La noticia me ha alegrado mucho. El acuerdo entre el Consorcio de Turismo de A Coruña e Inditex me parece una magnífica noticia. No solo porque permitirá reforzar la promoción de la ciudad, impulsar la conectividad aérea, apoyar grandes acontecimientos y seguir consolidando una programación cultural cada vez más ambiciosa. También porque supone una nueva muestra del compromiso de una empresa del peso de Inditex con el futuro de la ciudad donde nació.

Confieso, además, que es una colaboración con la que ya soñaba durante mi etapa, ya lejana, al frente del Consorcio de Turismo de A Coruña. Y no solo pensando en las rutas aéreas. Entonces no fue posible. Por eso me alegra especialmente verla hacerse realidad. ¡Enhorabuena a sus promotores!

Precisamente por eso creo que merece la pena analizarla con calma. Porque detrás de este convenio hay más miga de la que parece.

Hablando estos días del tema con amigos y colegas he escuchado como algunos consideran excesivo el protagonismo de una empresa privada en la estrategia de promoción de una ciudad. Y a otros cuestionar que se destinen recursos públicos para incentivar nuevas rutas aéreas. Ambas opiniones son legítimas.

Pero creo que a veces al juzgar nos olvidamos de un matiz que siempre defiendo: seguimos asociando la conectividad aérea únicamente al turismo. Y creo que ese es uno de los errores que cometemos cuando analizamos este tipo de decisiones.

Cuando se anuncia una nueva ruta todos pensamos en turistas llegando con una guía en las manos. Sin embargo, en esos mismos vuelos también viajan empresarios, investigadores, médicos, estudiantes y profesionales que utilizan el avión como una herramienta de trabajo. Viajan proveedores, inversores y personas que regresan a casa el mismo día después de una reunión.

Un motor económico

Porque un aeropuerto conecta mucho más que destinos. Conecta empresas. Conecta talento. Conecta inversión. Conecta oportunidades. Por eso creo que es importante destacar que un aeropuerto es, antes que una infraestructura turística, es un motor económico.

Otro detalle importante es que este convenio no se adjudica a ninguna aerolínea concreta. Lo que permitirá será sacar a licitación un contrato público, con un pliego administrativo y unas condiciones determinadas, al que podrán concurrir las compañías que consideren que el proyecto encaja en su estrategia. Y ahí empieza el verdadero trabajo.

Porque las aerolíneas no toman las decisiones de volar a un destino solo por una ayuda económica. Sus equipos valoran si existe mercado suficiente para sostener esa conexión en el tiempo. Estudian la demanda, el tejido empresarial, la competencia, la rentabilidad prevista y, sobre todo, el coste de oportunidad pues cada avión que destinan a una nueva ruta deja de operar en otra.

Por eso no compiten solo las ciudades. Compiten proyectos.

Durante años hemos hablado de "captar" vuelos como si bastara con convencer a una aerolínea. Y en realidad sucede justo lo contrario. Las compañías no crean la demanda. La detectan.

Sin mercado no hay futuro

Si perciben un mercado sólido, llegarán antes o después. Si ese mercado no existe, ninguna subvención conseguirá mantener indefinidamente una ruta deficitaria. La ayuda puede facilitar el primer paso. Pero nunca sustituye al mercado. Y precisamente ahí encuentro uno de los mayores aciertos de este convenio.

Inditex no es únicamente una empresa que aporta financiación. Es una de las compañías más potentes de Galicia, de España y del mundo. Un coloso que genera miles de desplazamientos profesionales al año. Sus trabajadores, proveedores, diseñadores, clientes y colaboradores utilizan el avión de manera habitual.

Es decir, no solo pone recursos sobre la mesa. También aporta una parte importante de la demanda que las aerolíneas buscan cuando estudian la viabilidad de una nueva ruta. Y ese detalle me parece mucho más importante que la cifra económica.

Porque no estamos hablando únicamente de dinero. Estamos hablando de mercado.

Coordinar tres aeropuertos

Galicia ha dado pasos para afrontar este debate La reciente creación del Comité de Coordinación Aeroportuaria responde precisamente a la necesidad de construir una estrategia conjunta para un mercado formado por A Coruña, Vigo y Santiago. Coordinar tres aeropuertos con intereses distintos no es sencillo, pero al menos ahora existe un espacio de debate que intenta mirar más allá de los límites de cada ciudad.

Y aquí este convenio abre otra reflexión interesante. La aportación de Inditex sitúa a A Coruña en una posición distinta a la que tenía hasta ahora. Es una magnífica noticia para la ciudad, pero también es lógico preguntarse cómo encaja esta nueva capacidad de actuación dentro de la estrategia conjunta que impulsa el Comité. Más aún en un momento en el que vuelve a hablarse del futuro de Ryanair en Galicia y de las conexiones ligadas al ya cercano Xacobeo 2026.

No creo que ambas tareas sean incompatibles. Al contrario. Pienso que la coordinación no consiste en que todos hagan exactamente lo mismo, sino en que cada aeropuerto pueda desarrollar sus fortalezas sin perder de vista un proyecto común.

Porque los verdaderos competidores de A Coruña, Vigo o Santiago no están en Galicia. Están fuera.

Durante demasiado tiempo hemos discutido qué aeropuerto debía tener cada ruta mientras, al otro lado de la frontera, Oporto seguía ampliando destinos y consolidándose como el gran aeropuerto internacional del noroeste peninsular.

Una oportunidad extraordinaria

A Coruña tiene ahora una oportunidad extraordinaria. No solo para recuperar conexiones internacionales con ciudades como Lisboa, París, Londres o Estambul. Tiene la oportunidad de demostrar que la conectividad aérea puede convertirse en una auténtica política de ciudad, donde turismo, empresa, cultura e internacionalización remen en la misma dirección.

Porque una ruta aérea no vive de un puente de agosto. Necesita viajeros en febrero. Empresarios un martes cualquiera. Congresistas en noviembre. Estudiantes durante todo el curso. Necesita una ciudad que genere actividad los doce meses del año.

Por eso creo que el éxito de este convenio no debería medirse por el número de rutas que se inauguren ni por la fotografía del primer vuelo.

La verdadera prueba llegará dentro de cinco años. Cuando podamos comprobar si esas conexiones siguen existiendo porque el mercado las sostiene, si han servido para atraer empresas, inversión, congresos y visitantes internacionales y si A Coruña ha conseguido reforzar su posición en un mapa cada vez más competitivo.

Por eso celebro tanto este convenio. Porque abre una oportunidad que hacía tiempo que la ciudad esperaba y con el que yo misma soñé en su momento. Ahora queda lo más difícil: convertir una buena noticia en una buena estrategia. Cruzo dedos para que así sea. Porque las rutas se inauguran en un día. La conectividad se construye durante años