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El mar forma parte de la vida, a veces, como fuente de recursos, pero otras como un elemento evocador de una atmósfera. El mar crea emociones en forma de obras de arte, lecturas o músicas, y se convierte en una envolvente que abraza la vida. Pero no siempre es una figura evocadora, sino que a veces es objeto de miedos atávicos. Éric Tabarly desapareció el 12 de Junio de 1998, salió despedido de su barco sin que la tripulación de este fuese capaz de rescatarlo. Realista y visceral Tabarly afirmaba “Prefiero caer al agua y morir en pocos minutos, por duro que sea, que pasarme el día enredado en la línea de vida de un barco […] un hombre que cae al agua es un hombre que no pinta nada en un barco”. Su figura, casi legendaria, refleja una relación profunda con el mar. La convivencia con lo salvaje genera una relación en la que este se percibe primero como algo bello y después temible quizás, porque se llega a conocer profundamente.

En ciudades en las que el mar forma parte de su vida, dándoles forma, clima, luz y sonido este se vuelve parte del organismo urbano. Y como tal, adquiere y transmite cualidades que se perciben casi humanas, entre ellas, el miedo. El mar, para quien lo conoce, es disfrute, respeto, pero también cierto desasosiego e inquietud. En las ciudades, la convivencia con el mar es similar a la que se produce con las personas, el urbanismo se adapta al mar, pero también se protege frente a él, al fin y al cabo, es un medio salvaje.

“Completar a través de la eliminación. Abstracción de superficies. No construir, no reconstruir, espacio no construido. Crear complejidad espacial leyendo nuevos huecos abiertos en viejas superficies. Dejar que entre la luz en el espacio más allá de las superficies que se cortan. Allanamiento de morada. […] Liberación del punto de encuentro: intersección espacial donde las cosas se estratifican o se suspenden.” - Gordon Matta-Clark. Atravesar la resistencia

En A Coruña, la relación con el mar se hace especialmente notable en la zona de las playas, donde este se muestra de forma abierta y natural. A principios del siglo XX este espacio comienza a verse no solo como una zona secundaria, sino que las corrientes higienistas y sanitarias transforman su percepción en una oportunidad para crear nuevos equipamientos relacionados con la salud. La relación con el mar se fue modificando poco a poco a lo largo del siglo XX, potenciando a través del urbanismo dicha conexión. Por ello, no solo se desarrollaron actuaciones en el espacio público, sino que con el paso de los años se propusieron también equipamientos vinculados a este emplazamiento. Algunos de ellos llegaron a construirse.

La memoria de la ciudad aún muestra algunas trazas de esta nueva forma de relacionarse con el mar. El área de Riazor, especialmente la zona más próxima a las Esclavas, conserva el recuerdo de antiguas instalaciones. Durante décadas se ubicaron en esta zona edificios destinados a balneario, pero posteriormente y con la evolución de la relación con el mar se propusieron proyectos más ambiciosos como piscinas naturales. De hecho, en 1970 se construyeron unas piscinas naturales en la playa de las Esclavas que funcionaban mediante un dique de hormigón con compuertas que permitía el disfrute del mar de una manera controlada. El deterioro de la estructura provocó el declive de su uso que, debido a su mal estado terminó demoliéndose en 1989. Su construcción, sin embargo, no fue pionera conceptualmente, sino que décadas antes se había desarrollado un proyecto para la construcción de una piscina en la calle Rubine, en un área muy próxima a la playa de Riazor. Entonces, según la prensa del momento, la ciudad no contaba con ninguna instalación de este tipo.

Foto: Nuria Prieto Nuria Prieto

Felipe López Delgado

En 1934, el arquitecto madrileño Felipe López Delgado (1902-1981) desarrolló un proyecto para una piscina que se ubicaría en la calle Rubine por encargo de la sección de natación del Club Náutico. La propuesta se presenta con un calendario en el que la construcción se realizaría de manera inmediata, aunque la Guerra Civil interrumpiría muchos proyectos. El proyecto desarrollado con lenguaje racionalista tenía como eje compositivo la pieza de la piscina, en torno al cual se disponen pequeñas construcciones auxiliares como vestuarios, taquillas y espacios de descanso, solárium o bar. Pero lo más interesante, antes de considerar el lenguaje o los pormenores de su composición arquitectónica, es su integración con respecto al mar. La propuesta se ubica unos metros por encima de la cota de la playa, por lo que la relación entre proyecto y naturaleza se realiza mediante un arco que conecta ambos medios. La piscina permitiría además la contemplación del horizonte desde la línea del agua.

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La composición del edificio genera una morfología de pequeña escala y volúmenes bajos. Casi como una plataforma que se asoma al mar, la propuesta definía un complejo sobrio con lenguaje racionalista propio de la década de los años treinta. Los bloques que se situaban sobre la plataforma eran volúmenes sencillos sólo perforados por un ritmo de huecos simple y repetitivo. El arquitecto evita la simetría de forma deliberada a la manera del movimiento moderno. La propuesta se puede emparentar con otras obras racionalistas de carácter náutico como el Real Club Náutico de San Sebastián de José Manuel Aizpurúa y Joaquín Labayen (1928-1929), cuya estética sobria y muy vinculada al lenguaje del mar tiende una relación directa con su entorno. El arco que conecta el proyecto con el entorno era el único elemento decorativo que guardaba relación lingüística con algunas de las obras del entorno realizadas décadas antes.

Foto: Nuria Prieto Nuria Prieto

El arquitecto Felipe López Delgado desarrollaba su obra en lenguaje racionalista, siendo una de sus obras más destacables el Teatro Fígaro (1931), esta singular le supuso ser galardonado con la Segunda Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1932. Sus convicciones arquitectónicas le llevaron a ser miembro activo del GATEPAC (Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), a pesar de su pertenencia a este grupo, consiguió seguir desarrollando su profesión tras la posguerra, aunque modificando ligeramente su lenguaje para no ser censurado por el régimen franquista. Entre estas obras de posguerra destacan el Salón de Té Xauen, pero también el desaparecido Cine Coruña.

Cine Fígaro via Docomomo y Proyecto via COAM COAM

Cine Fígaro via Docomomo y Proyecto via COAM COAM

Frutos

La ciudad y el mar establecen una relación estrecha. No se trata de una cuestión de diálogo, sino una cuestión genética, y es que hay ciertas inercias naturales que no se pueden planificar o ejercitar sino que parte de la propia carne con la que está construido el cuerpo habitado. En Verbolario, Rodrigo Cortés, define el mar como “ancho fruto de mil angostos padres”, una lectura acertada de lo que supone el mar para el ser humano. En esa dualidad de ser elemento y al mismo tiempo parte de la vida, la arquitectura encuentra el acomodo para el ser humano construyendo el hábitat. Transformar el hábitat es natural al ser humano, temer su reacción, también. Quizás por eso la arquitectura es capaz de proponer argumentos en los que llegar a un acuerdo, aunque algunas veces no se lleguen a realizar.