Publicada

Lo suyo siempre fueron los números. Muriel Artabe siempre tuvo muy claro lo que quería estudiar. El mundo de las finanzas era lo que más le llamaba la atención, y así fue; pero pronto comenzó a centrarse en la estrategia y la gestión de equipos. Hoy, directora de operaciones de procesos de negocios en Thinkia, esta gallega afincada en Madrid cuenta ya con más de 25 años de experiencia en finanzas, estrategia y gestión de personas.

Una larga trayectoria que ha tenido sus altos y bajos. Y es que, como ella misma nos dice "no hay que tener miedo a equivocarse". Ella lo hizo y aprendió de sus errores. "En los últimos años tomé una decisión importante: acepté una oportunidad que sobre el papel era excelente —en una empresa cotizada, con mucha visibilidad—, pero descubrí que su forma de trabajar no encajaba con mis principios", nos cuenta.

La falta de confianza en una misma es, quizá, el principal obstáculo que nos ponemos las mujeres: "A veces los demás ven nuestro potencial antes que nosotras mismas". Por ello, lo tiene claro, y es que en esta vida hay que atreverse y tener tan claro aquello que quieres como lo que no. Sin duda, ella lo ha tenido y su exitosa carrera profesional la ha llevado a situarse entre las Top 100 mujeres Líderes. Un premio para el que, quizá por esa falta de confianza, ella pensaba que no podía lograr. Sin embargo, no fue así; y, muy justamente, se lo llevó este año 2026. ¡Enhorabuena!

Muriel, tu carrera te ha llevado desde el ámbito financiero hasta la estrategia y la transformación de las organizaciones. ¿En qué momento descubriste que querías ir más allá de los números y participar en decisiones tan relevantes para una empresa?

Mi trayectoria se ha ido construyendo paso a paso; no fue algo que decidiera de la noche a la mañana. Es cierto que desde adolescente tenía mucha afinidad por los números y por la organización en su conjunto, incluso en las cosas más pequeñas de la casa. Tenía muy claro qué quería estudiar y casi dónde lo haría.

Dentro de mi formación financiera —que fue el motivo por el cual vine a estudiar a Madrid— empecé en esa área y me fui especializando hasta llegar a la dirección financiera. Empiezas a trabajar al acabar la carrera, van confiando en ti y vas descubriendo otras áreas. Así llegas a dirigir la parte financiera de una multinacional, tanto a nivel nacional como internacional, y te das cuenta de que entender los números te da una valiosa información forense sobre la compañía y su gestión. Aunque los números sean la consecuencia de muchas cosas, te aportan un bagaje y un expertise clave para el futuro.

Tras esa etapa en la dirección financiera y de recursos humanos en multinacionales, me fui enfocando más en el negocio y las operaciones. El punto de inflexión fue cuando vendimos una multinacional puramente tecnológica en la que trabajaba. Surgió la oportunidad de iniciar un proyecto nuevo, dentro del sector tecnológico pero más alineado con nuestro conocimiento y metas. Ahí trasladé todo mi background de finanzas y recursos humanos a operaciones, negocio y estrategia. Descubrí que eso es lo que más me gusta. No soy capaz de quedarme encasillada solo en mi área; me cuesta estar quieta si no participo en los comités de dirección y en la toma de decisiones. Mi cerebro conecta enseguida unas áreas con otras. Ahora disfruto mucho gestionando grandes cuentas y proyectos de transformación, viendo cómo los objetivos se marcan y se cumplen desde el principio hasta el final junto a los equipos.

Hablabas de esas primeras experiencias laborales, ¿cómo recuerdas tus comienzos?

Empecé en Madrid en el año 2000, poco a poco, como todo el mundo. Hoy las nuevas generaciones tienen muchas más oportunidades y una mentalidad diferente que hay que valorar. Cuando empecé, tenía muy clara mi vocación por los números, pero también sabía lo que no quería hacer. Creo que es importante tener claras las líneas rojas; a veces es más fácil saber qué no quieres que saber qué sí.

Como tenía claro el camino, empecé desde abajo. Diversos profesores de la universidad confiaron en mí, me dieron oportunidades para asumir responsabilidades que ni me planteaba y descubrieron capacidades en mí que yo no veía. Pasé de la parte financiera a gestionar también Recursos Humanos porque surgieron oportunidades y personas que apostaron por mí, superando esos síndromes del impostor que a veces tenemos de jóvenes. Vieron que tenía capacidad para conectar con los equipos y hacer que trabajaran juntos de forma eficiente.

Por el camino también me he equivocado y he tenido proyectos que fueron un fracaso, pero creo que parte del éxito consiste en saber reconocer cuándo un camino no es el adecuado y corregirlo. Si tienes claro lo que quieres y sabes hacerlo, acabarás encontrando tu espacio.

"En los últimos años tomé una decisión importante: acepté una oportunidad que sobre el papel era excelente —en una empresa cotizada, con mucha visibilidad—, pero descubrí que su forma de trabajar no encajaba con mis principios"

Al hilo de esto, ¿qué decisión profesional ha marcado un antes y un después en tu trayectoria?

En los últimos años tomé una decisión importante: acepté una oportunidad que sobre el papel era excelente —en una empresa cotizada, con mucha visibilidad—, pero descubrí que su forma de trabajar no encajaba con mis principios. Todos necesitamos trabajar, pero no a cualquier precio. Me equivoqué de lugar y no encajamos, pero lo bueno fue que ambas partes nos dimos cuenta a tiempo. Esa experiencia me enseñó a elegir mejor las oportunidades y mi camino, porque las decisiones que tomas te definen profesionalmente.

Si me voy a mis inicios, me marcó tener el coraje de dejar un camino seguro. Trabajaba en una entidad financiera importante, en un puesto muy estable donde mi crecimiento habría sido más lento. Arriesgué y me cambié a una filial que estaban creando con un equipo joven y directivos del banco. Podría haber salido mal, pero fue una apuesta que salió bien y que marcó el rumbo de mi carrera hasta hoy.

En 2026 has sido reconocida como una de las 'Top 100 Mujeres Líderes en España'. ¿Qué significa para ti este reconocimiento y qué responsabilidad sientes al ser un referente femenino?

Lo recibo con muchísimo orgullo y emoción. Era una iniciativa que admiraba desde lejos, pero sentía que no era para mí y no me atrevía a presentarme. El año pasado, varias personas de la organización me animaron a dar el paso. Formar parte de esta comunidad rodeada de mujeres con trayectorias tan diversas es una sensación difícil de explicar.

Respecto a la responsabilidad, creo que sigue siendo muy necesario visibilizar estos referentes femeninos. Aunque estamos avanzando y el talento existe, aún queda camino por recorrer para alcanzar una igualdad real en los puestos de alta dirección. Esta misma semana nombraron directora general a una profesional de un sector muy masculinizado y el titular destacaba la coletilla de "y además es mujer". Eso demuestra que todavía nos queda trabajo por hacer; a ella la han nombrado por su capacidad y talento, no por su género. Las mujeres aportamos un estilo de liderazgo propio, a menudo más humano y con gran capacidad de conexión, además de nuestra solvencia técnica. Asumo esta responsabilidad con humildad, participando en entrevistas y eventos para analizar qué falla en el trayecto y por qué muchas mujeres capacitadas no llegan a las posiciones que les corresponden.

"La igualdad de oportunidades exige defender la meritocracia: no se trata de ocupar puestos por cuotas sin evaluar la capacidad real, sino de garantizar que las mujeres tengan oportunidades reales para demostrar su valía y recorrer el camino"

¿Cuáles son las barreras que siguen existiendo a la hora de hablar de igualdad de oportunidades en los puestos de dirección?

Existen sectores históricamente masculinizados. En mis inicios en el mundo tecnológico, solía ser la única mujer en el comité de dirección. Esto está cambiando, pero aún debemos analizar qué ocurre en el recorrido profesional. Las mujeres aportamos conocimiento y experiencia, pero esa participación no se refleja por igual en los órganos de decisión.

La igualdad de oportunidades exige defender la meritocracia: no se trata de ocupar puestos por cuotas sin evaluar la capacidad real, sino de garantizar que las mujeres tengan oportunidades reales para demostrar su valía y recorrer el camino. Quienes dirigimos empresas y equipos tenemos la responsabilidad de eliminar las barreras que lo dificultan, reconocer el talento y acompañar a las profesionales mediante programas de mentoría para que su potencial se transforme en una trayectoria consolidada.

En tu caso particular, ¿has sentido que debías demostrar más tu valía por el mero hecho de ser mujer?

Personalmente no lo he sentido así y me considero afortunada. Las personas que más han confiado en mí a lo largo de mi carrera han sido hombres. Empecé demostrando mi capacidad técnica y mi facilidad para conectar con las personas me ayudó a consolidarme. No siento que el hecho de ser mujer haya frenado mi carrera, ni siquiera estando continuamente en entornos masculinizados.

Sin embargo, sí he visto situaciones a mi alrededor donde se han puesto trabas o se han hecho comentarios fuera de lugar a compañeras por el hecho de ser mujeres o por la maternidad. Afortunadamente, creo que la conciliación y la corresponsabilidad en los hogares están mejorando de forma natural en las nuevas generaciones, lo cual es la base para el cambio social.

"Galicia es actualmente punta de lanza y un referente de liderazgo femenino en múltiples industrias"

Se está poniendo muy en valor el talento femenino gallego fuera de Galicia. Tú, como gallega afincada en Madrid, ¿cómo ves el liderazgo empresarial en tu tierra?

Galicia es actualmente punta de lanza y un referente de liderazgo femenino en múltiples industrias: el retail, la moda, la industria conservera y muchos otros sectores. Está repleta de empresas con excelentes resultados e internacionalización lideradas por mujeres extraordinarias. Cuando me nombraron 'Top 100', lo primero que me enorgulleció fue ejercer de gallega dentro del grupo, porque Galicia lleva al menos una década siendo un ejemplo a seguir en este ámbito.

Detrás de una gran trayectoria siempre hay renuncias y momentos de incertidumbre. ¿Cómo gestionas el equilibrio entre la exigencia profesional y tu vida personal?

Mi perspectiva ha cambiado con los años. Hace una década no lo gestionaba tan bien. Hoy entiendo el éxito como el equilibrio entre ambas facetas. Trabajamos mucho y nos volcamos en nuestras empresas, pero nada de eso tiene sentido si no puedes disfrutarlo y tener paz mental.

Hay momentos de mucha exigencia en los que el trabajo es prioritario, pero la clave está en saber equilibrar. Manejo mi casa con la misma organización que una empresa: para poder darlo todo en el ámbito profesional —donde hay muchos empleados dependiendo de la gestión— necesitas tener tu vida personal coordinada y contar con equipos de confianza tanto en el trabajo como en el hogar.

Si pudieras darle un consejo a la Muriel que comenzaba su carrera profesional, ¿qué le dirías?

Le diría que se lo crea, que deje a un lado las inseguridades, que se atreva y que disfrute del camino, porque con esfuerzo y tesón logrará todo lo que se proponga.

¿Ese mismo consejo se lo darías a una joven que esté empezando hoy?

Sin duda. Le diría que confíe en su capacidad. A veces los demás ven nuestro potencial antes que nosotras mismas. Hay que perder el miedo a equivocarse, porque de los errores también se aprende. Las mujeres tendemos a ser muy perfeccionistas y a cargar con el síndrome del impostor, exigiéndonos tener todo bajo control. Les diría que se esfuercen, pero que apuesten por ellas mismas sin dudar de su valía.

Para terminar, esta entrevista se enmarca en la sección de mujeres referentes. ¿Quiénes han sido tus referentes a lo largo de la vida?

Mis padres, y especialmente mi madre. Ella era empresaria, trabajaba duro y sacó su negocio adelante mientras me cuidaba y coordinaba todo. Cuando con 14 años le dije que quería irme a Madrid a estudiar porque en Galicia no existía la formación que buscaba en ese momento, me apoyó a pesar del esfuerzo que le supuso. Su tesón, su lucha y su capacidad de trabajo han sido mi mayor ejemplo y el pilar fundamental de donde estoy hoy.