Cuando los jóvenes Pedro y Mario, ambos en silla de ruedas, cruzaron la línea de meta de El Cruce —un trail de unos 100 km que se organiza en los Andes de Argentina— marcaron un hito: fueron los primeros deportistas discapacitados en superar esta prueba. Lo hicieron acompañados de un equipo de cerca de 30 personas que forman parte de Empujando Sonrisas. Ahora, casi un mes después, Eva Ramil, madre de Pedro, recuerda ese momento como "la experiencia más impresionante que he vivido en toda mi vida".
Aunque esta ha sido probablemente la prueba más dura que han superado, en el club tienen una amplia experiencia participando en carreras.
El origen de Empujando Sonrisas está en Marines, un grupo formado por Mario e Inés, dos niños con diversidad funcional. Con el tiempo el club evolucionó hasta ser el actual, que participa de manera habitual en carreras populares con sillas adaptadas y han corrido ya en la Cross de Santiso, la media maratón de Barcelona o la maratón de Nueva York.
Para la prueba argentina, que se desenvuelve por los Andes en tres etapas, el equipo tuvo un año de preparación.
"Esto empezó hace más de un año. Somos un grupo de A Coruña que llevamos muchos años corriendo juntos y se nos ocurrió ir y hacerla con Pedro y con Mario, porque no la había hecho nadie con movilidad reducida", cuenta José Luis Fernández, padre de Mario.
Cuando se lo comentaron a la organización, "al principio les chocaba, evidentemente", pero la insistencia del grupo hizo que recibieran la luz verde para participar, iniciando así su preparación para correr en Argentina con entrenos por el monte Xalo, por Mesoiro y por O Courel. "También era importante la convivencia", apunta Eva, que recuerda que este viaje suponía varios días de campamento juntos.
El equipo viajó hasta el país sudamericano para competir entre el 1 y el 3 de diciembre. Tres días en la que es "la carrera por etapas más larga del mundo".
El equipo de Empujando Sonrisas en El Cruce en Argentina.
Además de la movilidad reducida de Pedro y Mario, el reto estaba en superar "ascensiones de 1.800 metros, en los que para hacer un kilómetro tardábamos una hora. Fue muy difícil. La gente nos mandó muchos mensajes de ánimo y apoyo, porque quienes lo corren saben lo duro que es".
Sillas adaptadas que quedaron en Argentina
A parte del equipo humano que permite que Pedro y Mario puedan correr, estos chicos también necesitan sillas adaptadas, que pueden llegar a costar 5.000 euros cada una.
El club fue a Argentina con una de ellas donada por Uni Rasa y otra comprada por ellos mismos, pero volvió del país sin ninguna de ellas.
La razón está en que ambas fueron donadas para que, en palabras de José Luis, "otros que vinieran detrás pudieran participar en la carrera, independientemente de que tuvieran el material. En Argentina este material no se consigue, aunque tengas el dinero necesario".
La Fundación Challenge recibió la silla de Pedro, mientras que la de Mario fue para otro niño con diversidad funcional, Alejo, que corría con una silla que le hizo su padre y que eran "cuatro hierros soldados con dos neumáticos".
Eva subraya que esta silla es la que usaba Mario también para su día a día. "O tiene esa silla o no puede correr porque tiene una movilidad muy reducida de cuello para abajo. Cuando Jose vio la silla en la que corría ese niño, habló con su mujer y ambos decidieron dejarla allí en Argentina".
Me gustaría que si alguien se plantea hacer El Cruce, vea que Pedro y Mario lo pudieron hacer
Para la madre de Pedro, esta carrera era algo más que una prueba deportiva.
"El motivo que me ilusionaba era romper barreras. En este mundo de la discapacidad siempre te inspiras en alguien e intentas hacer felices a tus hijos, como todos los padres. Veíamos que había cosas que a ellos les gustaban y siempre te fijas en un referente. ¿Si esta persona ha sido capaz de ir a una media maratón, por qué yo no? Hicimos este reto de montaña porque me gustaría que si alguien se plantea hacer El Cruce, vea que Pedro y Mario lo pudieron hacer. Dejar las sillas allí era parte de esto".
La barrera está en los recursos
Eva subraya que su objetivo no es tanto visibilizar la discapacidad, como "visibilizar que, en la sociedad, los recursos no son siempre los mismos. Nosotros podemos querer salir a correr y comprar unos playeros de 100 euros, pero una silla así cuesta 5.000 euros. El deporte no tiene que estar condicionado a que la gente sea solidaria".
"La sociedad se tiene que comprometer. Nuestros hijos son deportistas como los que más. Madrugan, entrenan... Se presentan en las carreras los primeros aunque lleguemos los últimos y lo hacen como cualquier deportista, intentando superarse a sí mismos y siendo felices por el camino", mantiene.
Por eso, Empujando Sonrisas busca patrocinios para su club deportivo.
Además, José Luis amenaza entre risas con que "en el próximo proyecto nos dejemos también las sillas". Eva explica que "buscamos una empresa que comparta los valores que tenemos y nosotros lo llevaremos por toda España y por fuera. Aunque a lo mejor las sillas no vienen de vuelta".
El equipo de Empujando Sonrisas en El Cruce, en Argentina.
Después de haber superado el reto de El Cruce, para este año el equipo se quedará en pruebas a nivel nacional y local en lugares como Santiso o en Cantabria con los 10.000 del Soplao. "En el 2027 algo se nos ocurrirá para volver a coger un avión", añade el padre de Mario.
Para ello necesitan, de nuevo, unas sillas adaptadas. Con ellas podrán volver a repetir la experiencia argentina, que ambos padres definen como "un viaje fenomenal".
"Durante la carrera", cuenta Jose Luis, "en un momento cuando paramos Pedro vio a un grupo de corredores que iba corriendo al siguiente punto y él salió corriendo detrás de ellos. Y ya llevaba 7 horas en la silla, pero quería más. Y mi hijo Mario disfruta más cuanto más difícil es el terreno. Se iba riendo todo el tiempo, así que no habrá otra carrera en la que disfrute tanto".
Para Eva, esto fue "la experiencia más brutal que viví en mi vida. La entrada de nuestro grupo ha sido lo más emocionante, es algo que nos dijo mucha gente. Consiguieron unir a un montón de familias. Hicieron magia. Lo que vivimos allí es muy difícil de describir".
