Lou Reed, Tom Petty, Peter Buck de R.E.M., John Mellencamp o Elvis Costello, además de sumar colaboraciones históricas con figuras de la talla de Bruce Springsteen.

El compositor despliega en directo un cancionero cargado de imaginería poética, letras introspectivas y urgencia guitarrera, un equilibrio milimétrico que en Estados Unidos le ha granjeado el fervor de la crítica y en Europa un estatus de auténtico culto. En esta nueva andadura por la geografía peninsular, el artista demuestra sobre las tablas por qué cada recital se transforma en una experiencia visceral, respaldado además por la complicidad escénica de su inseparable guitarrista Olivier Durand, apodado cariñosamente por los seguidores como 'The Big O' gracias a unos solos de guitarra que rozan lo sobrenatural.