En A Coruña hay muchos edificios que tienen su propio nombre. Desde la Torre Hercón hasta la Casa Cornide, algunos de los inmuebles más reconocibles de la ciudad tienen un apodo, aunque pocos lo lucen en su fachada. Uno de ellos es la Casa Batanero, una de las reconocidas galerías de la Marina que, en su fachada frente al mar, muestra sobre ocho arcos la palabra Batanero.
Hoy en día los toldos y sombrillas de los locales de hostelería ocultan su nombre, pero tanto su ubicación como su colocación, hace cerca de siglo y medio, no fue casual.
Este edificio fue una de las primeras galerías de la Marina de A Coruña y también de las primeras construcciones que conformarían la actual plaza de María Pita.
La Casa Batanero vista desde la Marina.
Esta se concibió a finales del siglo XIX, cuando el gobierno local trabajaba en un plan de ordenación impulsado por el arquitecto municipal, Juan de Ciórraga. Este establecía cómo sería esta nueva plaza donde se iba a situar la casa consistorial aprovechando, de paso, los restos de la antigua muralla de la ciudad en la frontera con la Ciudad Vieja.
Entonces lo que hoy es María Pita se llamaba plaza del Derribo.
La arquitecta Nuria Prieto explica que este tipo de construcciones son ejemplos de arquitectura burguesa, un sector de la sociedad que estaba formado por tres tipos de personas: los comerciantes que hacían negocio más allá del Atlántico, gente que se dedicaba a la banca y los políticos.
Manuel Batanero Montenegro pertenecía a este último grupo.
En la década de los 70 del siglo XIX era abogado, diputado y, además, propietario del inmueble al que pondría su propio nombre.
Edificio polémico
La Casa Batanero ocupa dos solares que por un lado dan hacia la plaza de María Pita y por el otro hacia la Marina.
Este edificio, como muchos otros de la época, es obra del arquitecto Faustino Domínguez y Domínguez y sigue un estilo decimonónico, aunque su construcción no estuvo exenta de polémica.
"Hoy en día no distinguimos mucho sus obras unas de otras, porque todas tienen el mismo aspecto decimonónico y están relacionadas con las ordenanzas del momento y con la intención de crear una arquitectura vernácula gallega, en el sentido de traer a la ciudad la arquitectura del pazo", apunta Prieto.
La arquitecta añade que "la Casa Batanero es un ejemplo del proceso de modificación continua de la normativa de las fachadas de María Pita", citando el libro A praza de María Pita A Coruña (1859-1959).
Su autor, Xosé Lois Martínez, explica al teléfono que en este momento del siglo XIX es cuando se da forma a la "paisaxe urbana en Galicia". Como ciudad gallega más poblada del momento, con nada menos que cerca de 30.000 habitantes, A Coruña consolidó entonces "a fronte urbana que hoxe identificamos coa cidade".
De este momento son las galerías que le darían a la urbe el apodo de "ciudad de cristal" y que en Batanero estarían en el centro de la polémica.
Detalle de la Casa Batanero de A Coruña.
El autor del edificio era detractor de este tipo de construcción al considerar que la segunda fachada de madera y vidrio tapaba la propia del edificio, aunque se vio obligado a añadirlas en ambos frentes. "O abuso que se fai nesta cidade dos cadros de cristais toca xa no ridículo", llegó a declarar.
Asimismo, por una parte el arquitecto provincial señalaba que el edificio debía tener unos miradores y unas buhardillas aisladas en la quinta planta que no afectasen al diseño monumental de la plaza.
Por la otra, Faustino Domínguez, en base a los deseos de Batanero, defendía que la ornamentación acababa donde lo hacían las galerías del cuarto piso. La balanza se decantó para el diputado con la aprobación final del gobernador provincial.
La Casa Batanero, construida con restos de la antigua muralla, se convirtió así en el modelo de referencia para el resto de edificios que conforman la plaza de María Pita.
Nombre en la trasera
Esta no es la única que recibió su nombre de su propietario. Nuria Prieto explica que pasó igual con la Casa Obanza de Narciso Obanza, aunque esta costumbre se fue diluyendo a medida que las propiedades se heredaban entre miembros de la familia.
Lo que sí es menos frecuente es que el nombre se exhibiera en alguna de las fachadas como sucede con Batanero.
Plano del proyecto de la plaza de María Pita en la segunda mitad del siglo XIX.
En este sentido, Xosé Lois Martínez indica que la galería es en realidad la parte trasera del edificio y que el nombre se colocaría ahí y no en la fachada principal por pertenecer esta al espacio monumental de María Pita.
A esto Prieto añade el valor de la ubicación, en un momento de muchísima actividad comercial en el puerto de la ciudad, por lo que además del cristal, quienes llegaban en barco veían el nombre de Batanero al desembarcar.
Aunque las galerías eran la trasera de los edificios de María Pita, calle Real y otros puntos de la ciudad, hoy en día se han convertido en iconos coruñeses reconocidos por su estética.
Sin embargo, Martínez subraya el valor de esta invención gallega no por su imagen, sino por su aportación al confort térmico, tanto del frío como del calor, así como para aislar de la humedad de la lluvia y del viento, algo tan característico de A Coruña.
Las galerías, de las que la Casa Batanero fue una de las primeras, deberían en sus palabras "estar recoñecidas a nivel mundial".
