El paso del tiempo crea algunas rigideces, sin embargo, ablanda otras cosas. La estructura de la ciudad se transforma de manera constante siguiendo los cambios sociales y culturales de sus habitantes. Las alteraciones son, sin embargo, intrínsecas al tejido urbano estableciendo un diálogo con las rigideces que se forman.
“Basta caminar algún trecho por la implacable rigidez que los espejos del pasado nos abren, para sentirnos forasteros y azorarnos cándidamente de nuestras jornadas antiguas. No hay en ellas comunidad de intenciones, ni un mismo viento que las empuja.” - Jorge Luis Borges
A lo largo del siglo XX, las ciudades occidentales sufrieron cambios basados en eventos históricos que comprimieron y expandieron a la población y la cultura. También el tejido urbano fue borrado en numerosas ocasiones para ser reconstruido. Pero hay otros cambios, sutiles y sencillos que dan forma al hábitat. Las trasformaciones de los usos y funciones de algunos edificios llegan a producir cambios en su entorno inmediato, ya que la percepción que proyectan sobre el espacio público de la ciudad es diferente. Los oficios y comercios muestran el cambio social, pero también la alimentación cultural de la misma.
“Nuestro conquistar más verdadero reside en nuestro mirar […] No nos hacemos ricos porque algo permanezca y se marchite en nuestras manos, sino porque todo fluye a través de su captura como a través de una solemne puerta de entrada y retorno a casa. Para nosotros las manos no deben ser un féretro: solo un lecho en el cual las cosas duermen en el crepúsculo y tienen sueños desde cuyas profundidades expresan sus secretos más estimados […] La posesión es, de hecho, pobreza y angustia ¡Sólo el haber poseído es un poseer despreocupado!” - Rainer Maria Rilke
La riqueza de las ciudades, aquella que se deriva de sus transformaciones, nace en la forma en la que se miran. El proceso es riqueza. Y los cambios no son estáticos o permanentes, sino que anticipan la inercia urbana. Un cambio es solo la revelación de un secreto futuro en que se convertirá la ciudad.
Fotografía: Nuria Prieto
En la ciudad de A Coruña, como en muchas otras ciudades europeas, se produjo un desplazamiento de las áreas industriales que se encontraban próximas al centro hacia zonas periurbanas. Pero hubo un tiempo en que se produjo una convivencia estrecha entre los usos industriales, comerciales, viviendas y otros oficios comprendiendo la ciudad casi como una gran vivienda compartida, un hábitat. Poco a poco, esta convivencia se fue difuminando para crear modelos híbridos, que aún perviven en algunas culturas. La mezcla entre industria y vivienda, cuando los medios eran otros y los estándares carecían de restricción, creaban límites difusos, a veces peligrosos pero otras equilibrados. El slum industrial puede ser una de las consecuencias más radicales desde un punto de vista negativo, pero las colonias industriales que presentan un modelo armónico como Marimekko facilitan la relación entre los trabajadores y un entorno saludable. Dentro de una perspectiva exclusivamente urbana la mezcla inicial se fue desentramando hasta crear una sectorización.
La fábrica de Losetas del señor Maya
En A Coruña, el entorno industrial se localizaba en la zona de Orzán y Montealto, aunque pronto se trasladaría a las afueras y zonas de crecimiento urbano. Muchas calles del área de Orzán llevan nombres de oficios, mostrando su pasado, pero también su condición industrial, aunque el oficio sea diferente del original. Precisamente en esta calle, en el número 35 se encontraba la Fábrica de Losetas del Señor Manuel Maya (aunque el acceso del edificio se realizaba por Orzán 132). El edificio original data del año 1900 aunque la fábrica no se instalaría en este inmueble hasta 1920. Para ello se produciría una pequeña transformación que permitió adaptar la construcción a la maquinaria necesaria para el desarrollo de la actividad, lo que requería de un sistema a vapor.
El edificio actual construido en 1900, cierra una manzana en tres de sus caras. Su estética es sobria, con apenas decoración. De autoría no registrada, el edificio es un volumen sencillo con huecos de pequeño tamaño y ritmo constante. Cuenta con tres plantas, bajo y bajocubierta abuhardillada. La planta baja incorporaba huecos amplios de aspecto comercial recercados con piedra para reforzar su rigidez. Las plantas superiores están revocadas exteriormente y pintadas posteriormente. El revoco se trabajó de tal forma que crease un pequeño juego de planos muy discreto. Para reforzar la continuidad de los huecos, y al contar con machones de gran tamaño se disponen dos líneas horizontales paralelas en un tono granate al igual que todos los demás elementos decorativos que se dibujan en la fachada. Los huecos presentan un gran cuadrado en su antepecho, mientras que se marcan con tres pequeños cuadrados sobre el dintel. El conjunto se remataba con una gran cornisa que contrastaba con la escala de las buhardillas de pequeño tamaño.
Fotografía: Nuria Prieto
En 1920 se instaló la fábrica de losetas, que requirió la introducción de maquinaria a vapor, lo que requirió de una ventilación adecuada. El señor Manuel Maya era un empresario local que comerciaba losetas para la construcción. Se instaló en el inmueble por una renta de 179,25 pesetas, en la planta baja con acceso por la calle Cordelería. La fábrica estuvo situada en el inmueble durante varios años hasta su transformación en locales comerciales dos décadas después. El edificio estuvo abandonado durante un tiempo. Ha sido restaurado recientemente.
Fotografía: Nuria Prieto
Fotografía: Nuria Prieto
Locos prácticos
La transformación de la ciudad a través de la industria es un argumento fundamental de la construcción urbana. Pero su génesis se inserta en modelos que nacen de lo más inmediato, de la improvisación y necesidad propia de un hábitat en movimiento constante.
“Es suficiente abrir los ojos para ver que las conquistas de la industria, que han enriquecido a tantos hombres prácticos, no habrían jamás existido si estos hombres prácticos hubieran estado solos, si no les hubieran precedido locos desinteresados que murieron pobres, que no pensaron jamás en la utilidad y que, sin embargo, tenían otra guía además de su solo capricho” - Leon Tolstói
La ciudad se articula en torno al cambio. La industria dejó huellas imborrables que hoy forman parte de su pasado. Quizás por eso el hábitat es tan complejo hoy en día, porque ha ido atravesando capas de transformación profunda y difícil. La culminación de dichas travesías genera el hábitat contemporáneo.
