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Hace poco más de dos meses, Luis de la Fuente disfrutaba de un rodaballo salvaje y diferentes mariscos en un restaurante de A Coruña después de un España-Irak disputado en Riazor. Este fin de semana ha repetido experiencia gastronómica en la provincia, aunque con una diferencia importante: esta vez lo ha hecho como campeón del mundo.

El seleccionador español escogió Fisterra para pasar estos días de agosto. De la Fuente llegó el sábado 15 a O Semáforo, el establecimiento situado junto al faro de Fisterra, donde comió, cenó y pasó la noche. Tras desayunar el domingo, puso fin a su estancia.

Su visita no pasó desapercibida entre trabajadores y clientes. Jacinto, encargado de O Semáforo, destaca especialmente la actitud del técnico, al que define como "una persona muy cercana" y con un trato "muy afable con todo el equipo". Tampoco tuvo inconveniente en atender a quienes se acercaron a él: "Se sacó fotos con todos los clientes que lo reconocieron".

La estancia dejó incluso tiempo para conversar de fútbol. De la Fuente compartió con el personal algunas anécdotas de su reciente experiencia en el Mundial, algo que convirtió su paso por el establecimiento, en palabras de Jacinto, en "una experiencia mágica".

Percebes, rodaballo y una cena con bogavante

La gastronomía tuvo un papel protagonista durante la visita. El seleccionador mostró interés por conocer los sabores de la zona y, según explica el encargado, "quería probar productos locales".

O Semáforo preparó para él una selección en la que no faltaron percebes, almejas, berberechos y rodaballo salvaje. La elección de bebidas siguió la misma línea: De la Fuente acompañó la comida con vinos gallegos, entre ellos godello y ribeiro.

Para la cena, la propuesta fue diferente y con un marcado carácter casero: huevos fritos con patatas y bogavante, acompañados de una ensalada de tomates.

El componente emocional

El viaje tuvo también una vertiente turística. Durante la tarde del sábado, De la Fuente aprovechó para recorrer algunos de los lugares más conocidos de la Costa da Morte y visitó la cascada del Ézaro y el Monte Pindo.

Pese a conocer la zona, nunca había estado concretamente en el cabo de Fisterra. Era, además, una visita con cierto significado emocional. "Le hacía mucha ilusión venir por aquí", explica Jacinto.

El motivo estaba relacionado con su familia. Según contó durante su estancia, su padre era marino mercante y le relataba historias de sus pasos por Fisterra, por lo que el seleccionador tenía desde hacía tiempo interés por conocer personalmente este enclave.