El agua es una materia que siempre ha fascinado al ser humano. Controlar el agua, acumularla, reutilizarla, aprovechar su fuerza o simplemente disfrutar de sus cualidades estéticas y fenomenológicas es un acto aspiracional que ha utilizado la construcción como herramienta de trabajo para su fin. Primero de forma natural, asociada a la propia vida, pero matizando poco a poco la forma en la que influye en la atmósfera del lugar. El agua en la Alhambra o en las ciudades iraníes a través del sistema Shushtar, las cisternas romanas o las norias chinas muestran una historiografía intensa en torno al agua en la que cada cultura cuenta con numerosos ejemplos. Pero en todas, existe una relación entorno a sumergirse de forma controlada en ella. Desde los ghats indios a las termas romanas, dejar que el cuerpo se vea rodeado de agua sin riesgo y sin amenazas describe un proyecto arraigado a la propia existencia humana.
“Neddy era un hombre enjuto que parecía conservar aún la peculiar esbeltez de la juventud, y, aunque los días de su adolescencia quedaban ya muy lejos, aquella mañana se había deslizado por el pasamanos de la escalera, y en su camino hacia el olor a café que salía del comedor, había dado un sonoro beso en la broncínea espalda a la Afrodita del vestíbulo. Podría habérselo comparado con un día de verano, en especial con las últimas horas de uno de ellos, y aunque le faltase una raqueta de tenis o una vela hinchada por el viento, la impresión era, decididamente, de juventud, de vida deportiva y de buen tiempo.” - John Cheever, el Nadador
En la novela El Nadador de John Cheever, su protagonista atraviesa el condado de piscina en piscina. Protagonizada por Burt Lancaster en su versión cinematográfica, el placer de nadar al tiempo que la búsqueda, convierten su viaje en una catarsis que, al mismo tiempo, reflexiona en torno al repetitivo modo de vida del suburbio americano. Pero al margen de la crítica, la posibilidad de cruzar un territorio a través de sus piscinas muestra la cultura social e intrínseca al ser humano, en las que poseer esta pequeña balsa de agua es algo sano al tiempo que significativo de una posición social. La democratización de la piscina en su función de catalizador social y espacio comunitario se introduce poco a poco como elemento urbano en todo tipo de asentamientos. En Galicia, en la década de los 90s se realizan un conjunto de proyectos, promovidos por la administración, destinados a dotar de piscina pública muchos municipios de pequeño tamaño. Los proyectos, objeto de concursos públicos de arquitectura, se convirtieron en obras singulares y de gran calidad. Los concursos, desarrollados por la Diputación de A Coruña dentro del plan Deporte 2000 no abordan localizaciones específicas, sino grupos de municipios en los que se aplicará una misma tipología. En Oleiros, la piscina pública responde a la tipología ganadora para esta ubicación que sería la misma que para Melide y Fene.
Una obra honesta
La piscina de Oleiros es obra del arquitecto navarro Francisco Mangado Beloqui (Estella, 1957). Si bien en aquel momento se postulaba como uno de los estudios emergentes más sólidos del país, hoy en día su obra se ha consolidado notablemente especialmente a través de magníficos proyectos como el Estadio de la Balastera (Palencia, 2006), Pabellón de España en la expo de Zaragoza (2008), Museo Arqueológico de Vitoria (2009), Palacio de Congresos de Palma de Mallorca (2014), Museo de Bellas Artes de Asturias (Oviedo, 2014), el Centro Hípico de alto rendimiento de Ultzama (Zenotz,2006-2008) o el Baluarte, Palacio de Congresos y exposiciones de Navarra (Pamplona, 2003). Este conjunto de obras que se caracterizan por su pragmatismo y calidad constructiva, así como una estética moderna, honesta y silenciosa, han sido objeto de premios nacionales e internaciones como el FAD, el premio Nacional de Arquitectura (por el auditorio en Palma de Mallorca), American Architecture Prize, Premio Enor, Premio de arquitectura Andrea Palladio o Premio García Mercadal. En Galicia ha realizado algunas obras entre las que destacan las oficinas de la empresa Norvento o las piscinas de Oleiros. En su pragmatismo e integración estética, subyace siempre un profundo conocimiento del lugar y de sus tradiciones constructivas, así como potencial productivo que le permiten crear obras que, aunque sea de forma subliminal, siempre establecen una estrecha relación con el lugar. En Galicia el uso de la madera como elemento constructivo presente tanto en la envolvente como en muchos de los elementos estructurales relaciona este material directamente con la cultura edificatoria de la zona. La convivencia de este material con la estética pétrea del hormigón dentro del paisaje gallego crea una lectura que no es ajena a la tradición, es decir, establece un paralelismo perceptivo con aquello que ya forma parte del lugar. Esta estrategia conceptual es aún de mayor utilidad en este proyecto, que se planteó desde el inicio como una solución genérica adaptable a las diferentes ubicaciones previstas.
“En carpintería, el trabajador no piensa conscientemente en el peso del antebrazo hasta que un inesperado nudo oculto en la madera lo lleva a reflexionar sobre qué fuerza ejercer con el antebrazo […]. El artesano se centra en lo problemático. El hábito sale a la luz de la conciencia: la conducta ha entrado en el campo de lo explícito, un campo en el que el actor es más consciente de sí mismo. […] Para que el artesano mejore sus habilidades, tiene que producirse una ruptura, es necesario que una tormenta azote sus habilidades. Si hay algo fuera de lugar, si hay algo que no puede asimilarse al campo de lo ya conocido, la ruptura incita al carpintero […] a reflexionar sobre lo que ya sabe.” - Richard Sennett, Construir y habitar
Fotografía: Nuria Prieto
La piscina de Oleiros
La piscina de Oleiros se encuentra en la calle tras Eiras, en Santa Cristina. Fue construida en el año 2000. Se trata de un cuerpo único con dos volúmenes de doble altura. Uno de ellos alberga la piscina y otro el gimnasio. La compacidad de la pieza era clave en la definición de un elemento que pudiese adaptarse a cualquier lugar a decisión de las necesidades requeridas por el ayuntamiento. La modulación del programa permite dicha adaptación, en este caso la estructura está formada por la piscina y el gimnasio, pero entre ambos se dispone como elemento de conexión el módulo correspondiente a la cocina, cafetería y comedor. Bajo ella se colocan las salas que dan servicio al conjunto: vestuarios, aseos, sauna y botiquín. Al crear este tipo de sección, la piscina se adapta al lugar jugando con su topografía, de tal manera que esta beneficie al espacio arquitectónico y a su programa funcional. La organización se ve reforzada por la relación del espacio interior con el lugar, para ello se abren dos enormes huecos a cada lado del volumen. La posición de estos huecos respecto al espacio interior, a ras de suelo, hacen que la sensación desde el interior sea la de encontrase fuera, dentro del propio paisaje. AL mismo tiempo en la parte superior se disponen huecos que separan la cubierta del resto del volumen dotando de protagonismo a esta.
Fotografía: Nuria Prieto
La estructura del edificio es muy singular, y determina la forma del volumen percibido desde el exterior. La estructura interior está determinada por una viga curva de madera que se sostiene sobre pilares de hormigón conformando un pórtico cóncavo en su parte superior. La elección de la madera como estructura de cubierta expuesta al cloro es una solución muy eficaz, ya que este químico no deteriora la madera como si lo hace con los acabados metálicos o el hormigón visto que necesitan de un tratamiento especial y mantenimiento para garantizar su buen envejecimiento. La forma de la cubierta, como un gran canalón lleva el agua hacia una gran bajante que se oculta en la fachada. Para que dicha forma sea posible la cubierta se resuelve con zinc.
Fotografía: Nuria Prieto
Fotografía: Nuria Prieto
La fachada del edificio está formada por un revestimiento de madera de iroko, constituida por listones. Este material, resistente al clima y su alto grado de exposición al mar, busca una relación directa con la memoria naval de la ciudad, ya que desde el punto en que se ubica la piscina se puede contemplar el mar y numerosas embarcaciones. En la memoria de proyecto, se indicaba que el envejecimiento de la madera mostraría una integración directa en el paisaje, atenuándose, volviéndose grisácea. El paso del tiempo ha demostrado una buena elección de materiales y sistemas constructivos, ya que estos permanecen en buenas condiciones. La obra se ha ido mimetizando en el lugar a través del crecimiento de la vegetación, y de la incorporación de elementos pétreos de granito.
Fotografía: Nuria Prieto
Un día que termina
Un barco varado, o un barco en el astillero, es una construcción de aspecto casi escultórico. Su imagen remite a un plano de Geoffrey Unsworth, una imagen de colores equilibrados, de poco contraste y bordes difuminados, en las que la figura en primer plano genera una tensión clara con lo que se encuentra tras ella, disolviéndose. Hay obras que se parecen a estas imágenes, porque aparecen en el lugar, se anclan a él, y terminan siendo parte de él. Unn barco varado a la forma de Rabindranath Tagore, quien decía “Mi día ha terminado, soy como un barco varado en la playa al anochecer, en brazos de la danza de las mareas”. Cuando el proyecto termina, se asienta en su lugar, aquel para el que fue concebido.
