El 30 de septiembre de 1906 el salón de la Reunión Recreativa e Instructiva de Artesanos de A Coruña acogía la inauguración oficial de la Real Academia Galega. En vísperas de su 120 aniversario, la institución abre hoy en su web una nueva sección para divulgar su historia de manera sintética y visual, guiada por más de medio millar de imágenes entre fotografías, documentos, páginas de publicaciones periódicas y libros que custodia.
El recorrido que irá trazando parte de la memoria del país, se abre esta semana con la entrega "Fundación. Herencia y compromiso del Rexurdimento" y avanzará cronológicamente, semana a semana, hasta llegar a finales de año a los tiempos actuales.
"A Real Academia Galega é a institución civil de ámbito galego máis antiga das creadas por iniciativa cidadá. Foi un froito serodio pero poderoso e perdurable do Rexurdimento, e nin nos momentos máis difíciles da súa longa historia, marcada pola marxinación e desatención do Estado, deixou de atender o seu compromiso inicial", apunta su presidente, Henrique Monteagudo.
En aquel tiempo de cambio de siglo, se concibió como una herramienta para la afirmación de la identidad colectiva de la sociedad gallega, el estudio de su historia y su cultura y, especialmente, para la defensa, el fomento y la ilustración de su idioma propio. Más de un siglo después, "A RAG proponse manter o seu servizo á sociedade galega e dar resposta aos novos retos formulados á nosa lingua e á nosa cultura", añade el máximo responsable de la institución, encargada del establecimiento de la norma del gallego.
Todo esto, de las luces a las sombras, de ayer a hoy, es lo que pretende mostrar la Academia en el nuevo sitio web con motivo de un aniversario que espera culminar próximamente con el regreso a su sede de la calle Tabernas de A Coruña, tras someterse el histórico edificio a una rehabilitación integral.
El recorrido que hoy comienza en la Red recuerda así los primeros compases de la Academia, que se había creado formalmente en la Casa do Consulado da Coruña un año antes de la efeméride que se celebra esta semana. Entre los documentos que se muestran figura el acta de aquella jornada de constitución del 4 de septiembre de 1905.
En ella se pueden leer los nombres de los 40 académicos de número fundadores, entre ellos su primer presidente, el historiador y periodista Manuel Murguía, y el poeta Eduardo Pondal, autor de la letra del Himno y miembro del grupo galeguista coruñés de la Cova Céltica que tanto peso tuvo en la puesta en marcha de la Academia.
Pero hablar del nacimiento de la RAG exige mencionar a otros personajes que, sin pertenecer a ella, desempeñaron un papel crucial en su gestación al otro lado del mar: el ferrolano Xosé Fontenla Leal y el poeta celanovés Manuel Curros Enríquez, principales impulsores de la Asociación Iniciadora e Protectora da Academia Galega, creada en Cuba.
La primera entrega del sitio web se detiene en esta y otras entidades protectoras de la RAG surgidas en la emigración americana y dedica sendos apartados a ambas figuras. El álbum de aquellos años se nutre de las icónicas fotografías de la última visita a Galicia (1904) del autor de Aires da miña terra —una de ellas considerada el retrato de los fundadores de la Academia— y de su multitudinario cortejo fúnebre en marzo de 1908 por las calles de A Coruña: tras la repatriación de su cuerpo desde La Habana, unas 40.000 personas acompañaron el féretro hasta el cementerio de San Amaro.
Sesión inaugural, lazos internacionales y presencia femenina
La selección documental reproduce asimismo el manuscrito del discurso que Manuel Murguía pronunció en la sesión inaugural de la RAG, que se desarrolló en el salón de fiestas de la Unión Recreativa e Instructiva de Artesanos el 30 de septiembre de 1906, la crónica de aquella velada que publicó Valentina Lago Valladares —bajo el pseudónimo Hipólita Muíño— en las páginas de la Revista Galega, o el telegrama de felicitación del filólogo sueco Göran Björkman, en el que se lee Vivat floreat natio galaico (Que viva a floreza a nación galega).
Björkman —traductor al sueco de Rosalía y otras figuras de las letras gallegas— y Lago Valladares comparten la condición de ser dos de los primeros miembros correspondientes de la Academia. El estudioso nórdico es uno de los intelectuales con los que la RAG buscó desde sus comienzos una proyección internacional que, como no podía ser de otro modo, tendió puentes especialmente con Portugal.
Estas alianzas se abordarán en otro de los episodios, "Azos de fóra", que recuerda la condición de correspondientes, también desde los inicios, de Carolina Michaëlis de Vasconcelos y otros nombres de la filología y la literatura del país hermano como Teófilo Braga, José Leite de Vasconcelos y Eugénio de Castro.
En cuanto a Lago Valladares, su perfil aparece recogido en la entrega de esta semana en el apartado "Académicas", que se repetirá en los episodios de los siguientes periodos históricos como ejercicio de visibilización de las mujeres que formaron parte de una institución que, como sucedió a menudo en las entidades de su tiempo y de su naturaleza, no se caracterizó por reconocer sus aportaciones.
Porque si bien Emilia Pardo Bazán había sido nombrada ya en 1905 presidenta de honor de la RAG por su papel en una de las iniciativas que la precedió, la Sociedad del Folklore Galego, la presencia femenina se restringió durante mucho tiempo a la categoría de correspondiente, sin derecho a voto en el pleno de la Academia.
Como tales entraron en los primeros compases de la institución, hasta el año del fallecimiento de Murguía en 1923, un total de 23 mujeres, entre ellas Fanny Garrido, Clara Corral Aller, Filomena Dato Muruais, Eugenia Osterberger o Francisca Herrera Garrido. Esta última sería en 1945 la primera mujer elegida miembro de número.
Del diccionario a la consolidación del himno y la bandera
Atención destacada merece también en el primer capítulo del espacio del 120 aniversario la información relativa al trabajo lexicográfico de la Academia. Seis años después de su inauguración, comenzó la distribución en cuadernos de su primer diccionario que, continuando la línea de otros decimonónicos, fue redactado en castellano.
Entre 1913 y 1928 se publicaron 27 fascículos que suman cerca de 12.500 voces. Esta obra incompleta terminó en la voz "cativo", ya en el periodo en el que se centra la entrega de la próxima semana, "No Ronsel das Irmandades". En ella se profundizará en el periodo comprendido entre 1924 y 1935, cuando el inesperado fallecimiento de Martínez Salazar, considerado el heredero natural de Murguía, supuso un importante revés para la Academia, agravado por la suspensión de las remesas cubanas y la dictadura de Primo de Rivera.
La progresiva parálisis en la que cayó la RAG se vio paliada en aquellos años por la labor de las Irmandades da Fala (nacidas también en A Coruña en 1916) y del Seminario de Estudos Galegos (fundado en Santiago de Compostela en 1923), iniciativas que contaron en cualquier caso con una destacada participación de distintos académicos.
Aun así, la RAG desempeñó en aquel tiempo un papel relevante en la configuración de la memoria colectiva gallega mediante homenajes y publicaciones, y contribuyó decisivamente a la definición de los símbolos del país, especialmente el himno y la bandera, que por las restricciones impuestas por las autoridades del Estado español habían comenzado a emplearse primero en las colectividades de la diáspora que en la propia Galicia.
Una grieta en las tinieblas: el Día das Letras Galegas y la superación de la diglosia
"Os anos escuros", el tercer episodio, repasará la vida de la Academia de 1936 a 1960, marcada por la Guerra Civil y los años más duros del franquismo. "Mudan as vontades" profundizará en los años siguientes hasta 1977 cuando, todavía bajo la dictadura, la RAG acuerda superar la diglosia y escribir todos sus documentos y escritos públicos en gallego (1963), adopta varios acuerdos para reclamar el uso del idioma propio en la liturgia o en la educación y aprueba sus primeras Normas ortográficas (1970).
En este periodo tiene lugar otro hito: la creación del Día das Letras Galegas, la conmemoración más importante y de mayor repercusión social de nuestra cultura. La primera celebración, coincidiendo con el centenario en 1963 de la publicación de Cantares gallegos, tuvo como protagonista a Rosalía de Castro (1837-1885).
Su estrella es la imagen central que guía el recorrido por estos 120 años de historia. Una aventura que, como expresa el lema de la RAG con respecto al idioma, Colligit, expurgat, innovat ("Recolle, escolle e innova"), parte de la mejor herencia del pueblo gallego y trabaja para su futuro.
