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Lejos de lo que cualquiera se pueda imaginar, llegar al Quinto Pino no es para nada difícil. Tan sencillo como seguir las señales. Este pequeño pueblo de Pastoriza, en el municipio de Arteixo (A Coruña), está a tan solo un desvío de la avenida Costa da Morte.

El nombre, ni los vecinos saben de dónde viene. Algunos dicen que de un famoso puticlub que en la década de los 60 estaba situado junto a la parada de autobuses. Por aquel entonces, en la zona no había edificios y la gente empezó a hablar de la parada "del Quinto Pino", por la propia expresión.

Sin embargo, otros dicen que "había unos árboles plantados en la entrada", por lo que pudo venir de ahí. Lo que está claro es que, por H o por B, todos terminaron dando con sus huesos aquí.

Casi todos ellos llegaron a este rincón de Pastoriza huyendo de la ciudad. Fina, la mayor del grupo que hemos reclutado para este reportaje, lleva ya 30 años en Quinto Pino. "Me mudé en el 97 con mi marido. Vivíamos en A Coruña de alquiler y decidimos comprar aquí", cuenta la mujer.

En la parroquia son alrededor de 400 habitantes. Ancianos, padres, madres, niños, perros... gente de todas las edades. Aquí juventud sobra. Fran e Isa tuvieron en el Quinto Pino a sus trillizos. Se mudaron en 2002, "de rebote", y aquí encontraron su hogar.

El hecho de tener tres hijos de golpe no es tarea fácil. Pero no les hizo falta ni pedir ayuda: el pueblo se volcó con ellos.

Porque, aunque dicen estar "abandonados" por las instituciones, si algo sobra en Quinto Pino es el sentimiento de comunidad. Y eso no sería lo mismo sin Stefanía, quien hace tan solo nueve meses tomó el traspaso del único bar que hay en el pueblo. Y menos mal. Era inviable que el negocio terminara con la jubilación del anterior dueño.

El bar, punto de encuentro

En ningún momento se le pasó por la cabeza cambiarle el nombre. Bar Quinto Pino es historia.

Stefanía, una uruguaya afincada en A Coruña, decidió mudarse a la ciudad hace cosa de veinte años. Pero fue en 2021 cuando ella y su familia decidieron buscar un hogar más alejado de la multitud.

Una vez se hizo con el bar, trató de darle su toque con desayunos bien preparados, bocadillos calientes "súper ricos", tortilla... En una zona en la que "necesitas el coche para todo", tener un sitio como este es crucial.

Bar Quinto Pino P.M

No hay más que pasarse un día cualquiera por el bar, a cualquier hora, y verás que ahí no hay separación entre mesas y sillas: todos hablan con todos.

Un pueblo lleno de emprendedores

Y no es la única emprendedora de la zona. No sé qué les dan de beber en Quinto Pino, que todo el mundo se lanza. Melanie es la repostera del pueblo. "Vine a vivir al Quinto Pino en el 2001, recién casada, porque mi cuñado ya vivía aquí. Queríamos comprar cerca de Coruña y nos animamos con un edificio en construcción de la promotora de Juan Abad", cuenta.

Los vecinos en el Bar. De isquierda a derecha, Isa, Melanie, Noa, Álex, Tamara, Fran y Stefanía P.M

Juan Abad es otro vecino del pueblo. Igual que lo son María José, de Pescadería Entre Rías; Muriel, de la guardería Vagalume; y lUn puea propia Melanie, de O Recuncho das Magdalenas. "Utilizo el nombre de O Quinto Pino en mis tarjetas de reclamo publicitario", ríe.

Porque ahí todos tienen su vida, fuera del pueblo o dentro, pero al final del día todos terminan en el mismo sitio.

Y si no, que le pregunten al de Correos, que sabe que, si el destinatario no está en casa, tiene otros veinte vecinos a los que les puede dejar el paquete.

La otra cara de vivir en el Quinto Pino

Pero vivir en el Quinto Pino también tiene su parte menos amable. Porque esa tranquilidad y ese sentimiento de vecindad conviven con cierto sentimiento de abandono por parte de las administraciones.

Mientras hablan de la historia de Quinto Pino, recuerdan también a los que ya no están, como Fernando Bardanca, "que fue un pilar muy importante en este barrio" y quien creó la asociación de vecinos. Tras su fallecimiento, en 2019, el Concello aprobó poner su nombre al parque, pero siete años más tarde siguen esperando lo prometido.

Y no es lo único que reclaman. "No tenemos luz por las noches, las carreteras están mal pintadas y mal señalizadas", explican.

Quinto Pino P.M

Cuando arreglaron la avenida da Costa da Morte, aseguran que se olvidaron de este pequeño rincón que queda pegado a la carretera. "Los edificios todavía conservan grietas de las voladuras", cuentan.

Porque todo es muy bonito en Quinto Pino hasta que paseas por sus calles. El nombre puede que haga gracia, pero a veces sienten de verdad que están en "el quinto pino", ese lugar al que las administraciones parece que les cuesta bastante llegar.

Y aun así, cuando se les pregunta qué es lo que les hace quedarse, la respuesta parece bastante sencilla: los vecinos. Porque podrán estar lejos de todo, pero aquí, al menos, nunca están solos.