Publicada

Kamal lleva montando su jaima en la Feria Medieval de A Coruña desde que se celebró la primera edición, en 1996. Entonces, su puesto no era ni la tercera parte de lo que es hoy. Apenas eran una quincena de feriantes los que llenaban la plaza de Santa Bárbara. Él fue uno de los pioneros que empezó a escribir la historia de una cita que, 30 años después, se ha convertido en uno de los eventos más esperados del verano en la ciudad.

Hoy la feria reúne cerca de un centenar de puestos y se extiende por toda la Ciudad Vieja, que durante unos días regresa a la Edad Media. Kamal ocupa uno de los lugares más privilegiados: el centro de la plaza de Azcárraga, donde tiene un puesto de dulces árabes, otro de shawarmas y una gran jaima en la que los visitantes pueden sentarse a tomar un té.

La vida del feriante, dice, se parece mucho a la de un artista. De ciudad en ciudad recorren España participando cada año en unas 24 ferias. "Vivimos de esto", explica. Aun así, reconoce que la de A Coruña tiene un lugar especial. "Es la que más me gusta". En su calendario compite con otras grandes citas como las de Ibiza o Alcalá de Henares, pero asegura que la coruñesa tiene algo diferente.

Y no solo por el privilegio de instalarse en un enclave como la Ciudad Vieja. Kamal destaca especialmente la organización y la convivencia con los negocios de la zona. "Es de las pocas ferias en las que es la propia asociación de comerciantes la que gestiona nuestra llegada", explica.

Kamal, uno de los primeros feriantes de la Feria Medieval P.M

"Lo bueno que tiene A Coruña es que nos reciben con los brazos abiertos. La gente es súper amable", asegura. Durante esos días, bares como Azca o El Caldito, entre otros, también salen a la calle y se convierten en parte de la feria. "No vendemos cerveza porque ya la tienen ellos. Nosotros ofrecemos otras cosas y así convivimos todos", cuenta.

"Estoy enamorado de Galicia"

Después de tantos veranos regresando a la ciudad, ya son muchas las caras que reconoce entre el público. "He visto hasta niños que ahora son padres", dice con una sonrisa. "Estoy enamorado de Galicia".

Además de A Coruña, también pasa por otras ferias gallegas como las de Ferrol o Pontedeume, pero es en la ciudad herculina donde más tiempo permanece. "Alquilamos un piso aquí al lado y solemos quedarnos un par de días más cuando termina la feria", explica. Lo hace junto a su hija Rosa, que le acompaña en el puesto.

También trabaja con un equipo que hace posible sacar adelante sus dos puestos y la jaima. "Somos el único puesto con kebab de cordero", destaca.

Todos llegan desde Valencia, pero mantienen viva la esencia de su cultura inspirándose en los zocos árabes para recrear una experiencia que, año tras año, conquista a los coruñeses. Kamal espera seguir regresando durante muchos años más y continuar viendo crecer a las generaciones de vecinos, igual que ha hecho desde aquel verano de 1996.