Si no te ha salido nada de Bad Bunny esta semana… puede que estés en el metaverso equivocado.
Después de hacer historia en la Super Bowl siendo el primer solista latino de habla hispana en encabezar el show de medio tiempo… se convierte en el primero en utilizarlo como una plataforma política camuflada de espectáculo.
Un mensaje coreografiado sobre identidad, comunidad y representación, con una narrativa cuidadosamente construida alrededor de sus raíces y su visión del mundo; cantado y contado a más de 100 millones de espectadores globales.
Históricamente, el espectáculo de medio tiempo de la Super Bowl ha sido uno de los escaparates más codiciados de la cultura pop global. Bunny lo convirtió en otra cosa: una tribuna para la expresión y la representatividad de un colectivo que habitualmente ha ocupado espacios secundarios en los grandes medios.
Y lo hizo desde un escenario que evocaba el Viejo San Juan hasta banderas de países latinoamericanos ondeando al unísono con su mensaje —“Together, We Are America”.
Música, sí, e identidad, colonialidad, lengua y convivencia.
Una decisión deliberada de posicionarse con valores claros: orgullo cultural, inclusión y una idea de América que trasciende fronteras políticas y lingüísticas. En un contexto donde la polarización cultural y política está en su momento más agudo —como lo demuestra la reacción crítica desde ciertos sectores conservadores y desde figuras con influencia pública— este acto tuvo un impacto más allá de las notas musicales.
Posicionarse de esta manera puede salir caro, o ser el chispazo que te hace permanecer para siempre en la mente de las personas afines a ti y a tus formas.
Y con esto nos da una lección imperdible para las marcas: la autenticidad no puede ser neutral. Polariza, divide. Pero cala. Cala para siempre.
Quienes creemos en la importancia de una marca personal con propósito sabemos que el riesgo siempre existe cuando te alineas con valores y te expones a opinión pública masiva.
Pero, cuando sale bien, se tatúa en la mente de tus afines. Una clase magistral de branding, debemos tirar más fotos de cuando las vivamos.
Y eso, la audacia de ser auténtico digo, en un paisaje mediático saturado de post e impactos publicitarios, es a menudo lo que finalmente corta el ruido para escucharte a ti.
God Bless America. God Bless Bad Bunny.
Lili Lorenzo
Lili Lorenzo es consultora en estrategia digital y project manager digital, experta en marketing estratégico y posicionamiento de marca. Seis años como autónoma, más de 70 proyectos en puestos de decisión y dos empresas propias autofinanciadas a sus espaldas; con 34 años recién cumplidos. Tiene un objetivo como directora de Acto Voltaje: inyectar en empresas tradicionales todo lo aprendido durante más de una década entre negocios digitales, sin dependencias del algoritmo ni costes insostenibles en publicidad. El branding y el talento como pilares de marketing estratégico. Hacerlo bien, hacerlo raro, hacerlo imborrable.