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Vestido o traje, restaurante, fotógrafo, decoración, mesa de dulces, regalos, música y animación. Las primeras comuniones han cambiado mucho en los últimos años y, aunque las celebraciones tienden a reducir el número de invitados y a apostar por encuentros más íntimos, el despliegue que las rodea recuerda en muchos casos al de una pequeña boda. Ahora, además, la fiesta comienza a desligarse incluso de aquello que le dio origen: la ceremonia religiosa.

Las llamadas comuniones civiles ya han llegado a A Coruña y su área metropolitana. No se trata de un acto oficial ni existe ningún trámite administrativo que permita a un niño "hacer la comunión" de manera civil. A diferencia de lo que sucede con un matrimonio, la primera comunión es un sacramento de la Iglesia católica y, por tanto, los ayuntamientos no celebran una alternativa equivalente.

Lo que algunas familias están haciendo es otra cosa: organizar una ceremonia simbólica y completamente personalizada para que sus hijos puedan disfrutar de un día especial junto a familiares y amigos sin necesidad de participar previamente en un acto religioso.

En algunos espacios para eventos de A Coruña ya han tenido las primeras experiencias. El Hotel Finisterre, situado en el paseo del Parrote, acogió recientemente una celebración de estas características.

Una ceremonia para compartir el día con sus amigos

"Es verdad que es algo poco habitual, porque estamos muy acostumbrados a las bodas civiles, pero no tanto a las comuniones civiles", reconoce Andrea Ribeiro, del departamento comercial y de eventos del Hotel Finisterre.

En su caso, la petición llegó de una familia no creyente que había decidido que su hijo no hiciese la primera comunión. Sin embargo, querían que pudiese disfrutar de una celebración parecida a la de sus compañeros.

"Los padres no son creyentes, no querían hacerle al niño la comunión, pero para que tuviera el mismo día que sus amiguitos hicieron aquí como una pequeña ceremonia ficticia entre la familia y los amigos", explica Ribeiro.

No hubo sacerdote, rito religioso ni ningún tipo de validez oficial. En su lugar, la familia construyó su propia ceremonia. Los familiares pronunciaron un pequeño discurso, los amigos dedicaron unas palabras al protagonista e incluso le cantaron una canción. "Fue un acto súper pequeñito, simbólico", resume.

El hotel adaptó uno de sus espacios para la ocasión. Prepararon las sillas a modo de pequeño teatro y colocaron una mesa desde la que se realizaron los discursos, con decoración floral. Una vez finalizado el acto, comenzó la comida y la celebración continuó como cualquier otra comunión.

"Estamos acostumbrados a las bodas civiles y, al final, el montaje es un poco simulando lo mismo. En este caso fue una cosita pequeñita y luego ya siguieron con la fiesta", explica Ribeiro.

Por ahora ha sido la única comunión civil que han organizado en el establecimiento, aunque desde el hotel no descartan que esta primera experiencia termine repitiéndose. "No me extrañaría que llegaran más solicitudes de este estilo", apunta.

Banquete en el Hotel Finisterre Cedida

Ceremonias hechas a medida

No es un caso aislado. En Makkan Club, situado en Oleiros, también han acogido ya alguna celebración de este tipo. "En Makkan ya hemos tenido alguna celebración de este tipo y la experiencia ha sido muy bonita", explican desde el establecimiento.

La principal diferencia con una primera comunión convencional se encuentra precisamente en el acto previo a la fiesta. Al desaparecer la liturgia religiosa, no existe un guion que todas las familias deban seguir y cada una puede decidir qué significado quiere darle a ese momento.

"En una comunión civil, la familia organiza un acto simbólico y totalmente personalizado, normalmente centrado en el niño o la niña, en su crecimiento y en los valores que quieren transmitirle", señalan desde Makkan.

Las posibilidades son muy diferentes: unas palabras de los padres, lecturas de familiares y amigos, música, la entrega de algún objeto especial o cualquier gesto que tenga significado para el menor y su entorno.

Después, las diferencias prácticamente desaparecen. "A partir de ahí, la celebración es muy similar a una comunión convencional: comida, decoración, animación infantil, música…", explican.

Precisamente esa libertad constituye una de las principales características de estas nuevas celebraciones: "La ceremonia previa es mucho más libre y permite adaptarla completamente a la personalidad del niño y a la manera de celebrar de cada familia", destacan desde Makkan.

De la ceremonia religiosa a una "mini boda"

El fenómeno llega en un momento en el que la propia manera de celebrar las primeras comuniones también se ha transformado. Frente a aquellas reuniones con largas listas de invitados, muchas familias optan ahora por encuentros más reducidos y cuidados al detalle, con el niño o la niña como protagonista absoluto.

Eso no significa necesariamente que resulten económicos. Una celebración puede convertirse prácticamente en una "mini boda" al sumar restaurante, fotógrafo, decoración, mesas de dulces, regalos, música, DJ y otros servicios.

El desembolso familiar puede situarse entre los 5.000 y los 10.000 euros, mientras que solo el vestido puede moverse entre los 500 y los 2.000 euros. En esta última partida también influye el regreso de elaboraciones artesanales y trabajos como el nido de abeja, las puntillas hechas a mano o determinados detalles de patronaje.

Las comuniones civiles trasladan buena parte de ese modelo de celebración a familias que no quieren vincular el día a la religión. No sustituyen a la primera comunión ni pretenden tener su misma consideración, conservan la fiesta y crean un acto diferente alrededor del menor.

"Al final, se trata de dar importancia a una etapa especial de su vida y reunir a las personas que más quieren, aunque no exista un componente religioso", resumen desde Makkan.