Con solo 16 años, al caer enfermo su padre, tuvo que ponerse al frente de la empresa familiar con 80 empleados a su cargo. Y eso es solo el principio de la historia de Marta Pardo, quien con 49 años, tras una grave crisis de salud por el Covid, dejó atrás su larga carrera profesional como directora de hoteles en diferentes lugares del mundo y se reinventó. Y no le salió nada mal. Y es que esta gallega se ha consolidado como una de las voces de coaching y management más influyentes del mundo.
De hecho, Marta es única española en el top diez internacional de Global Gurus y en 2024 fue nombrada mejor oradora en vivo. Un reconocimiento que, años después sigue recordando con gran emoción.
Y más emoción siente ahora ante la próxima cita que la llevará de nuevo a casa, a Vigo. Y es que este miércoles participará en congreso de Empresarias Galicia, que reunirá a líderes de diversos sectores. "Toma el volante. Enciende tu motor y pasa a la acción" es el título de la charla que impartirá Marta, que ya nos promete que tratará de sorprender y no dejar a nadie indiferente.
Lo primero: ¿cómo acaba una viguesa convirtiéndose en la primera mujer en el top diez mundial de Global Gurus? Cuéntanos un poco cómo fueron tus inicios.
Mis inicios fueron un poco caóticos porque cambié de vida radicalmente y me reinventé por completo. Toda mi vida había dirigido hoteles y estaba sumergida en la industria hotelera. Llega la pandemia del Covid y me tengo que reinventar. En ese proceso de reinvención, dado que en ese momento era presidenta de la asociación de mujeres empresarias del Ródano en Lyon (Francia), me pedían muchas conferencias, pero a un nivel más personal y de superación. Vi la oportunidad y decidí reconvertirme profesionalmente. Así fue como empecé; de hecho, arranqué en febrero de 2022 tras pasar por una academia.
La verdad es que lograr posicionarme en cuatro años entre el top 10 de mujeres —este año estoy en el número 8 de Global Gurus—, aprovechando mi experiencia de 30 años en management, representa muchísimo para mí. Es una satisfacción personal increíble y una muestra de superación: haber superado el reto de dejar atrás 30 años de carrera para empezar verdaderamente desde cero. Es un orgullo enorme, más aún como viguesa y gallega, al ser la única española en esta posición.
Volviendo un poco a esos inicios, si no me equivoco, con solo 16 años ya dirigías a un equipo de 80 personas. ¿Cómo acabas asumiendo esa responsabilidad siendo tan joven?
Fue traumático porque, de la noche a la mañana, te ves envuelta en una situación crítica. A mi padre le da un ictus y mi madre tenía esclerosis múltiple, así que, de repente, tuve que ponerme al frente de la empresa familiar. Eran 80 personas, la mayoría hombres mayores —en realidad solo había tres mujeres—, y de pronto ven a una niña de 16 años, la hija de los propietarios, dar órdenes. Estabas en una posición muy desventajosa. Lo que descubrí en mí fue una fuerza increíble y la voluntad de hacer las cosas lo mejor posible para que mis padres estuvieran orgullosos. Creo que esa niña se convirtió en mujer en un solo día; de hecho, lo menciono en una de mis conferencias sobre el poder personal.
Fui muy audaz porque me atreví a hacer cosas que a lo mejor otra persona de esa edad no se habría atrevido. Me enfrenté a hombres que se reían de mí todo el tiempo. Creo que eso forjó mi carácter y determinó lo que quise hacer con mi vida profesional: fue el punto de quiebre para estudiar y dedicarme a la dirección.
"Salir adelante y lograrlo como lo he hecho representa muy bien a las mujeres gallegas: tenemos ese carácter y esa tenacidad para decir "yo puedo y lo voy a conseguir".
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Comentabas al principio que una enfermedad grave como el COVID cambió tu vida y te hizo replantearte las cosas. ¿Qué ocurrió exactamente y cómo te afectó a nivel personal y profesional?
Me lo replanteó absolutamente todo, empezando porque regresé a España cuando vivía en Francia. Fue un proceso muy severo: estuve hospitalizada en mi propia casa porque fui la primera paciente de mi médico y no quise ingresar. Estaba sin oxigenación, necesitaba oxígeno en casa y tenía una infección pulmonar grave. Luego empezaron a surgir otras complicaciones y sufrí un burnout (el síndrome del trabajador quemado). Sufrí un bloqueo total —mental, emocional y físico— tan fuerte que me impedía hablar y perdí la memoria durante tres meses. Fue algo durísimo. El médico del trabajo me dijo: "Tiene que replantearse esto, no puede continuar con este nivel de estrés". Y como mujer, a los 49 años, después de haber trabajado 30 años en esto, habiendo dirigido equipos y apasionándome mi profesión, replantearte toda una vida desde cero es muy difícil. Como madre también fue complicado, porque mi hijo no entendía cómo su madre, que trabajaba 15 horas diarias, de repente estaba en casa llorando y en una situación de salud muy delicada.
A nivel de pareja también fue muy duro. Mi marido tenía la visión de una mujer ultrapoderosa, empoderada, que trabajaba y llevaba todo adelante, y de repente se encuentra con alguien que tiene que empezar de cero, que ganaba mucho dinero y pasa a no ganar nada. Te transforma la vida por completo. A las personas que atraviesan por algo así les tengo todo mi respeto, porque quien no lo vive no puede entender el sufrimiento y el esfuerzo que hay detrás. Empezar de cero no es fácil. Salir adelante y lograrlo como lo he hecho representa muy bien a las mujeres gallegas: tenemos ese carácter y esa tenacidad para decir "yo puedo y lo voy a conseguir".
En 2024 fuiste reconocida en Londres como la mejor conferenciante en vivo. ¿Qué sentiste al recibir ese premio, especialmente tras haber cambiado tu vida por completo?
Fue como una explosión de estrellas en mi cabeza. Se nota en el vídeo cuando me entregan el premio, porque no me lo esperaba en absoluto. El solo hecho de estar nominada ya era enorme, porque los encargados de nominar son agencias y estudios profesionales a nivel mundial que evalúan a los candidatos. En Londres había ponentes de todo el mundo y yo era la única española. No me lo esperaba para nada; estar nominada ya me hacía feliz. Pero en el momento en que anuncian a la ganadora... ¡Uf! Además, los criterios son muy exigentes: analizan tu historia, tu storytelling, cómo llevaste la conferencia, la respuesta del público... Son muchos factores, y eso hace que se sienta aún mejor.
Cuando dijeron mi nombre, me levanté de la mesa casi llorando y con una emoción brutal. Ha sido uno de los mejores momentos de mi vida. Me hizo decirme a mí misma: "Gracias por haber creído en ti". Y todavía me emociono al recordarlo.
Tú que cambiaste tu vida por completo, ¿qué le dirías a quienes quieren cambiar de rumbo pero no se atreven por miedo al fracaso?
De hecho, creé un proyecto llamado Atrévete con Marta Pardo. A esas personas les diría que, si no se atreven, nunca sabrán de lo que son capaces. La gente que se atreve es la que llega más lejos. Les diría que no duden en dar el paso: cualquiera puede tener una idea, pero quien logra llevarla a la acción e implicarse es quien la consolida. Soy de las que piensa que no pasa nada si te derrumbas, si te caes o si no lo logras a la primera; vuelves a empezar. Atrévete, atrévete y atrévete.
Creo que eso ha guiado mi vida, mis decisiones y mis logros: me he atrevido a hacer cosas que otros no hacen. Cuando me dieron el premio en Londres, algunos me decían: "¿Cómo lo has logrado si yo llevo 20 años en el medio y no he conseguido en dos décadas lo que tú lograste en dos años?". Les respondí que es porque me atreví a hacer lo que otros no se atreven. Cuando das el paso, lo haces bien y la gente ve que te entregas al máximo para transmitir, el público percibe esa energía y se potencia. Ese sería mi mensaje.
¿Crees que las mujeres todavía tienen que demostrar más que los hombres para alcanzar puestos de responsabilidad?
Por supuesto que sí. Rotundamente sí, en todos los aspectos, y lo vivo a diario. Antes de contratar a una ponente mujer —te lo digo muy en serio—, siempre estoy compitiendo con hombres. Cuando un cliente me dice: "Estamos decidiendo entre tal persona y tú", los otros candidatos siempre son hombres; nunca me ha tocado competir solo con mujeres. Te hablo de mi etapa actual como conferenciante, porque cuando fui directora de hoteles —donde éramos apenas cuatro mujeres entre 60 hombres— podría contarte mil historias sobre lo mucho que me costó posicionarme como directora general. En el mundo del coaching es distinto porque casi todas somos mujeres, pero en el ámbito de las conferencias o te diferencias claramente con esa autenticidad de la que te hablaba —aportando un valor añadido real, inspirando con tu historia y generando una transformación— o van a inclinarse por un hombre.
No sé por qué ocurre, pero creo que las mujeres también tenemos un poco de culpa al pensar: !Se lo dejo al hombre, yo no puedo". Por eso atrévete es mi palabra clave. Se trata de decir: "¿Por qué tú sí y yo no? No, voy yo primero y tú después»" siempre desde el respeto. Pero sí, la mujer tiene que demostrar mucho más.
La mujer tiene que hacerse valer mucho más, incluso en el plano económico, dejando claro que están contratando unas competencias y una experiencia equivalentes. Hay que transmitir esa seguridad, hacerles sentir en confianza y demostrar que no estás ahí por una cara o un cuerpo bonito, sino porque sabes, te has preparado, has estudiado y has crecido profesionalmente. Es una pena que sea así, pero es la realidad.
A propósito de estos reconocimientos internacionales como conferenciante, ¿se puede aprender a comunicar bien o es algo con lo que se nace?
Se aprende, definitivamente. Naces con una personalidad y la vas desarrollando, pero en lo que respecta a la técnica de comunicación, se aprende sin duda. Hay personas con mayor facilidad natural según su personalidad, dependiendo de si son más introvertidas o extrovertidas. En mi caso, desde pequeña fui muy extrovertida y audaz, pero lo que es saber hablar en público, expresarte, manejar las pausas y dominar el lenguaje verbal y no verbal, se aprende. Agradezco mucho haber pasado por una academia profesional. Antes de ser conferenciante profesional daba charlas gratuitas como presidenta de la asociación de empresarias en Francia, pero aprendí a comunicar de verdad cuando entré en la academia y me enseñaron cómo modular el tono, cómo moverte y cómo estructurar el mensaje.
"Mi gran referente fue mi abuela. Fue un ejemplo de superación, tenacidad y valores, además de un ejemplo de amor por su tierra"
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Hablando de tus raíces viguesas, el próximo miércoles estarás en Vigo en el Congreso de Empresarias Galicia. ¿Qué significa para ti hablarle a las mujeres de tu ciudad?
Llevo mucho tiempo esperando este momento. Desde que empecé en este mundo, mi máxima ilusión era hablar en Vigo. El año pasado hablé en Santiago de Compostela y fui muy feliz por estar en Galicia, porque soy gallega a morir, pero hablar en mi ciudad es profundamente emotivo para mí.
Hablar de esto me hace recordar a mis abuelos y se me saltan las lágrimas. Tendré que contener la emoción la próxima semana. Mis abuelos tuvieron que emigrar de España durante la época de Franco y trabajar durísimo. Estar hoy aquí, a mis 54 años, con estos logros y guiada por esos mismos valores, es un orgullo inmenso.
¿Nos podrías adelantar un poco sobre qué versará tu charla en Vigo?
Creo que nadie se espera lo que voy a presentar. Parte de una experiencia difícil para transformarse en una historia motivadora. Tiene tres componentes: una parte motivacional orientada a empresarias y líderes, un bloque sobre liderazgo y un mensaje centrado en la audacia. Te lo resumo en tres palabras: audacia, liderazgo y motivación.
Si logro conectar con el público a través de mi historia y transmitir ese mensaje —que será distinto para cada asistente—, me sentiré la mujer más feliz del mundo. Si al salir de allí las asistentes pasan a la acción y se comprometen con sus metas, habré cumplido mi misión.
Hablábamos de mujeres referentes. ¿Cuáles han sido las tuyas?
No voy a ser muy original: mi gran referente fue mi abuela. Fue un ejemplo de superación, tenacidad y valores, además de un ejemplo de amor por su tierra. Mis abuelos tuvieron que emigrar a México en esa época complicada y luego regresaron a España muy felices tras trabajar duro toda su vida. Siento que he seguido sus pasos.
Si hablamos del ámbito empresarial actual, una referente gallega para mí es Marián Mouriño. La conozco desde niña, hemos vivido trayectorias similares y verla presidir un equipo de fútbol en un entorno tradicionalmente masculino, al frente de tantos hombres, me parece digno de todo mi respeto. Al final, más allá de simpatías personales, lo que te impulsa es ver lo que logran como líderes, y Marián es un referente increíble.
