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Reservar una cita y no acudir. Una práctica que puede parecer un simple despiste para el cliente, pero que para algunos negocios de A Coruña supone dejar una silla, una mesa o incluso varias horas de trabajo vacías.

Peluquerías, centros de estética y restaurantes han adoptado diferentes fórmulas para protegerse frente a los conocidos como no show: desde pedir una señal que después se descuenta del servicio hasta solicitar una tarjeta bancaria como garantía o restringir futuras reservas a quienes faltan de manera reiterada.

Los establecimientos consultados diferencian entre un imprevisto puntual, que le puede ocurrir a cualquiera, y aquellos clientes que reservan y simplemente no aparecen ni avisan. El problema cobra especial importancia cuando se trata de servicios que requieren bloquear dos, tres o más horas de agenda, pero también en restaurantes donde una mesa reservada que finalmente queda vacía puede resultar difícil de cubrir con escaso margen.

Uno de los establecimientos que lleva más tiempo aplicando este sistema es Jorge Garay, situado en la calle Sinfónica de Galicia, 20. El salón comenzó a solicitar una señal hace aproximadamente seis años ante las dificultades que provocaban las ausencias en citas de larga duración.

"Para nosotros, la finalidad de la señal no es cobrar por cancelar una cita, sino proteger un espacio de trabajo que se reserva exclusivamente para una persona", explican desde el establecimiento. En servicios de más de tres horas, añaden, "una cancelación de última hora significa que ese tiempo queda vacío y, al trabajar siempre con cita previa, no siempre es posible encontrar a otra persona que pueda ocuparlo con tan poca antelación".

Jorge Garay Cedida

45 euros entre el diagnóstico y la señal

El sistema de Jorge Garay ha evolucionado con los años. Inicialmente solicitaban únicamente 30 euros de señal y realizaban gratuitamente el diagnóstico previo. Actualmente, este último tiene un precio de 15 euros al considerar que la valoración del cabello también supone tiempo y trabajo por parte del profesional.

La medida no se aplica a toda la clientela, sino principalmente a nuevos clientes y servicios de más de tres horas, como determinados trabajos de mechas, alisados o tratamientos. Primero se realiza el diagnóstico, cuyo importe se descuenta posteriormente si se lleva a cabo el servicio. Si el cliente decide finalmente no hacerlo, esos 15 euros no se devuelven porque la valoración ya se ha realizado.

Si tras el diagnóstico se reserva una cita, se añaden otros 30 euros de señal, por lo que antes del servicio se han abonado 45 euros. Cuando el cliente acude, ambas cantidades se descuentan del precio final. El pago puede realizarse mediante transferencia o directamente en el salón y las condiciones se comunican por escrito antes de confirmar la reserva.

En caso de cancelación, el establecimiento solicita un mínimo de dos días hábiles de antelación. Si se cumple este plazo, devuelve los 30 euros correspondientes a la señal, pero no los 15 del diagnóstico.

El balance, aseguran, ha sido positivo. "Desde que implantamos este sistema hemos notado menos cancelaciones y, sobre todo, no nos hemos encontrado con clientes que hayan abonado la señal y finalmente no se presenten". Según explican, la mayoría comprende las condiciones y las acepta sin problemas.

Pin Up también pide una señal para los trabajos más largos

Una fórmula similar utiliza Pin Up Peluquería e Imagen, situada en la avenida Fernández Latorre, 104. En este caso, la señal se solicita en las primeras citas cuando se trata de trabajos que requieren reservar una parte importante de la jornada. "Para poder tener una fijación o una confianza de que sí que vengan, pedimos una señal", explican desde el establecimiento. La cantidad adelantada se descuenta íntegramente del precio cuando se realiza el servicio.

El sistema se utiliza especialmente para mechas y trabajos de color, aunque también se extiende a otros servicios cuya duración supera aproximadamente las dos o tres horas. Si el cliente necesita cancelar y lo comunica con suficiente antelación, la cantidad puede ser devuelta.

Le Barbier, de asumir la primera ausencia a bloquear las reservas

No todos los establecimientos optan por cobrar por adelantado. Le Barbier, ubicado en el numero 6 de la avenida Novo Mesoiro, utiliza un sistema diferente que busca dar margen ante un primer imprevisto, pero penaliza las ausencias cuando se repiten.

Su propietario, Juan Martínez, explica que la primera vez que un cliente no aparece y no ha cancelado con al menos 12 horas de antelación, el salón asume la pérdida. "Somos humanos y pudo pasar cualquier cosa", señala.

La incidencia, sin embargo, queda registrada en la agenda. Si vuelve a producirse, la política cambia. "A partir de la segunda, si no aparece, ya se le cobra el 100% de la cita", explica Martínez.

Si esta conducta continúa, el establecimiento puede terminar bloqueando el número de teléfono para impedir que esa persona vuelva a reservar online. "Ese tipo de clientela no nos interesa tenerla", asegura el propietario.

Los restaurantes también se protegen frente a las mesas vacías

El problema no se limita a peluquerías y centros de belleza. Los restaurantes también han incorporado mecanismos para reducir las denominadas reservas fantasma, especialmente cuando trabajan con un número limitado de mesas o reciben reservas para grupos numerosos.

Una de las fórmulas más extendidas es la denominada huella bancaria: el cliente facilita los datos de una tarjeta al reservar como garantía, pero no se realiza ningún cargo si acude con normalidad. El establecimiento únicamente puede aplicar la penalización previamente establecida cuando se produce un no show o la cancelación se realiza fuera del plazo fijado.

Es el sistema utilizado por Taberna 5 Mares, el proyecto de Iria Espinosa y Luis Veira situado en el Mirador de San Pedro. Al formalizar la reserva a través de su página web o de las plataformas autorizadas se solicita introducir una tarjeta como garantía.

Si el cliente acude con normalidad, la reserva no supone ningún coste adicional y paga únicamente lo consumido. La penalización se contempla si no se presenta o cancela fuera del plazo permitido por el establecimiento.

Parte del equipo de Eclectic @eclecticgastro

Eclectic exige cancelar con al menos 48 horas

También Eclectic, situado en el número 8 de la calle San Andrés, utiliza la tarjeta como garantía para determinadas reservas. El restaurante especifica que no realiza ningún cargo en el momento de introducir los datos bancarios.

En aquellas reservas para las que se solicita huella bancaria, el plazo de cancelación es de 48 horas. Las anulaciones de mesas o reducciones del número de comensales realizadas con menos antelación pueden implicar el cargo autorizado por persona en el momento de reservar.

El establecimiento permite, no obstante, transferir la reserva a otros comensales sin coste, siempre que se comunique previamente al restaurante.

Las condiciones son específicas para los grupos. En reservas de siete o más personas, se puede anular como máximo un comensal respetando las 48 horas de antelación. De lo contrario, el restaurante contempla cobrar el menú elegido correspondiente al número de personas que finalmente no asistan.

Además, Eclectic solicita confirmar la asistencia con 30 horas de antelación y advierte de que, si no consigue contactar con el cliente por otras vías, puede proceder a anular la reserva.

El interior de Terreo Cocina Casual Terreo Cocina Casual

Terreo permite cancelar hasta seis horas antes

Otro de los restaurantes de A Coruña que utiliza la huella bancaria para garantizar las reservas es Terreo, situado en el número 109 de la calle San Andrés. Las reservas pueden realizarse tanto por teléfono como a través de su sistema online y requieren facilitar los datos de una tarjeta como garantía.

En este caso, el establecimiento permite cancelar libremente hasta seis horas antes de la reserva.

Terreo cuenta además con una política específica relacionada con la capacidad de sus mesas. Al disponer de mesas de diferentes tamaños, el sistema no acepta reservas para un número de personas inferior al establecido para cada una. Si el cliente quiere ocupar igualmente una mesa de mayor capacidad, el restaurante establece un cargo de 20 euros por cada persona que falte para completar el número asignado.

Además, los viernes y sábados durante el servicio de cenas, las mesas para dos personas funcionan con doble turno y únicamente pueden reservarse por teléfono.

Las fórmulas varían de un negocio a otro, pero todas persiguen un objetivo similar: evitar que una cita o una mesa permanezca bloqueada para una persona que finalmente no va a acudir.