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Y llegó el día. Este domingo, Flor y Lito se jubilan tras 40 años al frente de El Tequeño, en la plaza de María Pita. Una fecha que, desde hace una semana, cientos de coruñeses han marcado en sus calendarios para acercarse al pequeño local y probar un último tequeño antes de que esta noche cierren sus puertas. Incluso algunos que nunca los habían probado hasta ahora han querido acercarse para despedirse.

Después de cuatro décadas, dejan atrás un negocio que se ha convertido en parte de la vida de muchos de sus clientes, que ahora se quedan huérfanos y cruzan los dedos para que se continúe el relevo del local.

La expectación en este último día está siendo increíble. Incluso antes de abrir, a las 13:00 horas, ya había clientes haciendo cola a la espera de que levantasen la persiana. A partir de las 16:00, el equipo empezó a freír con pena la última remesa de tequeños, así que quienes quieran probar los últimos tendrán que darse prisa antes de que se acaben definitivamente.

"Hoy ya teníamos gente haciendo cola antes de que pudiéramos abrir. No se movieron de ahí y ahora mismo quedan unos 60 tequeños que los despacharemos en el turno de mañana", cuenta Lito a Quincemil.

Aunque se termine el último tequeño de la bolsa, su propietario asegura que seguirán abiertos hasta el final. "A la tarde daremos caramelos, besos y abrazos porque no va a quedar nada. Y a la noche dejaremos, como se dice, Santa María y un hasta luego", explica Lito. "Fueron muchos años de convivencia, de trabajo, de reír, de llorar y de pasar épocas difíciles", concluye.

Un último y primer tequeño

Cuando la noticia del cierre llegó a Tomás y Fernando, ambos decidieron que tenían que volver a comer un último tequeño y que, esta vez, tenían que traer a Devora con ellos.

"Nunca había venido antes, así que vine a probarlo antes de que cerrara", cuenta ella. "Le comimos la cabeza para que viniera. Yo vengo de toda la vida a comprar aquí los tequeños. Están ricos y son los más grandes", explica Tomás.

Los tres miran con pena la despedida de El Tequeño y cruzan los dedos para que llegue un posible relevo al negocio. "Es difícil que un negocio con el éxito que tiene esto cierre de forma definitiva", señala Tomás. "A ver si cogen el relevo. Es una pena que cierren negocios de toda la vida", añade Devora.

Brais también visita el local por primera vez. "Me acabo de mudar a A Coruña hace tres meses y no conocía El Tequeño. Me enteré por redes sociales de que cerraba y, como tenía buena fama, quise probarlo", cuenta.

Alex también acudió este mediodía al Tequeño para despedirse de estos tequeños. "Vivo cerca de aquí y tengo venido alguna vez. Es una pena que cierre, cada vez nos quedamos con menos bares de siempre y con más cadenas que puedes encontrar en cualquier otra ciudad. La personalidad de la ciudad se va apagando un poco", señala.

La historia de El Tequeño no termina aquí

De hecho, si algo ha querido dejar claro Javier Pastoriza, el hijo de Flor y Lito, a Quincemil es que la historia de El Tequeño está lejos de terminar aquí. "Termina para mis padres", aseguraba. Pero la puerta queda entreabierta para lo que pueda pasar con las terrazas de María Pita.

Y es que, ya antes del verano, Lito contaba a este medio que su jubilación llegaría el día que quitasen las terrazas. Todo dependía de la clientela que se perdiera: "Si no hay trabajo, no me necesitan". Sin embargo, no contaban con que su jubilación no venía sola. Más gente de la plantilla estaba a las puertas de convertirse en pensionistas, por lo que Javi empezó a ver los días contados. "Se va la columna vertebral del Tequeño", añadía.

Así que, por el momento, El Tequeño se despide este domingo. Pero no para siempre.