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Frente a la parrilla forjada con el rostro tallado en dorado del tanguista Carlos Gardel, en este restaurante de Arteixo reposa una afilada katana. A primera vista puede parecer un mero elemento decorativo, pero cuando Raúl saca de las brasas un chuletón y desenfunda el arma, entiendes que no está ahí por casualidad.

“La compré en una tienda muy antigua de A Coruña y desde entonces corto con ella los chuletones”, nos dice orgulloso. A continuación, nos enseña un enorme machete. “Este también lo utilizo, lo compré hace poco en Madrid. Y lo próximo que quiero usar para cortar es un sable”, nos asegura.

Raúl Gutiérrez nació en Uruguay, aunque su familia se mudó rápidamente a Argentina y, de allí, a España. “Cuando llegamos a Galicia, mi padre alquiló un R5 y allí nos metimos mis padres y mis cinco hermanos. Como no sabíamos dónde ir, nos pusimos a dar vueltas con el coche por la plaza de María Pita, que por aquel entonces no era peatonal, hasta que un chico nos ofreció alojamiento”, recuerda Raúl sobre sus primeros momentos en España.

A partir de ahí, se forjó una carrera en la hostelería, principalmente entre parrillas, hasta que llegó la oportunidad de montar su propio negocio en Arteixo. “Este restaurante había sido de mi mentor. Él fue quien me enseñó lo que sé. Por eso, cuando se presentó la oportunidad de cogerlo, fue especial para mí”, nos dice Raúl.

El chuletón de Angus, los chinchulines y otros imprescindibles de la Parrillada Gardel

En la Parrillada Gardel, la carne se cuida y se mima tanto como las brasas. “La clave para una buena parrilla es cuidar mucho las brasas y estar enamorado de ellas”, confiesa el cocinero mientras vigila el producto que se asa lentamente.

Hay carnes para todos los gustos, pero existe una joya de la corona: el chuletón de Angus. “Fuimos de los primeros que lo trajimos”, asegura Raúl. Además, ha montado todo un ritual a su alrededor. Primero, limpia meticulosamente la pieza para que sea un bocado limpio. Luego asa el chuletón en la parrilla. Una vez cocinado, es el momento de desenfundar la katana y cortar la carne, que deposita en una bandeja de madera.

La chuleta de Angus de Parrillada Gardel Jesús Sánchez

Ya en la mesa, se enciende un hornillo delante del comensal y sobre él se coloca un plato caliente, con un buen número de sales a su alrededor. Una forma perfecta de ir comiendo la carne ya asada, poco a poco, siempre caliente y con el punto de sal que prefiera cada uno.

Además, hay otros platos que no debes perderte, como los chinchulines, el intestino delgado, normalmente de vacuno, que se limpia y se cocina sobre todo a la parrilla. “La gente siempre me pregunta por ellos, así que suelo tenerlos”. Y, si te gusta el queso, no te pierdas su provolone a la brasa.

En Gardel, la parrilla es el centro de todo: desde unos chinchulines hasta ese chuletón que Raúl termina cortando con una katana y que, dentro de no mucho, cortará a sable. Una forma muy personal de entender las brasas que Raúl ha ido construyendo durante años y en la que conviven sus raíces argentinas, su oficio y una buena dosis de carácter propio y de buen humor.