Cada año hay menos matrimonios gallegos que rompen su relación. Las demandas de ruptura matrimonial disminuyeron un 13,2% respecto al año anterior según los datos del Consejo General del Poder Judicial, en una tendencia que lleva a la baja unos 12 años, a excepción de un ligero repunte registrado en 2024.
El año pasado fueron un total de 4.573 nulidades, separaciones y divorcios. Las causas son múltiples pero la principal es que, como las rupturas, el número de matrimonios también ha descendido.
"Las parejas ya no se mantienen por obligación social", mantiene Dolores Seijo, catedrática de Psicología de la Universidade de Santiago de Compostela.
La psicóloga explica también que Galicia registra un menor volumen de enlaces matrimoniales, con una tendencia descendente entre 2010 y 2024.
"Paralelamente, durante las dos últimas décadas se ha producido un notable incremento de las uniones de hecho y de las parejas que conviven sin formalizar jurídicamente su relación", añade antes de detallar que "cuando estas parejas ponen fin a su convivencia, no queda reflejado en las estadísticas oficiales".
Muchas de las separaciones sí registradas, además, son divorcios consensuados, en una tendencia que en los últimos 15 años se ha distanciado cada vez más de los no consensuados.
En el 2025 hubo 2.931 de los primeros y 1.524 divorcios no consensuados.
Irene Culebras, abogada de Torres Díaz resalta que "en ámbitos como el derecho de Familia, todo aquello que se pueda resolver de mutuo acuerdo entre las partes es mejor que judicializar esos procedimientos y los propios juzgados siempre intentan de alguna manera favorecer esos acuerdos. Hay muchos acuerdos que se alcanzan en la puerta del juzgado el mismo día que se celebra el juicio".
De hecho, desde abril del año pasado, "antes de iniciar un procedimiento judicial, como requisito de procedibilidad, se exige haber acreditado una negociación extrajudicial previa" Otra explicación de por qué hay más procedimientos de mutuo acuerdo.
A esto añade una capa más: la presencia de menores.
"También es importante tener en cuenta que cuando hay menores en casos de separación, divorcio o nulidad, aunque sea de mutuo acuerdo, el procedimiento tiene que acabar en el juzgado", matiza Culebras.
Desde su ámbito, la psicóloga Dolores Seijo recuerda que "la evidencia científica indica que la ruptura de la pareja parental supone siempre un acontecimiento relevante en la vida de los hijos e hijas, aunque sus efectos dependen en gran medida de cómo se gestione el proceso".
Entre sus recomendaciones, señala que "resulta fundamental que padre y madre afronten la ruptura de manera responsable, favoreciendo la comunicación, la cooperación y el mantenimiento de una coparentalidad positiva" y que, en caso de necesitarlo, se solicite ayuda especializada.
¿Han cambiado los divorcios?
La abogada explica también que la constante en los motivos de las rupturas matrimoniales es la voluntad de las dos partes.
De todas formas, sí observa un cambio con los años.
"Algo que anteriormente no se veía tanto son divorcios en personas mayores de 60 años. Antes a lo mejor era sorprendente que una persona con esa edad se divorciase, pero eso también está vinculado al aumento de la esperanza de vida", indica.
También influyen, como lo han hecho siempre, los motivos económicos.
En este aspecto, después de los hijos, la principal preocupación en una separación es la vivienda.
Culebras indica que "el tema de la vivienda siempre ha sido una problemática a la hora de plantearse los procedimientos judiciales de divorcio. En muchas ocasiones, el problema de las parejas es económico".
En este contexto, "no es la primera vez que se tiene que regular la ruptura de la convivencia y, sin embargo, tener que plantear que durante un tiempo se siga conviviendo porque no hay alternativa habitacional o que el acuerdo pase por la previa venta de la vivienda, que queda sometido y condicionado al mercado".
La experta reconoce que "estamos en un momento donde los precios de la vivienda son altísimos y es cierto que hay mucha rotación y mucha movilidad, pero también se exige mayor capacidad económica para acceder a una vivienda. Entonces, sí que nos hemos encontrado con procedimientos de divorcio donde estás de alguna manera vinculando el divorcio a que se venda la casa porque, si no, no puedes dar alternativa habitacional a dos personas que se quieren separar".
"Toda crisis familiar acaba convirtiéndose en una pseudocrisis económica", añade.
En esta misma línea, Dolores Seijo apunta a que el descenso en el número de separaciones tenga quizás "entre las causas más relevantes el retraso en la edad de matrimonio, asociado en parte a las dificultades económicas de la población joven para iniciar una vida independiente".
Además, en 45 años desde la aprobación de la Ley del Divorcio, los motivos de rupturas también han cambiado.
"Históricamente, muchas mujeres tendían más a resistir dentro de la relación, en parte por la dependencia económica y por las normas sociales que penalizaban la separación", apunta a Seijo sobre un fenómeno mucho menos frecuente hoy en día.
En la actualidad, "parecen tener más peso los factores psicológicos, emocionales y de estilo de vida".
En el caso de Galicia, al contar con población envejecida por encima de la media estatal, el contexto "implica una mayor carga de cuidados hacia personas mayores dependientes. Este cuidado, que sigue recayendo mayoritariamente en las mujeres, puede generar cansancio, sobrecarga o resentimiento dentro de la pareja", convirtiéndose así en otro motivo de ruptura.
