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Son las 17:35 horas y la tarde que hasta ese momento transcurría con relativa tranquilidad cambia de golpe. La radio comunica un aviso en Ares: el propietario de una vivienda ha encontrado una ventana rota y la puerta bloqueada y teme que alguien haya podido entrar. La patrulla en la que viaja Quincemil activa las luces prioritarias y la señal acústica y pone rumbo al lugar.

Hasta ese momento, el turno había transcurrido entre avisos, controles y labores de prevención. Cinco horas después, la patrulla regresará al puesto de Fene después de recorrer buena parte de Ferrolterra, atender varias incidencias y comprobar que, en Seguridad Ciudadana, una tarde tranquila puede cambiar en cuestión de segundos.

"Debemos actuar en minutos, dándole seguridad al ciuadadano"

Guardia Civil

La jornada comienza en el puesto de Fene. Dos agentes se preparan para salir. Lo habitual es que las patrullas estén formadas por dos personas y que recorran una amplia demarcación que incluye Fene, Neda, Ares, Mugardos, Cabanas y Pontedeume, entre otros municipios. Ferrol y Narón corresponden a la Policía Nacional.

"No hay dos días iguales", explica uno de los agentes. Sí existen determinadas rutinas, pero nunca saben qué aviso llegará después ni en qué punto de la comarca tendrán que intervenir.

Un conflicto vecinal y un petardo en un buzón

La primera llamada de la tarde llega desde Ares. Un ciudadano alerta de un conflicto vecinal en el que existen denuncias cruzadas y en el que ha aparecido un petardo en un buzón. La patrulla se desplaza hasta el lugar para comprobar lo ocurrido, recoge el artefacto y toma nota de la actuación.

No hay grandes complicaciones. Tampoco detenciones. Es, precisamente, uno de esos servicios que forman parte del día a día de una patrulla y que rara vez llegan a los medios de comunicación. La prioridad, explican los agentes, es atender al ciudadano y garantizar su seguridad. Después de dejar constancia del auxilio, vuelven al vehículo y continúan la ruta.

El coche patrulla se convierte durante la tarde en una pequeña oficina móvil. Los agentes disponen de una tableta con la que pueden realizar identificaciones, consultar matrículas y antecedentes y completar diferentes gestiones sin necesidad de regresar continuamente al cuartel.

La radio permanece encendida durante todo el recorrido. Las comunicaciones llegan de forma intermitente y obligan a mantener una atención constante. Uno de los agentes conduce mientras el otro permanece pendiente de la emisora y del entorno.

"Aunque haya algunas rutinas, no hay dos días iguales"

Guardia Civil

La conducción también forma parte del trabajo. No se trata únicamente de desplazarse de un aviso a otro. Durante el recorrido observan los vehículos, las carreteras, los núcleos de población y cualquier situación que pueda requerir su atención.

En verano, además, aumentan determinados servicios. Las playas concentran más actividad, se refuerza la vigilancia ante el riesgo de incendios forestales y también se realizan controles relacionados con el marisqueo furtivo. A ello se suman los servicios habituales de Seguridad Ciudadana y la vigilancia de los casos de violencia de género.

Los agentes cuentan que incluso una llamada aparentemente menor puede acabar convirtiéndose en una emergencia. Recuerdan, por ejemplo, un aviso reciente relacionado con una persona que había arrojado una colilla cerca de un vehículo durante una época de elevado riesgo de incendios. Finalmente no ocurrió nada, pero el aviso permitió comprobar la situación.

El control de lugares estratégicos

La patrulla continúa hacia Mugardos. Una de las zonas que requiere especial atención es el entorno de Reganosa. El nivel de alerta antiterrorista obliga a extremar la vigilancia sobre esta infraestructura estratégica. Los agentes recorren la zona y mantienen una breve conversación con el vigilante de seguridad antes de continuar. No hay ninguna incidencia.

Poco después aparece otro tipo de servicio, también habitual y menos conocido. Los agentes se encuentran con una persona que presenta un comportamiento relacionado con una posible problemática de salud mental. Se detienen, hablan con ella y gestionan la situación con tranquilidad. Una vez resuelto el episodio, queda constancia de lo ocurrido y la patrulla continúa.

Violencia de género

La violencia de género ocupa también una parte importante de estas jornadas. Los agentes cuentan con información sobre las víctimas y sus niveles de riesgo y realizan comprobaciones preventivas en los domicilios incluidos dentro del sistema VioGén.

"Nuestra obligación es proteger a la víctima de Violencia de Género. Hay momentos muy sensibles"

Guardia Civil

Son visitas discretas. En ocasiones basta con comprobar que todo está en orden y continuar la ruta. En otras, la situación requiere una intervención mayor. La finalidad es mantener el contacto y reforzar la protección de las víctimas.

El marisqueo furtivo

La tarde sigue avanzando por las carreteras de Fene. La patrulla atraviesa Perlío y se dirige hacia zonas de la ría en las que puede detectarse actividad de marisqueo furtivo. La marea está alta y no se observa ninguna extracción ilegal. Apenas hay bañistas y alguna persona paseando junto al agua. Todo permanece tranquilo. Hasta que, a las 17:35 horas, vuelve a sonar la radio.

Una posible okupación

Esta vez el aviso llega desde Ares. Una vivienda presenta una ventana rota y la puerta está bloqueada. El propietario teme que alguien pueda encontrarse dentro y solicita ayuda. La patrulla cambia inmediatamente de rumbo. Se activan las luces prioritarias y la señal acústica. Desde Neda, prácticamente en el límite con Narón, el vehículo se incorpora a la AP-9F y avanza hacia Ares mientras los conductores facilitan el paso.

En el interior del coche la atención se concentra ahora en llegar al lugar. La sirena suena de forma intermitente y las luces azules alertan al resto de vehículos. El conductor decide cuándo activarlas y cuándo desconectarlas en función de las circunstancias de la carretera. A las 17:53 horas llegan a la vivienda. Tres agentes de la Policía Local ya se encuentran en el exterior y la patrulla de la Guardia Civil se incorpora al dispositivo.

Primero comprueban el estado de la casa desde fuera. La puerta no puede abrirse pese a disponer de la llave y una de las ventanas presenta el cristal roto. Los agentes se colocan los guantes y deciden acceder por esa ventana. Una palanca permite abrir finalmente el hueco. A las 17:57 horas, uno de los agentes de cada patrulla entra en el inmueble mientras el resto permanece en el exterior. Los vecinos se acercan a la zona para observar la intervención. Hay adultos y también niños que siguen desde la calle cómo los agentes revisan la vivienda.

"A veces se dan intervenciones como esta. Debemos tranquilizar a los requirentes y explicarles lo sucedido"

Guardia Civil

La inspección se realiza estancia por estancia. No basta con mirar las habitaciones principales. También comprueban armarios y otros espacios donde pudiera esconderse una persona. La propietaria teme que alguien pueda seguir dentro. Finalmente no hay nadie.

Un vecino explica que el cristal se había roto el sábado durante un botellón celebrado en el exterior de la vivienda. No había ninguna persona dentro y tampoco se había producido una ocupación. A las 18:19 horas la intervención queda finalizada. Los agentes intercambian los datos necesarios para completar la documentación, aseguran la vivienda y se marchan. Otra llamada atendida. Otra falsa alarma resuelta. Y otra vez, la radio permanece encendida.

Una embarcación muy cerca de la costa

La patrulla apenas ha terminado el servicio de Ares cuando vuelve a ponerse en marcha. La tarde continúa y la radio sigue siendo la encargada de marcar el rumbo. A las 18:54 horas llega un nuevo aviso, esta vez desde la playa de O Raso, en Ares.

Un ciudadano alerta de un velero que estaría navegando demasiado cerca de la zona de baño. Los agentes se desplazan hasta el arenal para comprobar la situación. La zona está delimitada por una línea de boyas y la embarcación se encuentra dentro del espacio reservado para los bañistas.

"Hay unas distancias mínimas a costa que no pueden superarse. Estan marcadas con boyas"

Guardia Civil

La patrulla localiza el velero y documenta la actuación. Los agentes consiguen identificar la embarcación y toman imágenes. El patrón intenta en un momento dado dificultar la lectura de la matrícula girando el barco, pero finalmente queda registrada por los guardias civiles. No es necesario realizar una intervención mayor. Una vez comprobada la situación, la patrulla vuelve al vehículo y continúa la ruta.

La parte preventiva

La vigilancia preventiva ocupa buena parte de la tarde. El siguiente recorrido lleva de nuevo a los agentes por el entorno de Reganosa y posteriormente hacia Cabanas, donde realizan una ronda por distintas zonas próximas a las playas. En verano, la presencia de más personas en el litoral hace que estos espacios formen parte habitual de las rutas de las patrullas.

El vehículo recorre el perímetro mientras los agentes observan el entorno. No hay ninguna incidencia que requiera su intervención. También esto forma parte del trabajo: estar allí antes de que ocurra algo.

Un posible incendio

A las 19:55 horas, la radio vuelve a cambiar los planes. Una mujer ha llamado al 112 porque percibe olor a quemado en la vivienda situada frente a la suya, en Mugardos. La patrulla activa de nuevo las luces prioritarias y la señal acústica y se dirige al lugar.

El aviso podría corresponder a un incendio, por lo que la prioridad vuelve a ser llegar cuanto antes. Cuando los agentes llegan, el 112 ya ha podido localizar a la propietaria y comunicar que la situación está controlada. Aun así, los agentes suben hasta la vivienda para comprobarlo personalmente. También se encuentra en el lugar una patrulla de la Policía Local de Mugardos.

La causa del olor estaba en la cocina. Una olla había quedado demasiado tiempo al fuego y había terminado completamente ennegrecida. No hay incendio ni daños importantes. El aviso queda resuelto como una falsa alarma, aunque la patrulla comprueba que no existe ningún riesgo antes de marcharse.

"Aunque se haya desactivado la alerta, si estamos cerca procede comprobar. La seguridad es lo primero"

Guardia Civil

Son situaciones habituales en un servicio de Seguridad Ciudadana. Una llamada puede terminar siendo un incidente menor, pero los agentes tienen que tratar cada aviso como si pudiera ser más grave hasta comprobarlo. A las 20:16 horas el servicio queda finalizado. La patrulla aprovecha para continuar la vigilancia por el muelle de Mugardos y, poco después, vuelve a pasar por el entorno de Reganosa. Todo permanece en orden.

Más comprobaciones

La tarde entra ya en su última hora. En Beiramar, en Mugardos, los agentes detienen el vehículo unos instantes para comprobar dos matrículas desde la tableta. Las consultas no muestran ninguna incidencia y la patrulla continúa hacia el puerto de Barallobre.

El trabajo también incluye el tráfico. La Guardia Civil presta apoyo en esta materia dentro de su demarcación y los agentes explican que no solo se sancionan las infracciones evidentes, sino especialmente aquellas conductas que pueden generar un riesgo para el resto de usuarios de la vía.

Mientras avanzan, la conversación entre los dos compañeros vuelve a ser tranquila. Después de varias horas compartiendo coche, hablan de las intervenciones realizadas y de otros servicios anteriores. La agente en prácticas aprovecha los desplazamientos para preguntar y aprender de la experiencia de su compañero. La radio vuelve a sonar de fondo.

Ya no hay ningún aviso urgente. La patrulla continúa recorriendo Ferrolterra mientras se acerca el final del turno. Pero después de varias horas de servicio, los agentes saben que esa tranquilidad puede durar apenas unos minutos. casi finalizado el horario la patrulla regresa a base, regresan finalmente al puesto de Fene. El coche se detiene, pero la jornada todavía no ha terminado. Han sido varios cientos de kilómetros por la comarca. El coche queda aparcado, pero los agentes todavía tienen trabajo por delante.

Todo se documenta

Ahora toca la parte menos visible de la jornada: la oficina. Todo lo ocurrido durante la tarde debe quedar registrado. El conflicto vecinal de Ares, el artefacto encontrado en el buzón, la vigilancia en Reganosa, los controles preventivos, el aviso del velero, la vivienda de Ares o el olor a quemado en Mugardos forman parte de una misma jornada que ahora hay que documentar.

Cada actuación deja su correspondiente rastro administrativo. Los agentes completan informes y diligencias y dejan constancia de las intervenciones realizadas. La patrulla puede haber terminado su recorrido, pero el servicio no acaba hasta que toda la documentación está hecha.

Durante la conversación aparece uno de los aspectos que más curiosidad puede generar desde fuera: las detenciones. En una patrulla de Seguridad Ciudadana no son una situación diaria, pero cuando se produce una cambian por completo la dinámica del servicio. Nadie ha acabado con los grilletes puestos en esta tarde.

Los agentes explican que buena parte de las detenciones están relacionadas con casos de violencia de género, peleas o atentados contra agentes de la autoridad. En esos casos hay que garantizar los derechos de la persona detenida, realizar la lectura de derechos, comunicar la situación a los servicios correspondientes y completar todas las diligencias.

El puesto de Fene no dispone de calabozos. Los detenidos son trasladados posteriormente a las dependencias de la Guardia Civil en Canido, en Ferrol, donde quedan bajo custodia. Para una patrulla, una detención supone además reorganizar el servicio, ya que los agentes quedan ocupados durante un periodo de tiempo considerable.

"Un detenido debe tener siempre protegidos sus derechos"

Guardia Civil

La violencia de género vuelve a aparecer durante la conversación. Es una de las partes importantes del trabajo diario y una de las que más tiempo requiere, tanto por la atención a las víctimas como por las comprobaciones de las medidas de protección y el seguimiento de los casos.

Mientras hablan, la relación entre los dos agentes también deja ver otra parte de la profesión. Uno acumula años de experiencia y la otra se encuentra todavía en periodo de prácticas. Hablan con naturalidad, comentan las intervenciones de la tarde y resuelven dudas. El aprendizaje continúa también durante las horas de patrulla.

Fuera del puesto, la actividad no se detiene. Otras patrullas continúan recorriendo las carreteras de la comarca y la radio sigue transmitiendo comunicaciones. Para algunos agentes el turno acaba; para otros, acaba de empezar.

Durante varias horas, la patrulla ha atendido conflictos vecinales, realizado labores de prevención, vigilado infraestructuras estratégicas, supervisado zonas de playa y marisqueo, comprobado vehículos, colaborado con la Policía Local y respondido a varias llamadas de ciudadanos.

También ha acudido a una vivienda por un posible caso de ocupación que terminó siendo una falsa alarma, ha comprobado un velero denunciado por acercarse a los bañistas y ha acudido a un domicilio por un supuesto incendio que resultó ser una olla olvidada al fuego.

Ninguno de esos servicios, por separado, parece extraordinario. Juntos permiten entender cómo transcurre una jornada de Seguridad Ciudadana en Ferrolterra: muchas horas de carretera, prevención y espera, interrumpidas en cualquier momento por una llamada que obliga a cambiar de rumbo. La radio vuelve a sonar mientras los agentes terminan de completar la documentación. Mañana volverán a salir. Y, como decían al comienzo del turno, probablemente no habrá dos días iguales.