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“Nosotros no somos un restaurante, somos un bar de tapas y raciones. No aspiramos a más”, nos asegura con humildad Juan, su propietario. Él, junto a su mujer Irene, abrió hace más de 25 años este local junto al Mandeo, en pleno Betanzos, y desde entonces el negocio no ha parado de crecer. ¿Su secreto? Cocina muy casera, preparada con cariño y mucho oficio.

El nombre del bar se lo pusieron sus hijos por el mítico programa de la televisión gallega Luar, en el que siempre se cantaba aquello de: “Apaga o candil, Marica, chus, chus...”. “Les hacía mucha gracia, a mi mujer le parecía bien, así que acepté el nombre”, recuerda Juan.

También tiene su historia el logo del bar, un dibujo de un candil que hizo el artista brigantino Antonio Palla. “De tanto insistirle, me acabó dibujando el logo en un bar, en una servilleta. Y ese fue el logo que usé para el bar. Eso sí, se le olvidó firmarlo y aún a día de hoy me insiste en que debe hacerlo cuanto antes”.

“Aquí, la única publicidad que hemos utilizado en todos estos años ha sido el boca a boca”, nos asegura Juan, que no participa en ningún concurso de tapas ni de tortillas, como hacen muchos de los locales de la zona. Se dedican a cocinar, ni más ni menos.

Chipirones de O Candil Jesús Sánchez

Una de las mejores tortillas de Betanzos… y mucho más

La fama le vino a O Candil por la tortilla. Después de hacer cientos de ellas, se convirtieron en uno de los referentes de la mundialmente famosa tortilla de Betanzos. Se elabora como debe ser: con una buena cobertura, patata de la zona y muy poco cuajada, tan poco que se derrite al cortarla.

Pero la cocina de Irene no termina ahí. Quizás se venga por la tortilla, pero la gente vuelve por otras elaboraciones, como unos riquísimos chipirones, que se limpian bien por dentro y se sirven rebozados. Muchas de las personas que vienen aquí a comer ni siquiera piden la carta, lo tienen clarísimo: una de tortilla y una de chipirones.

Tortilla de O Candil Jesús Sánchez

“El plato que más me gusta de todos es la lengua”, nos confiesa Juan sobre otra de las especialidades de O Candil. Se sirve estofada, loncheada y con una salsa que Irene ha ido perfeccionando con el paso de los años. También triunfan mucho la zorza y el raxo, pero la lengua es un plato muy especial.

Juan e Irene llevan más de treinta años dedicándose en cuerpo y alma a la hostelería. Cuando le pregunto si O Candil tendrá relevo generacional, Juan se encoge de hombros y reconoce que, en principio, sus hijos no tienen pensado continuar, aunque tampoco descarta que puedan cambiar de opinión. Por ahora, él e Irene siguen al frente: ella en la cocina y él atendiendo un bar que continúa llenándose gracias al boca a boca, una cocina casera, buen producto y un trato cercano.