"Me parece muy complicado tener un hijo, sobre todo una niña con toda la violencia que hay hoy en día". Valeria Roel (Santiago de Compostela, 1994) lo tiene claro: a sus 32 años ha descartado por completo la idea de ser madre. La joven considera que "no viviría tranquila ningún día" teniendo un hijo y, que para cambiar esa sensación, la sociedad tendría que "cambiar bastante".
Su caso no es una excepción. Cada vez más jóvenes de la generación millennial, marcados por la precariedad laboral, la incertidumbre económica y los cambios sociales, no se plantean la maternidad o la paternidad como parte de su proyecto vital. Así lo reflejaba ya hace seis años la encuesta Merck Generación Z y millennials: ¿entra la maternidad en sus planes?, que evidenciaba un descenso en el deseo de formar una familia: un 20% de los hombres y un 21% de las mujeres aseguraban no contemplarlo a medio plazo.
Valeria es profesora de Educación Primaria y reconoce que le encantan los niños, a pesar de que la maternidad nunca llegó a encajar con ella. "Cuando era adolescente, ya sabía que si, algún día llegaba a ser madre, lo haría adoptando. Después de los 30 cambié de idea y ahora tengo muy claro que no quiero tener hijos", señala la joven.
Presión social
Una elección personal que, sin embargo, continúa suscitando debates en el entorno de Valeria. "Las mujeres estamos mucho más presionadas a ser madres. A un hombre apenas se le pregunta si quiere tener hijos y, cuando se hace, nunca es con la misma insistencia que a nosotras. Y al final, es una decisión muy personal", reflexiona.
Al mismo tiempo, es una decisión que además comparte con su pareja. "Ella en su momento quería tenerlos, pero cuando llegamos a cierta edad lo hablamos y le dije que yo no me veía siendo madre. Al final decidimos no tenerlos, también porque al ser homosexuales todo resulta más complicado", señala. A ello se suma, además, la inestabilidad económica: "A veces la gente opina sin saber y hacen que te sientas juzgada".
"Serías una buena madre"
Esa presión aparece ligada a su profesión. "A veces me juzgan por ser profesora y monitora de niños y no querer tener los míos propios. Me encantan los niños, pero no entienden que son dos cosas diferentes", cuenta Valeria. "Suelen decirme 'Pero si tú serías muy buena madre'. Y a mi ver, tener un hijo es una decisión muy importante como para tomarla así a la ligera. No es como comprarte un coche, es una persona que va a estar a tu cargo toda la vida".
La gallega reconoce que en los últimos años, una de las cosas más complicadas ha sido ver cómo sus amigos empezaban a tener hijos y ella se quedaba en otro punto vital diferente. "A veces es un poco triste ver cómo las relaciones se distancian, sobre todo porque la otra persona ya no tiene tiempo", dice. "Pero al final es como cuando un amigo tiene un trabajo que le absorbe o tiene que estudiar mucho para una oposición: te adaptas y buscas un hueco", reflexiona.
Valeria piensa en sus padres y vuelve a argumentar su decisión: "Lo hablaba el otro día con mi madre. Hay un problema enorme con las redes sociales y los niños se están criando en ambientes de odio. El tema del acoso escolar y de la violencia me echa mucho para atrás".
