Un paseo por el parque de Santa Margarita de A Coruña permite pasar bajo pinos, arces blancos, plátanos de sombra o eucaliptos. En sus cerca de 53.000 metros cuadrados se concentran más de 70 especies botánicas procedentes de distintos lugares del mundo e incluso se puede encontrar un retoño del manzano de Newton. Pero entre tanto verde y tanta vida, llama la atención un conjunto de troncos talados y protegidos por unas vallas.
Este conjunto de tocones se encuentra entre dos caminos del parque, a escasos metros de la Casa de las Ciencias y muy cerca también de la explanada que hay junto a la escultura de 'La cuesta de la vida'.
También conocidas como pirámides de madera, se trata de un tipo de estructura creada a partir de madera en descomposición y colocada en diferentes direcciones y alturas.
Esta cumple varias funciones.
Pirámide de madera en el parque de Santa Margarita.
Por una parte, sirven de recuerdo a los árboles que un día fueron. Por otra, actúan como un rincón útil para la fauna y flora del parque.
Andrés Pereira, del GN Hábitat, explica que este tipo de espacios se crean para aprovechar la madera muerta como refugio de biodiversidad.
"Hay insectos y seres que dependen de la madera muerta moribunda como los saproxílicos o hongos descomponedores. También pueden servir de refugio para la microfauna del suelo", comenta.
Estos hongos que menciona el experto son capaces de reducir la madera a sus componentes iniciales, por lo que juegan un papel vital en el ciclo de la naturaleza que muchas veces se ve interrumpido en parques urbanos.
A su vez, estas pirámides "reducen costes porque es madera que no es necesario trasladar o retirar, sino que de manera natural se degrada en el medio y cumple una función".
El propio grupo naturalista colaboró en un proyecto similar en el parque Rosalía Mera, en Oleiros.
Pirámide de vacalouras en el parque Rosalía Mera de Oleiros.
Aquí instalaron unas "pirámides de saproxílicos" para los insectos que dependen de esta madera.
En estos ecosistemas viven seres como las vacalouras o ciervos volantes, el escarabajo más grande que se puede encontrar en Europa, y que "dependen de esa madera muerta de las caducifolias para su ciclo vital".
De hecho, sus larvas se alimentan principalmente de madera en un estado avanzado de descomposición, así que resulta habitual verlas en restos degradados en torno a los cinco años después de la muerte del árbol. Por este motivo las hembras depositan los huevos en las grietas de la corteza de los árboles muertos.
Entre sus lugares más habituales están los restos de robles, castaños o manzanos y cada larva de cerca de 1 gramo puede llegar a consumir 22,5 cm3 de madera al día.
Y cuando llega el otoño, después de un crecimiento que puede extenderse hasta cinco años, las larvas crean una pupa o en la propia madera o cerca del tronco, en la que inician su metamorfosis para emerger, ya en primavera, como ciervos volantes.
Pirámide de madera en el parque de Santa Margarita.
Aunque para verlas habría que afinar mucho la vista, en la estructura del parque de Santa Margarita una figura de una vacaloura ya da una pista del uso que se le da a este lugar.
"La muerte no es el final de la vida para muchos organismos, sino el principio", señala Pereira, que indica además que este tipo de proyectos ayudan a "interiorizar que estas montoneras pueden tener mucho beneficio y que tienen un significado en bosques y estos entornos".
