Quien pasea hoy por el paseo marítimo de O Burgo, en Culleredo, en la provincia de A Coruña, se topa con un impresionante esqueleto. Tres enormes naves de hormigón armado, vacías, que llevan casi cuarenta años sin producir nada y para las que nunca ha habido un futuro claro. A sus pies, una ría que llegó a figurar en la lista de la Unión Europea de los lugares más contaminados de Europa, en la que el marisqueo estuvo prohibido durante años y de la que los pescadores llegaron a sacar 70.000 kilos de almeja fina al año antes de que las capturas se desplomaran más de un 90 %. Pocos recuerdan que, tanto el esqueleto como la ría envenenada, forman parte de la misma historia. Porque durante medio siglo, aquella fábrica dio trabajo a cientos de familias coruñesas y llenó de fertilizante los campos de media Galicia. Mientras, fue vertiendo a la ría lo que hoy, décadas después de su cierre, todavía se está intentando limpiar. Este monstruo, que alimentó y envenenó a partes iguales, fue la fábrica de La Cros.
Ría do Burgo.
En 1814, un químico llamado Joan François Cros i Dupuis montó en el barrio barcelonés de Sants una pequeña instalación dedicada a fabricar productos químicos para la industria de los alrededores. Era un negocio local, modesto, de los que abastecían a las fábricas del vecindario, pero la familia Cros supo hacerlo crecer de generación en generación.
El salto lo dio su descendiente Amadeu Cros i Nubiola, quien en 1904 creó la Sociedad Anónima Cros y transformó aquel taller de barrio en una empresa nacional. Trasladó la producción a Badalona, en un entorno bien conectado con el ferrocarril y el mar, y fue abriendo filiales por toda España. De esta manera, la Cros se convirtió en una de las grandes químicas del país, especializada en un producto que la agricultura española demandaba sin descanso, los fertilizantes, y Galicia era un mercado perfecto para ellos.
Edificio Cros en Paseo de Gracia, Barcelona.
El campo gallego, minifundista y volcado en sacar el máximo a cada pequeña parcela, consumía cantidades ingentes de superfosfato de cal para mejorar sus cosechas, así que en 1931 la Sociedad Anónima Cros decidió instalar una de sus plantas en Galicia, y eligió un enclave inmejorable, la orilla de la ría de O Burgo, en Culleredo, a las puertas de la ciudad de A Coruña.
Aquel lugar lo tenía todo. Estaba junto al mar, lo que permitía recibir las materias primas por barco, estaba pegado al ferrocarril, la propia fábrica se construyó su apartadero ferroviario propio, y estaba a pocos kilómetros de un puerto metropolitano y de la ciudad que le daría mano de obra.
La fábrica en 1956.
La planta se levantó sobre un relleno ganado a la propia ría, y empezó a producir a finales de 1931. Lo que fabricaba, superfosfato de cal, era el fertilizante estrella de la Galicia agrícola de la época y, para hacerlo, necesitaba dos materias primas que llegaban de lejos: pirita de las minas de Huelva y fosfatos naturales traídos desde Casablanca, en Marruecos, y desde Sfax, en Túnez.
De la combinación de aquellos minerales con ácido sulfúrico salía el abono que después se repartía por los campos de la región.
La fábrica a pleno funcionamiento.
La fábrica creció deprisa y alrededor de 1935, apenas cuatro años después de arrancar, ya daba trabajo a más de un centenar de personas y había ampliado su catálogo con la producción de sulfato de cal. Para un municipio como Culleredo aquello era oro y la Cros se convirtió en uno de los grandes motores económicos de la zona, un lugar donde ganarse la vida sin tener que emigrar, algo que en la Galicia de aquellos años era un tesoro.
Porque trabajar en la Cros era tener un empleo estable en una comarca donde la alternativa solía ser el minifundio, el mar o el barco a América. Varias generaciones de vecinos de O Burgo y de los alrededores pasaron por sus naves, y durante décadas la fábrica fue una referencia tan fija en el paisaje y en la vida de Culleredo que los vecinos ni siquiera la llamaban por su nombre completo. Era, sencillamente, La Cros.
La fábrica a pleno funcionamiento.
Pero en los años 60 la fábrica dio un giro. Sin abandonar los fertilizantes, reorientó buena parte de su producción hacia otro tipo de abonos y, sobre todo, hacia la fabricación de ácido sulfúrico y otros ácidos que demandaba una industria en expansión en toda la costa gallega, la de la conserva de pescado.
Vivienda del director de la fábrica, actual oficina de Correos.
La Cros pasó a surtir de productos químicos a las fábricas de salazón y conserva, y en sus mejores momentos llegó a emplear a unas 200 personas en una instalación que ocupaba más de 150.000 metros cuadrados a la orilla de la ría.
Pero a partir de los años 70, todo empezó a torcerse.
Antiguo control de báscula de la fábrica.
La crisis del petróleo de 1973 golpeó de lleno al sector. El encarecimiento de la energía y de materias primas como la nafta, esencial para producir el amoniaco de algunos abonos, disparó los costes de unas fábricas que además arrastraban una tecnología muy anticuada. Así que el sector de los fertilizantes español entró en crisis, con exceso de capacidad y plantas obsoletas por todas partes, y comenzó una ola de cierres.
La Cros aguantó, pero herida, hasta 1989. Ese año, la Sociedad Anónima Cros se fusionó con Explosivos Río Tinto para formar una nueva empresa cuyo nombre ha quedado asociado para siempre a la fábrica de Culleredo: Ercros. Y en ese mismo movimiento, la planta de O Burgo, ya sin sentido dentro del nuevo grupo, cerró definitivamente sus puertas.
Antiguas oficinas de la fábrica.
Cerró la fábrica, se fueron los trabajadores y el gigante de hormigón se quedó vacío a la orilla de la ría, pero lo que había estado haciendo durante casi 60 años no se marchó, sino que se quedó en el fondo del agua.
Porque una fábrica que produce ácido sulfúrico y fertilizantes a partir de pirita y fosfatos genera residuos, y durante buena parte del siglo XX el destino de esos residuos fue el más barato y el que tenían más a mano: la propia ría.
La fábrica de en la década de 1960.
La ría de O Burgo es un estuario poco profundo que durante siglos había sido una despensa de marisco para las cofradías de la zona. En sus fondos se criaba almeja fina, la de mejor calidad y mayor precio del mercado, además de berberecho. Los mariscadores llegaron a extraer hasta 70.000 kilos de almeja fina al año. Era, para decenas de familias, una forma de vida.
El problema es que un lugar de aguas tranquilas como este es también una trampa para la contaminación. El agua apenas se renueva, así que todo lo que cae al fondo allí se queda, acumulándose año tras año en los sedimentos.
La fábrica y sus terrenos en fase de desmantelamiento.
Y a la ría de O Burgo cayó de todo durante décadas. Y no hablamos solo de vertidos industriales cargados de metales pesados de la fábrica de fertilizantes, sino también las aguas residuales sin depurar de los cuatro ayuntamientos que rodean la ría: A Coruña, Culleredo, Cambre y Oleiros.
La Cros no fue la única culpable de este atentado ecológico. Buena parte de la porquería que se acumuló en el fondo era de origen urbano, aguas fecales de una comarca que creció mucho y depuró poco, aunque la fábrica sí fue el gran foco industrial, la que aportó los metales pesados y los residuos químicos que convirtieron el problema en algo mucho más grave que un exceso de materia orgánica.
La Cros en 2005.
El resultado fue una catástrofe lenta.
En 30 años, las capturas de marisco cayeron más de un 90 % y el deterioro llegó a ser tan importante que la Unión Europea incluyó la ría de O Burgo en la lista de los espacios más contaminados de Europa. El marisqueo en la parte interna de la ría estuvo prohibido durante cinco años por presencia de aguas fecales, y solo a partir de 2010 se permitió recoger en la zona externa, y siempre pasando el producto por la depuradora.
La Cros en 2009.
Los mariscadores llevaban desde principios de los años 80 reclamando que se limpiara el fondo de la ría y tuvieron que esperar 40 años.
El dragado ambiental de la ría de O Burgo arrancó en diciembre de 2021. La operación fue descrita por el Gobierno como el mayor proyecto de descontaminación integral de una franja costera acometido en España. El plan consistía en retirar del fondo más de 600.000 metros cúbicos de sedimentos contaminados, tratarlos, confinarlos de forma segura y restituir el lecho con material limpio para que el marisco pudiera volver a criarse.
Proyecto de dragado de la Ría de O Burgo.
Fue una obra que afectó a cuatro municipios y que se prolongó durante más de dos años, con compensaciones económicas a los mariscadores que no podían faenar mientras durasen los trabajos. Sobre el papel era un final feliz, en 2026 el proyecto llegó a recibir un premio nacional como referencia en regeneración costera, pero la historia de la ría de O Burgo no se ha cerrado, ni mucho menos.
Estado actual de la parte de la fábrica que no se demolió.
En julio de 2026, la Cofradía de Pescadores de A Coruña publicó un informe demoledor sobre el resultado real del dragado. Según sus datos, 24 de los 27 bancos marisqueros de la zona están hoy en peor estado que antes de empezar las obras. Denuncian que algunas zonas clave ni siquiera se dragaron, que se crearon montículos de piedra que dificultan la navegación y que se alteró la composición del fondo hasta hacer inviable la siembra de bivalvos. Y recuerdan un detalle vital: su gran contaminador histórico no ha pagado un solo céntimo, mientras decenas de familias de mariscadores siguen esperando ayudas que todavía no han llegado.
Estado actual de la parte de la fábrica que no se demolió.
Curiosamente, casi 40 años después de que la fábrica cerrara, el debate no gira solo en torno a lo que la Cros dejó en el agua, sino también a lo que dejó en tierra, porque el esqueleto de hormigón sigue ahí, en pie, a la orilla del paseo. Desde los años 90 se han sucedido los proyectos para convertir aquellas tres naves en un centro cultural, un museo o una factoría de actividades, pero ninguno ha llegado a cuajar.
Proyecto de rehabilitación del esqueleto de hormigón de La Cros.
Los gobiernos locales se han ido pasando el proyecto de mano en mano, han cambiado los planes y ha faltado la financiación prometida, y el edificio sigue esperando, blanqueado a medias y cubierto de pintadas.
Proyecto de rehabilitación del esqueleto de hormigón de La Cros.
De aquella empresa que empezó siendo una química de barrio en la Barcelona de 1814, que dio de comer a cientos de familias de Culleredo y que llenó de abono los campos de Galicia, hoy solo queda eso, una mole de hormigón vacía que alimentó y envenenó por igual a Galicia…
Publicidad de la década de 1920 de Cros.
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Referencias:
es.wikipedia.org
elespanol.com/quincemil
asociacionbuxa.com
turismoculleredo.gal
asociacionbuxa.com
memoriaindustrialengalicia.wordpress.com
miteco.gob.es
iagua.es
lavozdegalicia.es
elespanol.com
eleconomista.es
trenoroeste.blogspot.com
patrindustrialquitectonico.blogspot.com
ecoticias.com
esdiario.com
xornalgalicia.com
concellodeculleredo.gal
