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Hay negocios que no solo cambian de gerencia, cambian de manos con toda una historia detrás. Eso fue lo que ocurrió hace un año en Bodegas Cao, la bodega más antigua de Elviña.

Tras la jubilación de Rodolfo Cao Vega, "Fito", una figura muy querida en el barrio después de más de cuatro décadas al frente del local, Goretti Liñares asumió el reto de continuar un legado con una idea clara: conservar la esencia de un lugar que muchos vecinos sienten como una segunda casa.

Un presentimiento desde la ventana de casa

Goretti llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de tener un negocio propio. Después de más de una década trabajando en hostelería, sintió que había llegado el momento de aprovechar toda la experiencia acumulada. "Siempre pensé que la hostelería era mucho más que servir cafés. Es un lugar donde la gente viene a estar, donde te cuentan "un conto", donde encuentras una sonrisa. Puede llegar a ser muy cálida", explica.

La oportunidad apareció casi por casualidad. Un día, hablando con comerciantes del barrio, se enteró de que Fito estaba pensando en jubilarse. La noticia le removió algo por dentro. "Cuando me dijeron que la bodega que veía todos los días desde mi ventana se quedaba libre, tuve el presentimiento de que tenía que ser para mí", añade.

Sin conocer apenas al propietario, pidió que la pusieran en contacto con él. "Entré y fui muy clara. Le dije que quería su bodega, que admiraba lo que había construido y que quería darle continuidad", afirma Goretti.

Aquella conversación fue el comienzo de una relación que hoy ambos recuerdan con cariño. "Congeniamos muy bien, él sintió que era la persona adecuada. Hoy seguimos teniendo una relación muy bonita", comenta.

La misma esencia, un año después

Cao abrió sus puertas en 1982 y es la bodega más antigua de toda la zona. Un año después del relevo, quien entra sigue encontrando muchas de las costumbres que hicieron famoso al local: se sigue sirviendo el "viño en cunca", una tradición cada vez menos habitual, y también continúa el pincho gratuito con cada consumición, una de las señas de identidad que implantó Fito.

Un bar donde la gente cambia de mesa y de conversación

Si hay algo que Goretti ha querido potenciar durante este primer año es la vida del barrio. Cada cierto tiempo organiza jueves especiales con concursos de tortillas, empanadas o pancetadas populares. En muchas de esas jornadas aparecen varios vecinos de Corme que, de forma completamente altruista, llevan sus guitarras para improvisar auténticos cantos de taberna.

Lo mejor, dice, llega cuando termina la fiesta. "Me hace muchísima ilusión ver que la gente acaba cambiando de mesa y hablando con personas a las que no conocía. Hay jóvenes, mayores… sabes con quién llegas, pero no con quién vas a terminar la conversación", añade.

Para ella, ese momento resume perfectamente qué significa un bar de barrio. "Ahí me doy cuenta de que estoy aportando algo más que vender bebida", destaca.

Pinchos de siempre y una carta para compartir

La propuesta gastronómica también mantiene la esencia del local. Al mediodía, cada consumición va acompañada de un pincho casero que puede variar entre oreja, panceta, lentejas o crema de verduras, entre otros. Por las tardes continúan los clásicos embutidos: chorizo de León, salchichón o queso.

A ello se suma una pequeña carta de raciones frías pensadas para acompañar el vino en cualquier momento del día, con embutidos, lacón con pimentón y aceite de oliva, "rixóns" con queso del país o sardinas en aceite de oliva, siempre con precios populares.

Goretti reconoce que hacerse cargo de un negocio con tanta historia imponía respeto. "Me siento una auténtica afortunada. Cogí un negocio que llevaba más de 40 años funcionando perfectamente. Mi reto no era cambiarlo; mi reto era conservarlo", afirma con orgullo. Y mientras Fito sigue acercándose de vez en cuando para tomar un vino o darle algún consejo, Goretti siente que ha conseguido lo más difícil: que quienes cruzan la puerta sigan sintiendo que Bodegas Cao continúa siendo su casa.