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En Tanum, en la región sueca de Bohuslän, hay una extensión de rocas cubiertas por decenas de miles de figuras grabadas durante la Edad del Bronce. Barcos, guerreros, animales y soles tallados en la piedra hace 3.000 años, tantos y tan bien conservados que la Unesco declaró el conjunto Patrimonio de la Humanidad. Es el gran santuario del arte rupestre del norte de Europa, y durante mucho tiempo se tuvo por un fenómeno exclusivamente escandinavo. Pero a más de 2.000 kilómetros, en una ladera de la costa de Oia mirando al Atlántico, alguien grabó en aquellos mismos siglos un barco con la proa rematada de una forma muy parecida, con el mismo aparejo curvo y la misma silueta. Durante años, los arqueólogos lo catalogaron como una curiosidad local, pero un estudio publicado en 2026 acaba de hermanarlo con las rocas suecas. Esta es la historia de Auga dos Cebros.

Petroglifos en Tanum, Suecia. https://es.wikipedia.org

La piedra está en la parroquia de Pedornes, en el municipio de Oia, en el suroeste de la provincia de Pontevedra, muy cerca ya de la desembocadura del Miño y de la frontera con Portugal. Es una zona de costa abierta, sin la protección de las rías, donde el monte cae directamente sobre el océano. Quien grabó aquel barco eligió un punto desde el que se domina el horizonte marino, un detalle que no fue casual.

El grabado principal representa una embarcación de cierto tamaño, con el casco alargado y una serie de trazos verticales que los especialistas interpretan como la tripulación o los remos. Junto al barco aparece una familia de ciervos, un macho, una hembra y una cría, y de ahí viene el nombre gallego del lugar, Auga dos Cebros (el agua de los ciervos).

Un dibujo de la representación del petroglifo. https://blogcatedranaval.com

Esa combinación de una nave y un grupo de ciervos en la misma roca es rara en el arte rupestre atlántico, y convierte a Auga dos Cebros en una pieza singular incluso dentro del gran repertorio de petroglifos gallegos.

Los arqueólogos documentaron este conjunto a comienzos de este siglo, y desde el principio llamó la atención por su antigüedad. Algunos estudios lo sitúan en el Bronce Final, entre el 1325 y el 1050 antes de nuestra era, lo que lo coloca entre las representaciones de barcos más antiguas de toda la fachada atlántica de la península.

La roca lo ha pasado mal en las últimas décadas, ya que sufrió los efectos de los incendios de 2006 y de las inundaciones del año siguiente, y su conservación ha dependido en buena medida de iniciativas vecinales y de proyectos como el de la Costa dos Castros, que trabaja por poner en valor el patrimonio arqueológico de esta franja del litoral.

Petroglifo de Auga dos Cebros. https://journals.plos.org

Pero Auga dos Cebros no es un caso aislado. A lo largo de la costa gallega y del norte de Portugal se conocen desde hace décadas varios grabados de barcos tallados en granito, casi siempre cerca del agua y con amplias vistas sobre el mar o sobre algún río caudaloso. Los arqueólogos los habían estudiado, catalogado y datado, pero los trataban sobre todo como un fenómeno propio del noroeste peninsular.

Les faltaba mirar con la tecnología adecuada y compararlos, uno a uno, con los miles de barcos grabados en las rocas del norte de Europa.

Eso es lo que hizo el equipo que firma el estudio de 2026. La investigación, publicada el 9 de junio en la revista científica PLOS One con el título “Boats on the rocks”, la dirigió la arqueóloga Marta Díaz-Guardamino, de la Universidad de Durham, junto a Boel Bengtsson y Johan Ling, de la Universidad de Gotemburgo, y Ana Bettencourt, de la Universidade do Minho.

Portada del trabajo “Boats on the rocks”. https://journals.plos.org

Ling lleva años reconstruyendo las rutas del comercio de metales de la Edad del Bronce, y su presencia en el equipo orienta buena parte de las conclusiones a las que llegaron.

Los investigadores aplicaron escáner láser de alta resolución y fotogrametría a una docena de yacimientos, seis de ellos en el noroeste ibérico, entre los que están el propio Auga dos Cebros, Santo Adrião, Laje da Churra, Penedo do Muro o Senhora da Encarnação.

Con esos modelos tridimensionales pudieron leer los grabados con un detalle imposible a simple vista, recuperando trazos gastados por tres milenios de lluvia y viento, y después compararon las embarcaciones gallegas y portuguesas con los barcos grabados en Escandinavia. Y lo que encontraron fue fascinante.

Visualización mejorada creada a partir de un escaneo 3D. https://journals.plos.org

Las naves ibéricas comparten con las nórdicas rasgos muy concretos, como el casco, la disposición de los remos, la presencia de velas y ciertos remates decorativos en los extremos, pero hay algo mucho más llamativo.

Algunos elementos, como los mástiles, los aparejos curvos, las popas elevadas rematadas con cabezas de animales o la representación de barcos dispuestos quilla contra quilla, aparecen en la península y en Escandinavia, y en ningún otro punto de Europa ni del Mediterráneo.

Así que, para los investigadores, los petroglifos gallegos y portugueses serían "probablemente los primeros ejemplos de iconografía naval escandinava documentados fuera del ámbito nórdico".

Embarcaciones talladas de arte rupestre en el sur de Suecia. https://journals.plos.org

Cuando se habla de una conexión entre Galicia y Escandinavia, la cabeza se va enseguida a los vikingos, a los drakkars y a las incursiones nórdicas que asolaron las costas gallegas en la Edad Media, pero estos petroglifos no tienen nada que ver con esa época, porque los grabados de Auga dos Cebros son 2.000 años anteriores a los vikingos.

Hablamos de la Edad del Bronce, de comunidades prehistóricas que ni siquiera conocían el hierro, no de guerreros medievales. La relación que plantea el estudio pertenece a un mundo mucho más antiguo y mucho menos conocido.

El propio equipo es cauto con lo que sus datos permiten afirmar. No sostienen que hubiera escandinavos instalados en Galicia grabando piedras, ni tampoco lo contrario. Dejan abierta la posibilidad de que los grabados los hicieran tripulaciones llegadas de fuera que recalaron en estas costas o que los tallaran navegantes locales que habían visto aquellos diseños en sus viajes y los reprodujeron en su tierra.

Interpretación del barco de Auga dos Cebros. https://blogcatedranaval.com

En cualquiera de los dos casos, la conclusión es que las comunidades del noroeste peninsular formaban parte de una red marítima que se extendía por toda la fachada atlántica de Europa. Y esta red tenía un motor muy claro y potente, el metal.

La franja que va de Galicia al norte de Portugal era rica en cobre y estaño, los dos ingredientes con los que se fabrica el bronce, y precisamente los siglos de los grabados coinciden con el auge de ese comercio.

Estado actual del petroglifo. https://es.wikiloc.com

Johan Ling ha demostrado con análisis de isótopos que buena parte del cobre que se trabajaba en Escandinavia procedía de yacimientos lejanos, y que el metal viajaba miles de kilómetros por mar. En aquella época, el Atlántico dejó de ser un límite para convertirse en una vía de comunicación en la que los barcos transportaban mercancías, pero también ideas, símbolos y maneras de representar el mundo.

Y precisamente, la ubicación de los petroglifos refuerza esa lectura.

Los investigadores comprobaron que las naves grabadas no están repartidas al azar por el paisaje. Algunas se sitúan a menos de tres kilómetros del mar, y otras aparecen más de 100 kilómetros tierra adentro, pero siempre junto a ríos navegables o a valles con recursos mineros.

Y casi todas se colocaron en puntos con amplia visibilidad sobre rutas marítimas y estuarios estratégicos, como la ría de Vigo, la desembocadura del Miño o la propia costa de Oia. Alguien las talló pensando en el mar, mirando el mar y, probablemente, en relación con lo que llegaba y salía por el mar.

Imágenes de barcos en el arte rupestre del noroeste de la península ibérica. https://journals.plos.org

Para Galicia, este hallazgo cambia la escala de una historia que solía contarse solo de manera local. Las costas gallegas no eran un “Finisterrae” aislado en los confines del mundo, sino una parte activa de una red que enlazaba el Mediterráneo, el Atlántico y el Báltico varios siglos antes de que existieran fenicios, griegos o romanos en la región.

Los pobladores del Bronce que vivían frente a las Cíes o en la ribera del Miño no estaban aislados, sino que participaban en unas corrientes de intercambio que recorrían Europa de punta a punta, y dejaron constancia de ello en la piedra.

Grabados de los tres barcos de Auga dos Cebros. Mederos Martin, Alfredo. (2019). Auga dos Cebros (Pontevedra, Galicia): Un barco del Bronce Final II en la fachada atlántica de la Península Ibérica Cedida

Curiosamente, la clave estaba a la vista desde hacía siglos, catalogada en los inventarios de patrimonio y visitada por excursionistas, pero nadie lo había visto porque nadie los había leído con la herramienta adecuada ni los había puesto al lado de sus parientes del norte. Bastó escanear la roca en tres dimensiones para que un barco que llevaba 3.000 años mirando al Atlántico contara, por fin, de dónde venía.

Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros

Referencias:

es.wikipedia.org

elespanol.com/quincemil

lavozdegalicia.es

realacademiagalega.gal

plos.org

durham.ac.uk

phys.org

archaeology.org

pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

infobae.com

labrujulaverde.com

muyinteresante.okdiario.com

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turismo.gal

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vigoe.es

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