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En la recta que lleva desde Oleiros a Iñás, un letrero a pie de carretera escrito a tiza anuncia un menú del día por 10 euros. Hasta ahí todo normal, quizás lo único extraño podría ser el precio: no se encuentran últimamente menús por menos de 13 o 14 euros. Aparte de eso, nada fuera de lo común. La sorpresa llega cuando, al levantar la cabeza, se ve el lugar al que lleva ese menú: el tanatorio Apóstol Iñás.

Este nuevo tanatorio y crematorio abrió sus puertas hace ya unos meses, pero la fama le ha llegado por algo que nadie podría esperar: por su comida.

A pocos metros del citado cartel, en la entrada del edificio, se encuentra el restaurante. Rodeado de grandes ventanales y muy luminoso, es pequeño: cuenta con 8 mesas bajas, 2 mesas altas y un par de sofás. El caso es que, independientemente de la actividad del tanatorio en ese momento, siempre hay gente. Por poner un ejemplo, el día que fuimos, un miércoles a las 13:30 horas, solo había una mesa libre. Y lo sorprendente es que el 100% de los clientes que había en ese momento venían expresamente a comer allí, atraídos por el boca a boca y por su gran reclamo: el menú de 10 euros.

Aunque en un primer momento pueda resultar extraño entrar en un tanatorio simplemente para comer, una vez sentado en una de sus mesas la sensación cambia. El espacio funciona como cualquier pequeña cafetería y buena parte de sus clientes acuden sin tener ninguna relación con los servicios funerarios que se celebran en el edificio.

Callos en el restaurante del Tanatorio Apostol en Iñas Jesús Sánchez

Un menú del día por 10 euros con primero, segundo, bebida, postre y café

En el restaurante del tanatorio hay una carta en la que se puede pedir desde hamburguesas por menos de 4 euros hasta raciones de raxo, tortillas, platos combinados, tostas de jamón o los bocadillos más clásicos. Todo a muy buen precio. Pero aquí lo que triunfa es el menú del día.

Siempre hay tres primeros y tres segundos para escoger. Su secreto: cocina casera, tradicional, con raciones abundantes y a buen precio. Así de simple. No hay platos especialmente elaborados ni una propuesta que pretenda sorprender. La idea es mucho más sencilla: comer como en casa, con recetas tradicionales, cantidades generosas y a un precio que resulta complicado encontrar actualmente en la zona.

En nuestro caso, de primero se podía escoger entre callos, ensaladilla rusa y hojaldre de jamón y queso. De segundo, pollo con arroz, carne asada o tallarines carbonara. Y de postre: melocotón en almíbar, hojaldre de manzana o yogur.

Por si fuera poco, dentro de esos 10 euros entra también una bebida y café.

El restaurante del tanatorio de Iñás no es un lugar habitual ni el sitio ideal para tener una cita, pero, sin duda, es uno de los restaurantes más económicos de la zona para comer cocina casera y abundante.