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Han pasado casi dos meses desde que el derrumbe parcial de un edificio en ruinas obligó a cortar la calle San Nicolás y la situación sigue generando opiniones muy diferentes entre los comerciantes. Mientras algunos negocios aseguran que la actividad apenas se ha resentido, otros, los situados más allá del punto donde se interrumpe el paso, denuncian una caída importante de la clientela y reclaman que se aceleren los trabajos de demolición.

El inmueble, situado en el número 34 de la calle, sufrió un derrumbe en su parte superior el 29 de mayo, lo que obligó a cerrar inmediatamente el vial por motivos de seguridad. Días después comenzaron las labores de demolición, que continúan en la actualidad.

Aunque el corte afecta a toda la calle, el impacto no está siendo igual para todos los establecimientos. Los locales situados antes del vallado mantienen un flujo de clientes similar al habitual, mientras que los que quedan después del cierre denuncian que el tránsito peatonal prácticamente ha desaparecido.

"Yo no lo noto, creo que los negocios que se ven más afectados son los que están justo al lado del edificio derrumbado", explica Pilar, de Objetos Religiosos.

En la misma línea se expresa Luis, de El Trébol. "He escuchado comentarios de algunos negocios que se quejaban al principio, pero ahora está todo normal. Yo he seguido teniendo la misma clientela de siempre", asegura.

Tampoco han percibido cambios en Bo Pizza. "En la pizzería no se ha notado. De hecho, hemos tenido un fin de semana excelente, aunque imagino que también haya influido el Mundial de Fútbol", señala Nancy.

Los obreros estorban y no avanzan

Virginia, de Loterías y Apuestas del Estado.

La situación cambia por completo al otro lado del corte, donde los establecimientos aseguran que han quedado prácticamente aislados del intenso flujo turístico que registra el resto del casco histórico.

Es el caso de Loterías y Apuestas del Estado, cuya responsable, Virginia, denuncia importantes pérdidas desde el inicio de las obras.

"Los obreros estorban y no avanzan. Los lunes, que es el día que más trabajo tenemos, nos cortan la calle. Eso significa que la gente no pasa por aquí y no entra a nuestro establecimiento. Y a lo mejor la calle está cortada por la mañana porque están trabajando, pero por la tarde no lo están y sigue cortada", lamenta.

La comerciante pide tanto al Concello como a la empresa encargada de la demolición que aceleren el proceso. "Solo pedimos que no estén trabajando solamente los lunes y el resto de la semana no hacer nada. Yo estimo que hemos perdido por lo menos la mitad de nuestro volumen habitual de clientes. A estas alturas era para que las obras estuvieran terminadísimas", afirma.

Además, denuncia las molestias derivadas de los trabajos, porque los obreros "tiran los escombros" y no usan agua para limpiarlo, por lo que dejan tras de sí una estela de polvo. "Si nosotros limpiamos el local no vale para nada en estas condiciones”, añade.

La óptica Miraparamin, situada también tras el corte, comparte ese diagnóstico. "En el resto de la calle hay una afluencia turística brutal, pero nosotros no nos podemos beneficiar de eso por el corte", denuncia Paula, quien añade que la demolición está provocando que su establecimiento esté "llenándose de polvo constantemente".

"Abandonados" por el Concello

Paula asegura también que muchos clientes tienen dificultades para llegar al negocio. “La gente está perdida y no puede llegar hasta nosotros porque el GPS los manda por esta calle cortada. Además, las baldosas de la calle están movidas por los camiones que han entrado aquí, y la gente tropieza".

Por último, critica la falta de comunicación con la administración local, y señala que tiene a los negocios de esa esquina de San Nicolás "abandonados" a su suerte, porque “aquí no ha venido nadie a preguntar cómo estamos ni a darnos soluciones". Según Paula, "lo único que hicieron fue notificarnos que la demolición tardaría unos tres meses en completarse".

Por ahora el plazo no se ha cumplido, y los comerciantes más afectados confían en que se agilice la actuación para recuperar cuanto antes el paso de peatones y la actividad habitual en una de las calles más transitadas del casco histórico coruñés.