En 1911, dos hombres firmaron ante un notario de A Coruña la constitución de una sociedad pesquera. La llamaron Pescaderías Coruñesas y, en poco más de una década, se convirtió en la mayor empresa pesquera de España, con once barcos de arrastre propios, fábricas de hielo en los puertos, una fábrica de salazón en A Coruña y camiones frigoríficos que llevaban el pescado gallego a Madrid, donde el rey Alfonso XIII en persona inauguró su sede. Nada en A Coruña recuerda hoy que aquella potencia del mar existió, pero su nombre sobrevive, más famoso que nunca, convertido en el mayor imperio gastronómico de Madrid, dueño de restaurantes con estrella Michelin y de medio callejero del centro de la capital.
Trabajadores de la pescadería.
Esta historia arranca en A Coruña, el 15 de octubre de 1911, fecha en la que se inscribió en el Registro Mercantil de la ciudad la sociedad Lamigueiro y Jové, que adoptó el nombre comercial de Pescaderías Coruñesas. La crearon Luis Lamigueiro y Manuel Jové, que pusieron 200.000 (1.200 euros de la época) a partes iguales con el objetivo de dedicarse a la pesca y a su explotación.
Crecieron como la espuma y el secreto de aquel arranque tan veloz fue el precio. En 1911, Madrid sufría una fuerte escasez de alimentos y la prensa cargaba contra la codicia de los intermediarios que encarecían el pescado en su viaje desde la costa.
Publicidad de Pescaderías Coruñesas.
Lamigueiro, que era armador, le dio la vuelta al problema montando una empresa que controlaba toda la cadena. Pescaba su propio género, lo transportaba con sus propios medios y lo vendía directamente al comprador, sin intermediarios que inflaran el precio. Así fue como Pescaderías Coruñesas empezó a vender el pescado en Madrid a la mitad del precio habitual y con la misma calidad o superior.
El éxito fue inmediato y arrollador. En su memoria de 1911, el propio alcalde de Madrid dejó anotado que los puestos de la empresa tenían que estar custodiados por parejas de la fuerza pública para mantener el orden en las colas de compradores.
En 1917 la empresa trasladó a Madrid su sede social y la inauguración de las nuevas instalaciones se convirtió en un acontecimiento al que acudió el mismísimo rey Alfonso XIII. Seis años después de nacer en un despacho notarial coruñés, la compañía recibía al monarca en la capital de España.
El rey Alfonso XIII en la inauguración de las nuevas instalaciones.
Pero lo que vino después fue extraordinario. En 1920, su capital social alcanzaba los 2 millones de pesetas (12.000 euros de la época), y cuatro años más tarde llegaba a los 10 millones (60.000 euros). Para entonces Pescaderías Coruñesas se había convertido en una empresa que controlaba toda la cadena, desde que el pez salía del agua hasta que llegaba al mostrador.
Escritura pública de 1924.
Tenía incluso sus propios barcos de arrastre, con nombres como Viking, General Gordon, Sirius o Reina Victoria. Tenía fábricas de hielo en los puertos donde faenaba, una fábrica de salazón en A Coruña, en el barrio de La Palloza, una flota de camiones frigoríficos y hasta fabricación propia de redes. Además, en 1923, dio un paso más y compró la sociedad Pesca y Navegación, con lo que sumó nuevos barcos hasta reunir 11. En toda España había 45. Aquella casa se había convertido en la primera armadora del país.
Instalaciones de Madrid con los camiones de reparto.
Cuesta imaginarlo hoy, cuando A Coruña ha olvidado por completo que esa empresa fue suya, pero en los años 20 del siglo pasado, la mayor potencia pesquera de España se dirigía desde una sociedad fundada en la ciudad, con barcos propios y fábricas en sus muelles.
El impulso, sin embargo, no duró demasiado.
Luis Lamigueiro estuvo al frente cerca de veinte años, hasta que en 1930 vendió la mayoría de las sucursales a Luis Fragío, el hombre que había sido su encargado. A partir de ahí la empresa entra en decadencia. La Guerra Civil, la posguerra y el declive de buena parte de la flota pesquera española fueron apagando aquel imperio armador hasta que, de las muchas tiendas que llegó a tener, a mediados de los años 50 sobrevivía una sola, en la calle Recoletos de Madrid.
Instalaciones de Madrid.
Y quien recogió el negocio moribundo no fue un coruñés, ni un gallego, ni siquiera alguien nacido junto al mar. Fue un maragato.
La Maragatería es una comarca del centro de la provincia de León, alrededor de Astorga. Es una tierra alta, fría y de suelo pobre, mala para el cultivo y mala para el ganado, que obligó durante siglos a sus habitantes a buscarse la vida fuera. Y la encontraron en los caminos, porque se hicieron arrieros, transportistas que cruzaban la península con mulas cargando mercancías.
Los maragatos se ganaron fama de gente seria y honrada, tanta, que la Corona les confió durante siglos el transporte más delicado, incluido el oro que llegaba de las Indias desde los puertos hasta la Corte. Cobraban el doble que cualquier otro arriero, y aun así se prefería pagarles a ellos, porque con ellos la mercancía llegaba siempre.
Situacion de la comarca de Maragatería, en León.
Uno de los productos que aquellos arrieros llevaban a Madrid era, precisamente, el pescado gallego. Lo cargaban en los puertos de las rías y cruzaban media España con él, conservándolo con nieve que habían guardado durante el invierno en pozos a lo largo del camino. Era un viaje que podía durar semanas y, gracias a ellos, en la capital se comía pescado mucho antes de que existiera el ferrocarril.
Eso explica una rareza del comercio español, porque muchas de las pescaderías históricas de Madrid las fundaron leoneses. Los maragatos dominaban el transporte del pescado, así que cuando el tren les quitó el oficio, muchos se quedaron con el negocio y se establecieron como pescaderos en la capital. Uno de ellos era Santiago Gómez, un arriero que en 1890 había abierto en Madrid una pescadería llamada La Astorgana.
La tienda de Pescaderías Coruñesas en la década de 1920.
El yerno de Santiago era Norberto García y, en 1956, Luis Fragío le propuso quedarse con lo único que quedaba en pie de la antigua Pescaderías Coruñesas, aquella tienda única de Recoletos. Las ventas eran pocas y la operación tenía pinta de ruina, porque además obligaba a hacerse cargo de los ocho trabajadores que aún formaban la plantilla.
Norberto la compró igualmente y con ella se quedó el nombre, Pescaderías Coruñesas, que a esas alturas ya sonaba a prestigio y a buen pescado en Madrid, aunque él fuera un pescadero maragato y la empresa original nada tuviera que ver ya con sus fundadores gallegos.
El hijo de Norberto, nacido en 1933, se llamaba Evaristo García Gómez, y comenzó a trabajar desde niño como repartidor. A los 14 años pasó a atender los pedidos por teléfono y a los 19 ya sabía que quería algo más grande. La oportunidad le llegó cuando su padre compró aquella tienda medio muerta y le abrió sus puertas.
Evaristo García (derecha) junto a su primo Benigno repartiendo pescado.
Porque Evaristo fue quien lo cambió todo. Cogió una pescadería en horas bajas y la convirtió en la gran referencia del pescado de calidad en España. Suya es la frase que la empresa sigue usando todavía hoy como lema, "El mejor puerto de mar en la capital de España", que creó en 1956. Además, en 1975 cumplió un viejo sueño y entró en la restauración comprando el restaurante El Pescador, al que sumó O'Pazo en 1981. Un año después compró un puesto en Mercamadrid, y en 1986 trasladó la sede a la calle Juan Montalvo, donde todavía hoy sigue.
Lema de la empresa.
A ese olfato empresarial se sumó un matrimonio decisivo, porque Evaristo se casó con María Juliana Azpiroz, hija de Raimundo Azpiroz, fundador de Angulas Aguinaga. La unión del mejor pescado fresco de Madrid con la mayor saga del negocio de la angula del País Vasco colocó a la familia en el centro del negocio del mar en España.
Anuncio de Pescaderías Coruñesas en la prensa.
Hoy Pescaderías Coruñesas factura alrededor de 50 millones de euros al año y da empleo a unas 500 personas. Sigue vendiendo pescado por internet y en su tienda de Juan Montalvo, pero además es propietaria de media docena de restaurantes en Madrid, entre ellos El Pescador, O'Pazo, Filandón, Desde 1911 (con una estrella Michelin desde 2024) y el histórico Lhardy, fundado en 1839, que la familia rescató del concurso de acreedores durante la pandemia.
Evaristo García.
Pero también es un imperio inmobiliario. Los García Azpiroz son dueños del teatro Reina Victoria, del Palacio de Trinidad y de varios edificios protegidos en la plaza de Canalejas, en pleno centro de Madrid, que planean unir para construir el primer hotel-teatro de la ciudad.
Plaza de Canalejas de Madrid.
Evaristo murió en 2020, pero al frente siguen hoy tres de sus cuatro hijos (uno falleció en 2017), la cuarta generación familiar: Marta, Diego y Paloma.
Evaristo en la pescadería.
Queda una pregunta. ¿Cómo es posible que la ciudad que dio nombre a la mayor pescadería de España, la que fundó la primera armadora del país y la vio recibir a un rey, haya olvidado que todo aquello fue suyo? El nombre sigue ahí, en letras doradas sobre el mejor mostrador de pescado de Madrid. Casi nadie en A Coruña, recuerda de dónde salió. Al menos, hasta hoy…
El famoso atún de 350 kilos que pasó por la pescadería.
Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros
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Referencias:
es.wikipedia.org
elespanol.com/quincemil
pescaderiascorunesas.es
eldiario.es
elidealgallego.com
heraldodeleon.es
eldebate.com
tapasmagazine.es
gourmets.net
guide.michelin.com
esmadrid.com
gastroeconomy.com
lavozdegalicia.es
larazon.es
abc.es
65ymas.com
diariodeleon.es
