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Juana Sanmartín Calvo comenzó su andadura profesional yendo a las ferias a vender lo que cosía. En 1946, compró una casa en la praza de Santo Agostiño y en el bajo abrió la tienda Doña Juana, que aún sigue abierta y la regenta su nieta, Clara, la tercera generación del local.

Se trata de una familia con gran arraigo en el comercio de proximidad con hasta cuatro negocios, de hecho los bisnietos son los actuales dueños de Casa Sole. Clara explica que la tienda comenzó vendiendo "de todo o inimaxinable", como mantas, colchas, corbatas, tejidos y edredones siendo "os primeiros en vendelos" en todo Santiago.

Después de toda una vida creciendo en la tienda, ya en los años 80 Clara cogió las riendas de Doña Juana. Después de un año ya estaba "encantada", sobre todo con el trato al cliente y, aunque se tuvo que "deixar de pelear" con los tejidos y dejar de venderlos (a pesar de que era lo que más le gustaba), en la actualidad en Doña Juana podemos encontrar juegos térmicos, ropa de cama, mandiles, sábanas o protectores, "o de casa", resume Clara.

Rememora cómo a las ocho de la mañana veía las colas de gente para entrar en la tienda desde el inicio de la calle. "Non podía almorzar", cuenta y los jueves le era imposible parar para comer, por lo que no cerraban y también repartían productos por las aldeas.

Mucho tiempo más atrás, en época de posguerra, cuenta cómo la situación en la zona de Abastos era totalmente distinta, "vias os coches pasar, moitas paisanas vendendo" y ahora la realidad es muy diferente.

La huida del comercio local

"Vivimos de recordos", lamenta la dueña que es testigo como el comercio local perdió el protagonismo y la importancia que tenía, "hoxe estás dentro esperando os clientes".

La huida del comercio local a la zona centro de Compostela, al igual que los propios vecinos de la zona vieja (una zona que para Clara ya es "terra de nadie"), las compras por Internet y haber quitado la zona azul en la zona (de la que aún quedan marcas en el suelo) han sido para ellas grandes detonantes para la desaparición progresiva de este tipo de comercio y de los clientes, "matounos a todos".

"Eu creo que debería haber un horario para a carga-descarga e para que se metan os camións e coches. Antes era así, de dez e media ata as cinco e logo para os demáis", explica. Sin embargo, para ella, mucha gente deja de ir hasta la Praza de Abastos por la falta de aparcamiento, "se ves en bus co carrito da compra que ten que subir as escaleiras hai xente maior que non pode facelo".

"A zona vella ten unhas carencias", lamenta Clara que sigue detrás del mostrador de una tienda con 80 años de historia, pero que también ve cómo progresivamente este tipo de comercios van desapareciendo sin el apoyo de clientes y políticas que fomenten su supervivencia.