El puerto de A Coruña vivió este fin de semana dos caras completamente distintas. Si el sábado por la tarde la pista de baile se llenaba de cincuentones dispuestos a mover el esqueleto al ritmo de los grandes éxitos de su juventud, este domingo por la mañana el panorama era muy diferente: donde apenas unas horas antes sonaban los temazos de los 80 y los 90, ahora había niños jugando con Playmobil, El Pollo Pepe o Superthings.
Todo forma parte del ciclo de conciertos Son & Mar, que este sábado convirtió el puerto coruñés en una auténtica fiesta de la cultura pop. Desde las 18:00 horas, más de 6.000 personas se reunieron en el Pica Pop, un tardeo pensado para quienes crecieron con aquellas canciones que sonaban día sí y día también en la radio.
Muchos de ellos dejaron a los pequeños de la casa con sus abuelos y se fueron al puerto a disfrutar de una tarde entre amigos. Y no faltaron los clásicos: desde "La madre de José" hasta "A quién le importa", canciones que hicieron bailar a varias generaciones y que, pese a tener ya unas cuantas décadas, siguen siendo capaces de llenar una pista.
Porque el público del Pica Pop no fue únicamente el de mediana edad. También hubo generaciones más jóvenes que han crecido escuchando esos mismos temas en casa, convirtiendo el tardeo en una fiesta compartida entre padres, hijos y amigos.
De la pista de baile al parque de juegos
Pero bastaron unas pocas horas para que el puerto cambiase completamente de aspecto. Este domingo, desde primera hora de la mañana, llegó el turno del Mundo Juego, también dentro del ciclo Son & Mar.
El espacio que el sábado acogía una enorme pista de baile amaneció convertido en un gigantesco parque de juegos para los más pequeños. Playmobil, El Pollo Pepe, Superthings y otros clásicos infantiles tomaron el relevo de los grandes éxitos de los 80 y los 90.
Un cambio de público, de música y de ambiente para un mismo espacio. Del "A quién le importa" y "La madre de José" del sábado por la tarde a los juegos infantiles del domingo por la mañana. En apenas unas horas, el puerto pasó de ser territorio de los cincuentones a convertirse en el lugar perfecto para que los niños pudieran disfrutar del domingo.
